LA CAJA DE PANDORA MAGAZINE

jueves, 29 de octubre de 2009

EL POSTER DE LA SEMANA: EL TERROR ANIMAL SE ESCONDE ENTRE LAS AGUAS.



Los animales han estado junto a nosotros desde siempre, de hecho ellos llegaron antes aquí que nosotros, y el cine se ha encargado de mostrarnos su parte más amable, pero también la más cruenta y terrorífica. Es en este punto donde más juego han dado (sobre todo para los aficionados al cine fantástico), sabiendo aprovechar la aversión o temor que nos pueden producir algunos de esos animales o bien inventándose terrores que no teníamos hasta ese momento; así nos encontramos, sobre todo en los 50, a insectos mutados hasta el gigantismo por culpa de la radiación atómica ("Them!", "Tarantula"), a abejas asesinas y descontroladas ("El enjambre"), a pájaros organizados para acabar con la humanidad ("Los pájaros"), perros que olvidan que son el mejor amigo del hombre ("Cujo"), monos que no olvidan que se quedaron atrás en la evolución ("Atracción diabólica")... y, por supuesto, la amenaza se oculta en la profundidad de las aguas, porque en lo más oscuro de lagos, ríos y mares, acechan bestias hambrientas de sangre dispuestas a llevarse por delante a una sugerente bañista, a un despistado pescador o a un inocente niño. A mi, a título personal, siempre me ha provocado un escalofrío pensar que si alguna vez voy en barco, este pueda naufragar y me vea flotando en medio del océano, rodeado de miles de kilómetros de oscura agua a mi alrededor y a saber qué animales pueden estar nadando bajo mis pies a la espera del momento oportuno para lanzarse sobre mi...Nadando me marcho de este post hasta la orilla, pero antes les dejo, amigos míos, unos cuantos posters de películas sobre esta temática, la de los animales que surgen del agua para dominar a las especies que pueblan la tierra.






























sábado, 24 de octubre de 2009

MOON ( O... YO, YO MISMO Y GERTY)



Los seres humanos nos pasamos la vida buscando el sentido de nuestra vida y nuestra identidad. Intentamos averigüar (casi siempre de forma infroctuosa) quienes somos realmente, qué nos motiva a levantarnos cada día y luchar por vivir un día más hasta el ocaso de nuestra existencia. Desconocemos quienes somos, de hecho vamos cambiando de forma de ser según acontecen los hechos alrededor nuestro, sucesos que van oldeando nuestro mutable carácter día sí, día también. Siempre queremos más, siempre ansiamos descubrir lo oculto que hay en nuestra alma... y cuando descubrimos quienes somos realmente por dentro, resulta que no somos capaces de aceptarlo y nos deprimimos ante lo que se erige como verdad. Esto mismo le ocurre al protagonista de nuestra película, a Sam Bell, que la verdad no le hará libre, sino que le condenará.

Sam Bell es un operario de Lunar Industries, empresa que se dedica a recolectar Helio 3 en la superficie de la Luna para emplearlo como rentable y eficaz energía ecológica. En su periplo espacial, a punto de finalizar después de 3 años de leal y monótono servicio a la multinacional para la que trabaja, ha convivido con un eficiente robot llamado Gerty que procura que a Sam no le falte de nada, llegando a conformar entre sí una verdadera e incondicional amistad entre la Inteligencia Artificial y el astronauta. Pero toda esa forzada soledad y angustiosa tranquilidad se va a ver interrumpida por un fortuito accidente y un terrible descubrimiento que condicionará su vida irremediablemente, dejando al descubierto una verdad tan aterradora como desesperante para él.

