LA CAJA DE PANDORA MAGAZINE

miércoles, 15 de julio de 2009

LA PESADILLA DE DARWIN ( DARWIN'S NIGHTMARE / HUBERT SAUPER / 2004 )


En el mundo mueren al día unas cien mil personas por inanición y hay treintaiocho paises que sufren escasez de alimentos. Veinticuatro de ellos están en Africa, el continente en el que se originó la vida. 
El hambre, equivocadamente a lo que podamos pensar, no viene originada por la falta de alimentos, sino de la inexistencia de medios para comprarlos. La industria alimenticia está pensada (contrariamente a lo que debería ser) no para alimentar a los hambrientos, sino para que las multinacionales ganen todos los beneficios que puedan (se ve que los directivos de estas empresas, ávaros, egoistas, despiadados, gordos, sebosos y que no han pasado hambre en su vida ni por dos minutos, desconocen esa ley de mercado que dice "si la producción aumenta, los precios bajan") y es que este es otro de los peligros de la globalización neoliberal, en la que la comida es otra mercancía más con la que especular y negociar.
Por suerte para nosotros, hemos tenido suerte de haber nacido donde hemos nacido y de que la divina providencia no haya deseado que nuestra semilla cayera en tierras africanas, ya que entonces estaríamos verdaderamente jodidos. Por desgracia para el continente africano y sus gentes, cada vez que alguien descubre algo de valor en sus tierras, sus habitantes sufren por ello, ya sea por corcho, caucho, petroleo, diamantes o simple pescado, como en la pelícual que nos ocupa. 
Como grandes hombres blancos inteligentes y bondadosos que somos, llegamos a un pacífico poblado, convencemos al mandamás de turno para que nos deje echar unos pececillos inofensivos a su lago, y a cambio proporcionaremos a la población trabajo y prosperidad... ¡Ja!
Digamos que ese lago es el Victoria, y que resulta que esos peces inofensivos son percas del Nilo (que a nosotros nos lo venden la mayoría de las veces como mero), devoradores voraces de todo cuanto encuentran a su paso y exterminadores de otras especies autóctonas, por lo que no tardan en acabar con el ecosistema del lago en cuestión conviertiéndose en sus únicos habitantes. En este duro, durísimo documental, vemos que nuestras “buenas intenciones” han hecho que escasee el alimento para los pescadores, que las jóvenes tanzanesas se prostituyan con los pilotos que transportan en viejos aviones de la antigua Unión Soviética el pescado a Europa por unos miseros billetes y un sinfín de enfermedades, que el único y limitado trabajo disponible sea en la cadena de producción del pescado muy mal remunerado, que los jóvenes sin hogar ni esperanza se dediquen a delinquir y a pelearse en las calles para comer lo que a nosotros no nos vale ni como desperdicio... y por si todo eso fuera poco, en nuestros viajes a recoger el pescado, llevamos en nuestros aviones un cargamento con el que animar a que los ciudadanos del continene ensalzen su animadversion mutua y programada por nosotros. Nosotros nos llevamos el alimento y a cambio les damos Kalashnikovs con los que se pueden matar entre ellos ahorrándonos a nosotros la tarea...
Cada semana, en España, consumimos unas ciento cuarenta toneladas de este pescado, y son casi dos millones de personas del mundo civilizado las que lo comen. Si ese pescado, que no es nuestro, se repartiera entre la población, se erradicaría un tercio de la hambruna. Un pescador reconvertido (antes era profesor) nos comenta el por qué de todo esto: “Es la ley de la selva, el más fuerte se queda con los recursos y está claro que los europeos son más fuertes que los africanos”
La pena es que somos todos unos hipócritas que nos lamentamos enormemente cuando vemos etas cosas por la televisión, cuando somos conscientes por un instante del horror que nos rodea, pero que lo olvidamos todo con rapidez en cuanto cambian de noticia o cuando se apaga el reproductor de dvd y nos quejamos de no tener más de lo que tenemos, que tiramos a la basura gran cantidad de comida que nos sobra y por la que algunos matarían y que nos sentimos más desdichados cuanto más conseguimos; así que por favor, háganse un favor, vean esta película y grabenla a fuego en sus mentes y si no les remuerde la conciencia cuando recuerden sus imágenes la próxima vez que salgan a cenar opíparamente a su restaurante preferido es que, y lo siento mucho por ustedes amigos míos, están ustedes muertos.

8 comentarios:

Gaby dijo...

Que fuerte eso de los peces... Da mucha rabia :(
Siempre que veo ese tipo de películas me siento demasiado mal... aunque en Latinoamérica hayan algunos problemas, de verdad que Africa es la que absorbe los golpes de todo el mundo, es muy injusto :(

Crowley (www.tengobocaynopuedogritar.blogspot.com) dijo...

Ciertamente hay muchos lugares en el mundo que lo pasan mal (demasiados) y Latinoamérica es uno de ellos, pero creo (desde la ignorancia que da el vivir lejos de esos sitios, como en España en mi caso) que la palma en cuanto a despropósitos y barbarie (lo de Ruanda no tiene ni nombre) se la lleva el mancillado continente Africano.
sALUDOS
Nos leemos

Nino Ortea dijo...

Impresionante, Crowley.
desconocía esa realidad

GUSTAVO dijo...

Ya enlace tu blog en el mio, disculpame la demora.
Nos leemos, saludos!

http://cinemaparadisouy.blogspot.com/

Crowley (www.tengobocaynopuedogritar.blogspot.com) dijo...

Muy agradecido, Gustavo, de verdad. Nos leemos.
Nino, pues yo también me quedé impresionado cuando vi el documental. Impresionante como tu has dicho... y las cosas que no sabremos!!!
Saludos

Acuarius dijo...

Muy buen comentario...

Dr. Quatermass dijo...

Hola, no soy mucho de documentales (mas por falta de tiempo porque me parece un genero muy interesante y muy dificil de hacer bien), pero estoy de acuerdo completamente en que somos todos unos hipocritas y no hacemos mas que mirar para el otro lado, en este y en tantos otros.

Saludos!

Crowley (www.tengobocaynopuedogritar.blogspot.com) dijo...

Nada que añadir Doctor.

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