
"La verdad está en la mente, no en la realidad"
George Orwell
En una sociedad como la nuestra, que tras los fatídicos ataques del 11-S es más orwelliana que nunca, la lectura de este libro no sólo es recomendable para cualquier persona inquieta mentalmente hablando, sino que debería ser de obligatorio análisis en todos los institutos y universidades de este planeta, haber si de una vez por todas despertamos de nuestro aletargamiento y nos damos cuenta de que nos llegan las noticias sesgadas, cargadas de mensajes propagandísticos y la información manipulada, con la intención de tener una población con el cerebro lavado y asustada por permanentes enemigos de la libertad (no en vano esta es la generación del miedo), controlada por políticos expertos en neolengua y doblepensar, como en el libro que nos ocupa, que no hacen más que mentir y camuflar la verdad a su antojo y re-escribir la historia, acabando así con cualquier posibilidad de libertad de pensamiento, de individualidad; y es que hoy, más que nunca, la realidad está cuestionada; Erich Fromm, en la edición de la novela de Signet Books (1961) decía algo que ilustra a la perfección esto: “El miedo y el odio hacia un posible agresor destruirán las actitudes básicas de una sociedad democrática, humanista".

Como curiosidad, y a modo introductorio, diré que la novela fue escrita en el año 1948 por George Orwell (seudónimo de Eric Arthur Blair, 19303-1950) con el pretendido título de “El último hombre de Europa” (“The last man in Europe”), pero a los editores les pareció poco comercial y decidieron cambiar el orden de los números del año en el que se encontraban y de ahí el emblemático título que ostentará esta joya literaria para toda la eternidad.
Del argumento en sí, del desarrollo de la historia en profundidad, poco se puede decir que no sepamos ya, pero podría explicarse como la eterna lucha de un individuo, Winston Smith en este caso, contra el Sistema (en este ámbito, recomendable a más no poder es “Brazil” de Terry Gilliam, que no deja de ser una adaptación libre de la novela de Orwell y que refleja a la perfección esta desigual batalla). 1984 nos traslada a un ficticio futuro distópico, que bien parece más una suerte de pasado desolador, en un Estado totalitario llamado Oceanía (hay dos más: Eurasia y Asia Oriental) fruto de la rebelión del pueblo contra el sistema capitalista. El Partido Único que gobierna dicho Estado profesa una ideología denominada INGSOC (que no deja de ser una malsana corrupción del socialismo inglés y cuyo lema es “la guerra es la paz, la libertad la esclavitud, la ignorancia es fuerza”), que ejerce un férreo control sobre una población absolutamente controlada y también estudiando el pasado, el presente y el futuro de las personas que conforman dicha población. Son personas insensibles a las que se les anula la capacidad y potestad de se eso, de ser personas libres y afectuosas, pasando a ser marionetas que se ven coaccionadas a rendir pleitesía y a amar al gran e insigne dirigente del Partido, el Gran Hermano, algo así como una divinidad hecha hombre que vigila todos los movimientos de unos ciudadanos permanentemente controlados (tanto por él como por la Policía del Pensamiento) por medio de telepantallas de doble dirección y micrófonos, con los que además de controlarlos, les pueden transmitir también informaciones sobre los triunfos del Partido; esto para los más afortunados, porque todo aquel que no pertenece al Partido se considera Prole y se ve forzado a vivir en el extrarradio, en condiciones de miseria considerables y con menos derechos que los ciudadanos (pero no son capaces de rebelarse ya que son engañados por el Gobierno, haciéndoles creer que ahora están mejor que en cualquier época pasada)... pero como en cualquier sociedad civilizada que se precie hay un grupo de personas llamada La Hermandad y liderada por Emmanuel Goldstein,que desean acabar con esta represión, intentando promover una revuelta de la Prole (que abarcan el 80% de los ciudadanos) y acabar así con el INGSOC. Si intentamos ver una similitud con otra obra de Orwell, con Rebelión en la granja concretamente, podemos elucubrar que el Gran Hermano y Goldstein podrían ser Napoleóon y Snowball o, si nos ceñimos a la realidad, podríamos aventurar que son el reflejo de Stalin y Trotski.
Junto con el Partido, coexisten cuatro Ministerios: el del Amor (Minimor en neolengua)que se ocupa de la tortura y los castigos a los enemigos del Partido evitando así las disidencias, el Ministerio de la Paz (Minipax) que se encarga de que la guerra sea permanente, el Ministerio de la Abundancia (Minidancia) que se encarga de la economía y de intentar que la sociedad esté siempre al borde de la subsistencia racionando los alimentos y el Ministerio de la Verdad (Miniver), en el que trabaja el protagonista de la novela Winston Smith, que se dedica a manipular o destruir los documentos históricos para conseguir que el pasado coincida con lo que dice el Estado. Y es que para el Estado, lo que no está escrito, lo que no está en la lengua, no puede ser pensado.
En este ambiente, todo empieza a cambiar para nuestro protagonista un buen día cuando se suceden una serie de situaciones anormales; a saber: unos extraños sueños, sensación de desagrado ante la multitud en los Dos Minutos de Odio diarios, aires de complicidad con O'Brien (otro miembro del Partido), cierto flirteo prohibido con Julia (una militante), la decisión de comenzar a escribir un diario a escondidas de las telepantallas... acontecimientos que le pueden conducir y condenar al más atroz de los castigos que una persona puede llegar a sufrir: convertirse en no-persona, aunque luchará por ser libre con la única arma que le queda y que nadie puede arrebatarle, la mente.

Orwell escribió la novela distópica definitiva (que junto a “Mundo Feliz” de Aldous Huxley y “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, conforman las tres obras maestras de lectura obligada de este género) con la que advertirnos a todos del peligro que para el suponía el estalinismo, el totalitarismo soviético y el capitalismo extremo en una obra que desprende un aire de inevitable derrota, de melancolía opresiva y de pesimismo oscuro en cada palabra, en cada letra (tal vez como fruto de la enfermedad que padecía el autor en esa época y que acabaría con su vida poco después) y que en quien esto suscribe, al leerla en la adolescencia (época pretérita y lejana en el tiempo en la que todo se magnifica sobremanera; y si no que se lo digan a mi cerebro y el impacto que le produjo la lectura de “El Retrato de Pickman” de mi adorado Lovecraft... ¡Qué final!, ¡qué final!), se le quedó un regusto en la boca como a fango y una oscura desazón en el alma que tardó muchísimo tiempo en desaparecer... Y aún hoy dudo que ese malestar e incomodidad hayan desaparecido del todo...