Duncan Jones consigue lo que muy pocos han logrado en su ópera prima; normalmente un director novel, en su debut, trata de lograr la cuadratura del círculo fílmico, llenando la pantalla de artificios y complejidades para demostrar todos sus conocimientos y que por contra, algunas veces, lastran el resultado final de su obra, pero él ha conseguido un largometraje exquisito, intimista, minimalista, esterlizado, frío como el espacio y sobrio, sin grandes alardes de espectacularidad gratuita y proponiéndose (y logrando) romper los moldes de lo que se entiende hoy día por una película de ciencia-ficción.
Si uno piensa en un film de ciencia-ficción enseguida le vienen a la mente naves espaciales persiguiéndose por el hiperespacio, tripuladas por seres imposibles de otras dimensiones y con efectos digitales a millares en cada fotograma, pero aquí no hay nada de eso, no señores, Duncan Jones se ha retrotraído a los años 70 (principalmente) y se ha empapado de trabajos como "Solaris", "Atmósfera Cero", "Naves Misteriosas", "El Resplandor", "2001, Odisea del espacio" o los videos de robots del prestigioso Crhis Cunnigham para tomar el elemnento ficcional de manera científica y explorando sus consecuencias, para transformar la supuesta odisea espacial en una odisea interior y personal, haciendo primar al individuo sobre el envoltorio que lo rodea y dejando al descubiertola deshumanización que produce la tecnología y la insignificancia del ser humano frente a la complejidad del Universo (como por ejemplo en esa escena, hacia el final, en la que Sam comunica por última vez con su familia y se ve su pequeño transporte con su añorada Tierra como fondo).
Con el descubrimiento de Sam (ese plano en el que se ven cientos de contenedores me recordó inmediatamente a cierta escena casi final de "The Prestige" o "El truco final") queda patente que Gerty (fiel hasta las últimas consecuencias), finalmente, resulta ser el más humano de la base Sarang.


Antes de dar por finalizado este post lunar, cabe mencionar la grandiosa labor de Sam Rockwell, un actor a reivindicar y que se merece absolutamente el Oscar a la mejor interpretación por este papel de un astronauta en los límites de la locura más absoluta (y que tiene una capacidad asombrosa para interpretar papeles de personas reales y cotidianas). A destacar también la magistral y preciosa banda sonora compuesta de Clint Mansell (que a mi me ganó desde que escuche su trabajo para "Requiem por un sueño") y la labor de efectos especiales, que a pesar de estar hecho casi todo con maquetas a escala, no desentonan para nada y parecen mucho más reales que algunas naves y decorados creados con las últimas técnicas digitales.
Si este director sigue así en su carrera, muy pronto muchos se olvidarán de que es hijo de quien es y le (re)conoceran por ser quien es y lo que hace, porque nos ha regalado aquí un film atípico, pero necesario, que nos aleja de la palomitera visión de videojuego de la gran mayoría de las películas de la ciencia-ficción moderna.

Y es en el punto del descubrimiento de la verdad, el de la definición de la personalidad y humanidad de Sam, en el que me asalta a mi una duda: si Sam conoce lo que conoce por conocimientos adquiridos, si nunca ha estado en ese Hawai (sitio al que comenta que desea ir cuando regrese a casa) pero lo conoce a la perfección, ¿qué le diferencia de mi o de alguno de ustedes, queridos lectores?; yo, por mi parte, nunca he estado allí, pero conozco casi con exactitud como son sus playas, como es su cultura o incluso cual es la comida típica, e igual puedo extrapolar esto a cualquier otra ciudad del planeta o a pasajes de la historia que conozco como si hubiera estado allí.
¿Somos entonces todos nosotros Sam Bell y no lo sabemos aún?. Yo creo que no, pero le preguntaré a mi Gerty particular para ver que opina.

martes, 20 de octubre de 2009

La frase del día (CARRETERA PERDIDA DE DAVID LYNCH)



Este fin de semana, revisionando "Lost Highway" para escribir un artículo para la revista "Caltiki" (gracias, Andrés), me he vuelto a encontrar con uno de los, por lo menos para mi, diálogos más surrealistas, interesantes y rompedores de todos los tiempos. Una porción de película, una de las mejores de David Lynch, que destila genialidad en cada fotograma y que encierra en ese poco tiempo toda la esencia del cine de Lynch. En él, nos encontramos en una fiesta, en la que vemos a Fred y a su esposa Renee. Fred, un poco receloso de la actitud de su mujer y encontrándose fuera de lugar, decide irse hasta la barra para tomar una copa. Es en ese momento en el que se queda mirando a un extraño personaje que hace acto de aparición en escena; un hombre de negro, con la cara blanquecina, sin cejas y con la mirada penetrante e inquietante (que no es sino producto de su mente, la sombra que nace de sus celos y que es la posibilidad de acabar con ellos) y es entonces cuando la música desaparece, el hombre se acerca a Fred y...

