
“La vi al fondo de la sala, sentada, con las piernas ligeramente cruzadas, con ese traje rojo ceñido a su andrógino cuerpo, mirándome fijamente como una araña observaría a su presa justo antes de devorarla. Sonreí y entonces supe que estaba perdido para siempre.”
De Vierde Man, basada en la novela homónima de Gerard Reve y repleta en lo visual de incontables referencias a Alfred Hitchcock (¡¡cuánto deben a este genio muchos directores!!) es una obra de engranaje perfecto, tensa, de ambiente enrarecido y opresivo, inquietante, mística, onírica y sexual, repleta de mensajes secretos y ocultos en la que un segundo visionado resulta revelador y más que necesario para poder sacarle todo el jugo a la intensa historia. Esta es, sin lugar a duda alguna, el trabajo más perfecto del director (hecho reconocido incluso por sus muchísimos detractores) tanto en el terreno del guión (adaptando con solvencia un material harto complejo con ayuda de Gerard Soeteman) como en el apartado visual, donde consigue una fuerza y elegancia en cada plano difícil de superar.
La historia que se nos narra, a grandes rasgos, es la de Gerard, escritor reconocido, pretendida y supuestamente homosexual, cuya vida y convicciones sufren un inesperado giro cuando aparece en su vida una joven y misteriosa viuda de nombre Christine, con la que descubrirá un mundo de mentiras, sexo y pesadilla que cambiará su vida para siempre.
Paul Verhoeven (Holanda 1938) es un cineasta incómodo, visceral, cínico y trasgresor, con un sello sexual y violento personal e intransferible que no suele ser del agrado del público mayoritario de ahí el rechazo que sufre por gran parte de la crítica; sello al que, afortunadamente, no ha renunciado cuando ha trabajado para las Majors norteamericanas, ni cuando ha cosechado sus más sonados fracasos (una “Showgirls” difícil de visionar sin tomársela como una gran, patética y grosera broma o “Starship Troopers”, una gran película, incomprendida en su momento, de obligada recuperación en el futuro y que con el tiempo se erigirá como un merecido filme de culto).
Siempre se ha criticado de Verhoeven que, como he dicho, haya sexo y violencia en todas sus películas, aunque no creo que el problema sea el hecho de que estén presentes, sino la forma que Paul Verhoeven tiene de presentárnoslas, ya que hay directores que han basado todo su trabajo bien en el erotismo y la sexualidad (véanse los sobre valorados y casposos Jess Franco o Vicente Aranda) o bien en la violencia y la brutalidad (como Quentin Tarantino o Sam Peckinpah). Para Verhoeven el ser humano es quebradizo, rompible y está formado por carne, nervios y líquidos de diversos tipos; la violencia es eso, violencia, sin concesiones y la sexualidad es simplemente deseo lúbrico.
Como ya he comentado, la sexualidad es pura y meramente carnal, son cuerpos hambrientos y deseosos de intercambiar fluidos corporales. A Verhoeven no le interesa el romanticismo, el cortejo, ni los juegos preliminares o las palabras de amor ya que eso es demasiado personal y humano y solo compete a la intimidad de los protagonistas, lo que a él le interesa es cuando perdemos esa ternura y nos igualamos a animales en celo.
La violencia en sus películas es fea, rotunda y sucia (lejos quedan las imágenes como las de John Woo de tiroteos a cámara lenta, con ópera sonando de fondo, con saltos y movimientos acrobáticos que evitan a los protagonistas esquivar las balas). Aquí nuestra carne no se diferencia de la de ningún animal de carnicería o matadero y puede ser mancillada a placer, destrozada y desgarrada, revelando nuestra temida y temible fragilidad y donde hombres y mujeres se enfrentan entre sí, irremisiblemente, en una lucha despiadada para alcanzar su supremacía como individuo superior al otro, mostrándonos así una visión más desagradable (pero real) de la humanidad que otros compañeros de profesión.
El hombre en Verhoeven es un ser mezquino, oportunista y hasta cierto punto cobarde que, lejos de ser un héroe, reacciona tan sólo cuando se ve arrinconado como un animal en una jaula. La mujer, por el contrario, es la heroína (antiheroína en muchos casos), decidida, manipuladora, fuerte y capaz de controlar la situación por difícil que ésta pueda ser. Sea como fuere, tanto unos como otras, sufren a lo largo del metraje un cambio brusco, radical y permanente que les cambia la forma de ser, abandona su yo interior para abrazar una nueva y renovada (que no siempre mejor) personalidad (como en el caso del filme que nos ocupa, donde Gerard pasa de ser un pedante intelectual sin valores morales a un fanático y simplón adorador de la Virgen María).