-Hombre: "Nos conocemos, ¿verdad?"
-Fred: "Yo diría que no. ¿Dónde cree usted que nos conocimos?"
-Hombre: "En tu casa... ¿no te acuerdas?"
-Fred: "No. No lo recuerdo... ¿está seguro?"
-Hombre: "Por supuesto. Es más, de hecho, ahora mismo estoy allí."
-Fred: "¿Qué quiere decir?. ¿Dónde está ahora?"
-Hombre: "En...tu...casa"
-Fred: "Eso es una gilipollez"
-Hombre (sacando un teléfono móvil de su bolsillo y entregándoselo a Fred) : "Llámame. Marca tu número. Adelante"
-Fred (con el teléfono en la oreja escucha como suenan los tonos del teléfono hasta que los descuelgan)
-Hombre (desde el otro lado del teléfono): "Ya te dije que estaba aquí"
-Fred: "¿Cómo lo ha hecho?"
-Hombre: "Pregúntamelo"
-Fred (hablando por el teléfono): "¿Cómo ha entrado en mi casa?"
-Hombre (desde el teléfono): "Tu me invitaste. No tengo por costumbre ir allí donde no me llaman".
-Fred: "¿Quién es usted?"
-Hombre (por teléfono y en persona, sonando a la vez): "Mmmmm...mmmmhahahahahahahahaha. Devuélveme mi teléfono"
-Fred, aturdido, le devuelve el móvil.
-Hombre: "Ha sido un placer hablar contigo".
El hombre se da la vuelta y se pierde entre la gente. La música vuelve a sonar.


sábado, 17 de octubre de 2009

SUEÑOS PERDIDOS (TERCERA PARTE)


Tercera parte.


A unos 853 kilómetros de Ciudad de Sidonia. 16 años antes de La Plaga.

Cuando era niño, tan diminuto y frágil como pueda serlo la primera raíz de una diminuta flor, una de las cosas que más me gustaban era el momento justo después del baño especial de los sábados por la tarde; el gratificante instante en el que el tórrido aire del secador de pelo azotaba mi cara rompiendo la frescura anteriormente conseguida. Siempre recordaré aquel artefacto de plástico rojo y blanco relleno de cables, resistencias y ventiladores, que me aislaba de todo cuanto me rodeaba, y me transportaba a un lugar seguro.
Mi traicionera madre siempre ejercía, en un minúsculo trastero tan marginado del resto de la casa como lo estaba yo, ese ritual del mismo modo, meticulosamente calculado, enfermizamente idéntico en cada ocasión, agitando arriba y abajo ese abanico eléctrico, acercándolo y alejándolo de mí y consiguiendo, sin proponérselo, que con el contraste de temperatura mi piel se estremeciese en un delicioso escalofrío que recorría toda mi espalda, erizando todos y cada uno de los cortos y escasos vellos que conformaban la suave pelusilla, como de piel de melocotón, que recubría mi blanca piel.
Algunas veces, odiadas hasta más no poder, era mi progenitora la que, para apremiar, arrancaba la humedad de mi cabellera de una forma tan brusca como poco agradecida y deseé mil veces por cada ocasión que, mi secador, se rebelase contra ella y le mordiera con su boca electrificada. Pero nunca ocurrió, así que mientras ella procedía y reiteraba su rudeza, yo hacía descender lenta y pausadamente mis párpados, sumiendo a mis miopes ojos en una voluntaria y necesaria oscuridad para, entretanto, entonar mentalmente melodías de programas infantiles de la época, consiguiendo así no escucharla y no dejar que penetraran en mi cabeza las sucias y distorsionadas voces que salían de su sucia boca, palabras con las que pretendía comprar mi cariño, alienar mi débil percepción y enseñarme cuán ruin era mi padre. Pero las melodías resonaban en mi cráneo amplificadas, troncando así las malsanas letanías de aquella victimista mujer cuya máxima aspiración en la vida, reconocido por ella misma en reiteradas ocasiones, hubiese sido padecer lo indecible para haberse transformado en una más de sus veneradas y beatas Santas.
En esos días en los que mi madre violaba la tranquilidad de mi liturgia post- baño, en los que se entrometía en mi paraíso particular, imaginaba con todo lujo de detalles que ese caluroso aire que me azotaba insistentemente no era sino el mismísimo aliento del diablo, que situando su ceniciento rostro a escasos milímetros del mío, esperaba a que abriese los ojos para asustarme, asirme por las antenas y llevarme consigo a su reino, lugar al que me debería ver desterrado por mis pecados de niño no deseado, por haber irrumpido en un hogar que podía prescindir totalmente de mí... Pero, a pesar de estar tentado a hacerlo, nunca abrí los ojos, fui un cobarde y preferí quedarme en el Infierno en el que ya me hallaba...

Ciudad de Sidonia. Azotea del edificio Kubic. Hoy.

... Es curioso cómo, algunas veces, sin causa aparente, nos acordamos de circunstancias inimaginables. Yo ahora, sin ir más lejos y a modo de ejemplo, ignoro el motivo por el que me viene a la mente una imagen que creía inexistente en mi vida, perdida para siempre en el álbum de fotos del olvido. Rememoro, muy a mi pesar y no sin cierto dolor y amargura, el momento en el que mi figura paterna (figura autócrata que sólo supo darle amor a su otro hijo) despedazó un dibujo que le regalé, a modo de tarjeta de bienvenida para nuestro encuentro tras un año sin vernos por necesidades de la mina en la que le explotaban; rompiendo días de garabatos descartados e ilusiones de colorines en cientos de fragmentos que volaron a cámara lenta sobre mi niñez robada, como en un multicolor remolino que absorbía mi existencia con cada giro... y mientras esos cuerpecitos de celulosa con trajes de pintura de cera desfilaban en una ceremoniosa marcha fúnebre, algo dentro de mí se quebró y dejó de funcionar para siempre.
Tal vez recuerde ese baladí fragmento de vida porque en realidad mi existencia no ha sido más que eso desde entonces, una multitud de piezas resquebrajadas volando alrededor de un mundo que no he llegado a comprender ni éste a comprenderme a mi.
Aquella fecha de reencuentros que tantas veces había soñado en mi mente de forma más satisfactoria me sentí tan solo en el Cosmos de la tristeza, que se me heló la vida.
Me creí tan desamparado que dejé de existir.
Y así sigo, sólo y desdibujado, como un borrón mal esbozado, como el que sale con el cuerpo sin cabeza en una foto de grupo.

Continuará...

miércoles, 14 de octubre de 2009

LOS CRONOCRIMENES (O CUALQUIER TIEMPO PASADO PUDO SER MEJOR PARA HECTOR 1)


"Este era su regalo para ellos, el pueblo, su país. Había depositado sobre el mundo una carga maravillosa. El terrible y fatigoso milagro de la vida eterna"
(Philip K. Dick en el relato "Algo para nosotros Temponautas")

De siempre me ha fascinado la idea de los viajes a través y en el tiempo y las paradojas en el mismo que éstas puedan ocasionar al inetrferir en él, ya sean abiertas (como sería aquella en la que uno viaja al pasado para asesinar a uno de sus antecesores imposibilitando así su propio nacimiento y por ende el asesinato que ha cometido y ha originado su no exitencia actual) o cerradas (más complejas que las anteriores si cabe y en las que el suceso o información circula cíclicamente sin saber bien por qué se originó ni por quien); de hecho, uno de los libros que más gastados tengo, y del que algún día daré buena cuenta en este blog, es una recopilación de Peter Haining y Miquel Barceló sobre relatos de dicha temática llamado "Cronopaisajes", así que cuando vi por primera vez "Los Cronocrímenes", no cupe en mi de gozo y es que con cada nuevo visionado (y ya van unos cuantos y en cada uno descubro nuevos matices) las incognitas que se nos despejan son muchas, las piezas encajan a la perfección, pero las que se nos crean nuevas son otras tantas... y es que nunca sabremos si Héctor, nuestro pobre protagonista, viaja en el tiempo para tratar de evitar que suceda todo cuanto sucede o si bien eso sucede porque el ha viajado en el tiempo, lo cual no hace sino más interesante aún si cabe el film en cuestión, o bien, por el contrario, al intentar poner remedio a todo, lo único que ha conseguido es empeorar más aún las cosas y verse inmerso en un "anillo o banda de Moebius o Möbius" para, tal vez, toda la eternidad.