“Con mis ojos borrosos por las lágrimas la vi alejarse, contoneando sus caderas, sonriendo al acercarse a aquel joven mientras se anudaba sobre su delicado cuello un pañuelo rojo.Yo ya era cosa del pasado y pronto no sería más que el doloroso recuerdo de haber sido su cuarto hombre.”
De Vierde Man, basada en la novela homónima de Gerard Reve y repleta en lo visual de incontables referencias a Alfred Hitchcock (¡¡cuánto deben a este genio muchos directores!!) es una obra de engranaje perfecto, tensa, de ambiente enrarecido y opresivo, inquietante, mística, onírica y sexual, repleta de mensajes secretos y ocultos en la que un segundo visionado resulta revelador y más que necesario para poder sacarle todo el jugo a la intensa historia. Esta es, sin lugar a duda alguna, el trabajo más perfecto del director (hecho reconocido incluso por sus muchísimos detractores) tanto en el terreno del guión (adaptando con solvencia un material harto complejo con ayuda de Gerard Soeteman) como en el apartado visual, donde consigue una fuerza y elegancia en cada plano difícil de superar.
La historia que se nos narra, a grandes rasgos, es la de Gerard, escritor reconocido, pretendida y supuestamente homosexual, cuya vida y convicciones sufren un inesperado giro cuando aparece en su vida una joven y misteriosa viuda de nombre Christine, con la que descubrirá un mundo de mentiras, sexo y pesadilla que cambiará su vida para siempre.
Paul Verhoeven (Holanda 1938) es un cineasta incómodo, visceral, cínico y trasgresor, con un sello sexual y violento personal e intransferible que no suele ser del agrado del público mayoritario de ahí el rechazo que sufre por gran parte de la crítica; sello al que, afortunadamente, no ha renunciado cuando ha trabajado para las Majors norteamericanas, ni cuando ha cosechado sus más sonados fracasos (una “Showgirls” difícil de visionar sin tomársela como una gran, patética y grosera broma o “Starship Troopers”, una gran película, incomprendida en su momento, de obligada recuperación en el futuro y que con el tiempo se erigirá como un merecido filme de culto).
Siempre se ha criticado de Verhoeven que, como he dicho, haya sexo y violencia en todas sus películas, aunque no creo que el problema sea el hecho de que estén presentes, sino la forma que Paul Verhoeven tiene de presentárnoslas, ya que hay directores que han basado todo su trabajo bien en el erotismo y la sexualidad (véanse los sobre valorados y casposos Jess Franco o Vicente Aranda) o bien en la violencia y la brutalidad (como Quentin Tarantino o Sam Peckinpah). Para Verhoeven el ser humano es quebradizo, rompible y está formado por carne, nervios y líquidos de diversos tipos; la violencia es eso, violencia, sin concesiones y la sexualidad es simplemente deseo lúbrico.
Como ya he comentado, la sexualidad es pura y meramente carnal, son cuerpos hambrientos y deseosos de intercambiar fluidos corporales. A Verhoeven no le interesa el romanticismo, el cortejo, ni los juegos preliminares o las palabras de amor ya que eso es demasiado personal y humano y solo compete a la intimidad de los protagonistas, lo que a él le interesa es cuando perdemos esa ternura y nos igualamos a animales en celo.
La violencia en sus películas es fea, rotunda y sucia (lejos quedan las imágenes como las de John Woo de tiroteos a cámara lenta, con ópera sonando de fondo, con saltos y movimientos acrobáticos que evitan a los protagonistas esquivar las balas). Aquí nuestra carne no se diferencia de la de ningún animal de carnicería o matadero y puede ser mancillada a placer, destrozada y desgarrada, revelando nuestra temida y temible fragilidad y donde hombres y mujeres se enfrentan entre sí, irremisiblemente, en una lucha despiadada para alcanzar su supremacía como individuo superior al otro, mostrándonos así una visión más desagradable (pero real) de la humanidad que otros compañeros de profesión.