Nacho Vigalondo consigue con esta, su brillante ópera prima, un deslumbrante debut (para mi éste, el de Balagueró y el de Fresnadillo han sido de lo mejor del cine patrio en años) en el complejo y complicado mundo del largometraje; "Los Cronocrímenes" se erige por méritos propios como un gran trabajo de ciencia-ficción hispana, con mad-doctor incluído, en un "hype" inteligente, original y calculado en el que todas las piezas encajan a la perfección y que nos hace albergar grandes esperanzas de que este director nos ofrezca otras buenas películas en tiempos, esperemos, no muy lejanos. El film es sencillo en cuanto a la forma de estar rodada, limpio, hecho con mucho amor y refleja los viajes en el tiempo con tal veracidad, sin alardes de intelectualismo pedante, que la hace creíble y honesta (en cierta medida me recordó a la interesante "Primer" de Shane Carruth, que también trata del tema de la máquina del tiempo y sus consecuencias con realismo), ya que a pesar de sus limitaciones técnicas y presupuestarias, es tal la entrega del equipo que la conforma, que uno sólo puede ver virtudes y aciertos en ella.

Es este un film que ya creaba interés entre el fandom mucho antes de que se estrenara en las salas comerciales de nuestro país, premiado y loado hasta la saciedad en numerosos festivales del extranjero (¡qué triste que, como casi siempre, uno tenga que triunfar fuera de las fronteras de su país para ser reconocido en el mismo!) y que ha sido alabada unánimamente por gran parte de la crítica y del público en general (e incluso está pendiente un remake para el cine USA con Tom Cruise, que por cierto, eso de los remakes que hacen los norteamericanos es algo que jamás entederé, una de dos, o bien al ver una película que no cuente con actores suyos les vaya a entrar un escozor de ojos tal que estos se les derretieran, o bien que al ver un film con actores desconocidos para ellos y que no tengan apariencia de neoyorquinos progres y cool, se dediquen en lugar de a desenmarañar el argumento de la historia, a averiguar con ahínco el país de origen de tan exótico y salvaje personaje, llegando a comprender, tal vez con fatalidad, que hay más mundo fuera de sus fronteras; es que es como si nos dedicáramos a hacer un remake de "Gran Torino", por ejemplo, con Alfredo Landa como protagonista, con todos mis respetos para él, con Ozores, Esteso y demás como vecinos de un conflicitivo barrio del extrarradio de Madrid y los niñatos de "Física o Química" como pandilleros,para que así nuestro público se sienta más identificado con la historia, y en lugar de su título original, la rebautizaramos como "Gran Seat Seiscientos"...¡Demencial!). Pero vayamos a lo que nos compete, que me despisto...

La historia (y no puedo evitar incluir spoilers en este párrafo), el juego, que Vigalondo nos propone comienza con un matrimonio en su casa del campo. Ella se marcha a comprar y él decide quedarse sentado en el jardín, prismáticos en mano, observando a una joven que se desnuda entre la maleza. Con cierto horror contempla cómo esta es asesinada por un ser misterioso que lleva la cabeza envuelta en una gasa de color rosa. No sin cierto halo de morbo, acude al lugar en el que ha visto a la chica, donde es atacado por la extraña figura. Con terror, huye despavorido entre los árboles, encontrando como único lugar para refugiarse una institución, con pintas de laboratorio científico, donde está trabajando un doctor. Este le indica, como único lugar posible para esconderse de quien le persigue, un extraño artefacto que resulta ser una máquina del tiempo que le llevará unas horas atrás, por lo que decide poner remedio a la muerte de la joven y no verse así metido en ese lío... y así dará comienzo una sucesión de situaciones en las que veremos que es imposible cambiar las cosas y que siempre cometeremos errores que nos llevarán, irremediablemente, hacia el mismo punto final que ya había ocurrido. Porque una duda nos asaltará al final de la película y es ¿cuándo empezó todo ese bucle temporal?, ¿cuál fue el momento exacto en el que Héctor se vió inmerso en esta locura?. ¿Héctor no salva a la chica porque es imposible salvarla o es imposible salvarla porque en un principio ya no pudo hacerlo?. Vigalondo se aleja del consabido causa-efecto múltiple para encerrar todo ello en la persona de Héctor ya que él es causa y efecto al mismo tiempo, no hay un desencadenante determinado para lo que ocurre (y si lo hay es desconocido para el protagonista y por obligación para nosotros), Nacho deja de lado que los saltos en el tiempo creen unviersos paralelos, sino que nos da una historia lineal, donde todo ocurre en la misma dimensión, sin baches, donde todo sucede del único modo posible en que puede suceder y Héctor se limita a cumplir lo que el ciego destino le tiene predeterminado.
En definitiva, un recomendable film de ciencia-ficción hispana, interesante, estimulante, valiente, original, con un guión sólido y bien pensado en el que todo encaja y que nos hará (re)plantearnos más de una pregunta cuando las luces de la sala de cine vuelvan a encenderse, que sobresale por encima de la media de entre todas las películas que conforman el desolador cine español; lo cual, en los parámetros en los que nos movemos, ya es mucho. Ahora solo nos queda rezar porque alguien le de más dinero para su próxima película, ¿por que se imaginan lo que sería capaza de hacer el Sr. Vigalondo con cuatro o cinco veces más del presupuesto que tuvo para "Los Cronocrímenes"?... Sin duda, maravillas que nos harán deleitarnos.

Este artículo ha sido escrito por Crowley 2, que Crowley 1 ha estado unos días ausente y como a Crowley 3 no le apetecía hacer nada, Crowley 4 viajó en el tiempo unos meses atrás para dictarle al oído a Crowley 2 esta reseña que se escribió con el portatil de Crowley 5. Pero... ¿Crowley 2 ha escrito esta reseña porque Crowley 5 ha viajado en el tiempo a dictársela o Crowley 5 ha viajado en el tiempo porque Crowley 2 escribió esta reseña en el pasado?

"Yo sé de donde vengo yo...¿pero de donde habéis salido todos vosotros, zombies?"
(Robert A. Heinlein en el relato "Todos vosotros Zombies")

sábado, 10 de octubre de 2009

TOP 5 DE PELICULAS DESMITIFICADORAS DEL "AMERICAN WAY OF LIFE"


Siguiendo al hilo de la reseña anterior, me he decidido a realizar un "Top 5" sobre films que se dediquen a acabar con ese mal sueño del pueblo Norteamericano denominado "American Way of life", donde todo es como en las teleseries de los años 50, todos los vecinos se llevan bien y se juntan para barbacoas amigables, los matrimonios son fieles y respetuosos y los hijos obedientes, serviles y nunca llegan a casa más tarde de las doce, los jefes son amables con sus leales empleados, el mecánico siempre nos recibe con una sonrisa amable, el honor de la nación está en la mente de todos, el camarero sabe nuestro nombre y cómo nos gusta el café... ¡Mentira!. Su sociedad es tan degenerada y está tan podrida como cualquier otra, y sus vidas no son más que una gran mentira que han tejido alrededor de la pantalla de sus televisiones y su cultura del miedo.
Lo cierto es que se han quedado fuera algunas fundamentales (y cada vez hay más, ya que muchos cineastas modernos plasman con mayor asuididad su desencanto en al gran pantalla), pero como yo mismo me he autoimpuesto que sean tan solo 5 desde el comienzo de este blog, pues ahí va mi personal lista (por orden cronológico):

Happiness de Tod Solondz (1998)
Ver el post anterior para más información.

American Beauty de Sam Mendes (1999).
Esta fue la película que abrió la Caja de Pandora (no la primera pero sí la más exitosa) y nos mostró que algo huele a podrido en Norteaméria (y no en Dinamarca). Un ejercicio bello e hipnótico de tragicomedia sobre la clase media estadounidense, sus complejos ocultos y sus aspiraciones inalcanzables, que encumbró a su director a lo más alto (gracias en gran medida a un inmejorable Kevin Spacey) y que es su mejor trabajo hasta la fecha. Mendes se encarga de hacer tambalear ácidamente los pilares sobre los que los protagonistas (la gente en general) sostiene su vida y sus ideales a través de esta cruel sátira de miedo, inseguridades y soledad en un típico barrio cualquiera (barrio en el que bien podría haberse desarrollado la estupenda e hipnótica "Terciopelo Azul")



Elephant de Gus Van Sant (2003).
Una inteligente a la par que brillante reconstrucción de la famosa matanza de Columbine, de la mano de uno de los directores más interesantes y sugerentes de los últimos tiempos. Una historia fría en formato (casi)documental que se erige en un experimento fílmico seco y sin concesiones para un espectador que no puede sino rendirse ante la belleza de la barbarie que se está gestando delante de él y que tendrá como brazo ejecutor a una sociedad de jovenes apáticos, faltos de emociones y atrapados en la rutina.