El hombre en Verhoeven es un ser mezquino, oportunista y hasta cierto punto cobarde que, lejos de ser un héroe, reacciona tan sólo cuando se ve arrinconado como un animal en una jaula. La mujer, por el contrario, es la heroína (antiheroína en muchos casos), decidida, manipuladora, fuerte y capaz de controlar la situación por difícil que ésta pueda ser. Sea como fuere, tanto unos como otras, sufren a lo largo del metraje un cambio brusco, radical y permanente que les cambia la forma de ser, abandona su yo interior para abrazar una nueva y renovada (que no siempre mejor) personalidad (como en el caso del filme que nos ocupa, donde Gerard pasa de ser un pedante intelectual sin valores morales a un fanático y simplón adorador de la Virgen María).
“Con mis ojos borrosos por las lágrimas la vi alejarse, contoneando sus caderas, sonriendo al acercarse a aquel joven mientras se anudaba sobre su delicado cuello un pañuelo rojo.Yo ya era cosa del pasado y pronto no sería más que el doloroso recuerdo de haber sido su cuarto hombre.”
11 comentarios:
Lo que pude disfrutar esta película en su momento, la vi en el IMAGFIC, festival de cine fantástico de Madrid, en el 83, y como flipé, me lo pasé en grande, fue una auténtica pasada. Suscribo cada palabra. Es una película redonda.
No he visto ninguna peli de la etapa holandesa de Verhoeven (vi Los Señores del Acero, pero creo que en esa ya habia capital americano ¿no?) y nunca me ha interesado mucho. Eso si, leí el libro ese sobre Verhoeven de Taschen y molaba!
Videodromo, bienvenido. Como bien dices es una pel´ñciula fascinante. Toda una experiencia para los sentidos.
Carlos, sí que tenía dinero americano, pero te la recomiendo. Echa un ojo a alguna de sus películas que seguro te gustará su visceralidad.
Saludos
Yo lo descubrí con Robocop, quizá no sea una obra maestra pero me agradó su planteamiento futurista, la acción y todos esos fluidos desparramados por todos sitios. También fue el 'descubridor' de Rutger Hauer no?.
Saludos!
Muy bueno este post sobre "El Cuarto Hombre", una peli que no es fácil de ver por TV y que la gente la tiene olvidada. Estoy totalmente de acuerdo en que "Starship Troopers" es ya una peli de culto. A mi me parece lo mejorcito que hizo en su etapa americana, parte de esa obra es olvidable. El Verhoeven menos conocido, pero el más fresco es sin duda el de la primera época, películas como "Katie Tippel", "Soldier of Orange" y sobre todo "Turkish Deligth, son una verdadera delicia cinéfila.
Despues de rodar "El Libro negro", bastante interesante bajo mi punto de vista, al hombre parece que se le ha ido la olla un poco. Anda metido en un proyecto un tanto suicida que se basa en un libro escrito por él titulado "Jesus, the man" donde presenta a Cristo como un terrorista. El tema está tan manido que no creo que interese a nadie. En fin, eso es lo que hay.
Un saludete.
Me falta esta de la primera etapa de Verhoeven en Holanda. A ver si me la bajo y la veo, porque veo que es imperdonable no haberlo hecho aún.
Becario, has dado en el clavo con la descrición de lo que es Robocop. Y sí, Rutger fue su actor fetiche en su comienzo.
Anro, sin lugar a dudas el mejor Verhoeven es el de la primera época, luego, supongo, como el dinero era de los americanos, estos querrían controlarlo todo y no le dejaron hacer lo que realmente quería.Para mi el libro negro es una muy buena película también, y veremos que sale de esa ida de olla que es la peli de Jesús. Puede ser una obra maestra o una basura infumable, no creo que haya término medio.
Cinemagnificus, tu lo has dicho todo...
¿Sabe usted lo que ha provocado? El pasado domingo me fui a la FNAC en Madrid y pregunté pro este film, así que como bien puede imaginar me lo compré, espero verlo en breve. Y con una revisión fresca le ampliaré mi comentario, sólo le adelanto que coincido con usted que es muy Hitchcock, y que me impresionó el momento lanza y ojo
Me alegro, me alegro Videodromo, ha caido usted en la red de la Viuda Negra jejeje. A disfrutarla y ya me comentará usted.
Saludos
Verhoeven es un genio, su etapa holandesa es grandiosa y el libro negro muy buena. En EEUU acerto con Robocop y desafio total, Instinto Basico nunca me pareció para tanto.
Una película hitchcockiana, cierto, pero de un modo visceral (Hitch y el sexo explícito) y un perfecto laberinto del deseo.
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