Capturing the Friedmans de Andrew Jarecki (2003).
Contundente documental que gira en torno a una pregunta: ¿acaso importa la verdad?, y sobre todo, ¿qué verdad?. Un testimonio auotobiográfico (la mayoría del metraje pertence a la propia familia sobre la que trata la película) en el que la intimidad deja de serlo y se convierte en un espectáculo público en el que mostrar las discusiones, secretos, ilusiones y pesadillas de una familia cualquiera y su lento y tormentoso camino hacia la destrucción como conjunto familiar supuestamente normal sobre el que vuela la sombra de la duda de la culpabilidad o no en casos de pederastia encubierta. Autosugestión, manipulación de los términos de la verdad y justicia ciega se dan cita en este documental de obligada visión.



Jesus Camp, de Heidi Ewing y Rachel Grady (2006).
Jesús ha vuelto a renacer, y lo ha hecho en Estados Unidos. Miedo y pavor le entra a uno en el cuerpo cuando ve el futuro de ese país y a los (hoy jóvenes, mañána adultos) que gobernarán y dirigirán ese país el día de mañana. A un margen queda que uno sea o no creyente, lo que aquí se analiza es la manera en la que se le puede lavar el cerebro a unos niños con fines político-religiosos (si es que la religión es capaz de vivir alejada de la política, que yo lo dudo). Un documental que te llena de horror (inolvidable la escena de ese niño que llora como un descosido porque dice no ver a Jesús cuando todos sus compañeros aseguran sí hacerlo). Una hipocresía más al descubierto de la abominable administración Bush (que se queja de los fundamentalistas islámicos y crea aquí a los suyos propios) que predica amor y solo engendra violencia. Puro cine de terror.



Nos leemos en unos días, queridos discípulos, que me marcho a un pueblecito encantador del que me han hablado en el que los árboles son rosas, la gente es amigable, nunca llueve y los alfeizares de las ventanas están llenos de tartas de manzana enfriándose...

martes, 6 de octubre de 2009

HAPPINESS ( O, NUNCA LA FELICIDAD FUE TAN AGRIA)


"¡Yo soy el champán y tu eres la mierda!"
(Andy a Joy en Happiness)

La vida es una mierda.
O al menos eso es lo que Solondz nos hace sentir cuando acabamos de ver una película suya.

Tod Solondz no es un director fácil de digerir, de hecho es bastante incómodo, bizarro y feo de visionar (Salvando las distancias, me recuerda muchísimo al genial autor de comics patrio Paco Alcazar); tal vez sea por el hecho de que es capaz de escarbar en la superficie de las cosas, rebuscar dentro de ellas con su mirada ácida y nada indulgente y encontrar la podredumbre que guardan en su interior, las deformidades de nuestras almas en un cruento ejercicio de expresión detallado e hiperbólico de la realidad; realidad que nos negamos a ver y a reconocer con tal de que nuestra feliz vida e idea de las cosas no se vea enturbiada o mancillada y todo siga tal y como nos dice la publicidad que ha de ser.
Personajes cotidianos y patéticos, fatales secretos, perdedores irremediables, enfermos de sociedad, apariencias falsas, perturbados sexuales, eogistas, asesinos en potencia, ridículos y malsanos sentimientos, mal gusto, humor negrísimo del que nos deberíamos avergonzar de reirnos con, suicidios fingidos... estas son las formas y figuras recurrentes en sus historias, en su ficcional plasmación de nuestras vidas, en una coctelera de celuloide donde se mezclan el dramatismo más cruento y exagerado y la comedia más bufa y soez en lo que se convierte en un ataque terrorista contra la falsedad de la doble moral impèrnate en la amable sociedad americana, su establishment moral y su concepto de familia (que la acción se desarrolla en New Jersey, pero bien podría haberse dado en cualquier localización del planeta, ya que es una película con temas y situaciones universales que no entienden de clases sociales ni de colores de la piel).


Cuando uno ve Happiness (tercera película del director, premiada en diferentes certámenes y festivales y sin duda la que será la mejor de toda su carrera), que hay que verla y a ser posible en V.O.(ya que con el doblaje se pierden ciertos detalles necesarios), ya no hay vuelta atrás posible, porque se queda latente en nuestra cabeza, volviendo a nuestros recuerdos una y otra vez, como una comida difícil de digerir, asaltándonos, atormentándonos y haciéndonos ser peores personas de lo que ya somos.
Sólo con ver el principio de este remedo salvaje de "Vidas cruzads" de Altman, esa "romántica" (romanticismo made in Todd, claro está) escena de apertura desarrollada en un restaurante entre los personajes Andy y Joy, ya podemos hacernos una idea de lo que nos espera durante todo el metraje. Joy (supuesta protagonista de la película, soltera treintañera, frágil y delicada, solitaria, confundida y desgraciada en el terreno afectivo) es humillada en el restaurante a la vista de todo el mundo (con dos hermanas, que la aborrecen), pero es que en la primera media hora de película es abandonada, insultada, acosada sexualmente por teléfono, ignorada por sus hermanas, saqueada por un alumno con el que previamente se había acostado...
Y es que los personajes de Todd Solondz no pueden evitar ser unos perdedores a los que nada les sale bien y por mucho que se empeñen en su búsqueda de la felicidad propia (que no colectiva y siempre), fracasarán estrepitosamente en cada intento, golpeándose una y otra vez contra el muro de la cruda realidad y viéndose relegados a su patética soledad.
Mención especial merece el papel de Bill Mapplewood, que interpreta a Dylan Baker, un padre pedófilo, que con su brillante interpretación (es imposible no sentir aversión por él cuando trata de drogar con un sandwich a dos amigos de su hijo, o cuando deambula con el coche por las calles en busca de casas en las que haya niños solos) consiguió una más que merecida nominación al premio Oscar. Un padre aparentemente ejemplar con una esposa tipicamente "perfecta" (Trish) que en realidad es mezquina, prepotente, cruel y que vive feliz en su ignorancia fingida que presume de su irreal existencia creyendo tenerlo todo y despreciando a los demás por ello.

Y a pesar del Happy End (el más curioso, desagradable y rompedor que servidor haya podido ver), uno no puede evitar sentirse mal y uno no puede desechar de su mente la idea de seguir llamando a esa vecina odiosa sabelotodo para continuar insultándola desde el otro lado del teléfono.
Así es Solondz y así nos hace ser.
Unos malditos cabrones.

"Hay muchas cosas de la gente de bien que me horrorizan, y no precisamente el mal que llevan dentro"
F. Nietzsche.


sábado, 3 de octubre de 2009

LOS GENOCIDAS (O ME PARECE A MI QUE A ESTAS PLANTAS SE LES HAS ECHADO MUCHO ABONO)


Si algún día nos vemos inmersos en una invasión alienígena que nos conduzca al Apocalipsis como sociedad civilizada, será tal y como Thomas M. Disch describe en esta novela fundamental. Sin duda alguna, porque lo que aquí se describe es la realidad del principio de una involución y el fin de una especie dominante. La nuestra.

Thomas M. Disch es uno de los autores más irreverentes, deconocidos y geniales del siglo pasado. Un autor contranatura en el curioso mundo de la ciencia-ficción americana, que no se deja llevar por la modas y corrientes imperantes del momento, que aún cuando ha sido obligado por sus editores a cambiar de terreno y escribir novelas de terror, ha dejado en esos libros forzados su impronta y sello característico de crudeza, descaro, calidad y genialidad.

"Los genocidas" es su primera obra, ouna pieza clásica, imprescindible y única, más desconocida de lo que debería ser, de la ciencia ficción en general y de la temática de invasión alienígena en particular aunque desde un punto de vista novedoso y rompedor, que se aleja voluntaria y acertadamente de "La guerra de los mundos" de H. G. Wells e incluso de "El día de los trífidos" de John Wyndham, con quien sí guarda alguna leve similitud o "La Tierra permanece" de Isherwood Williams. En esta peculiar historia, en la que a pesar de tratar el tema de la invasión curiosamente no vemos a ningún extraterrestre, sino que somos testigos de los momentos (semanas, meses, años) previos a su llegada, con una avanzadilla en forma de ecosistema que se asienta y transforma nuestro planeta en el suyo propio, eliminando lo que no les gusta y dejando un ambiente propicio para su feliz asentamiento (tal vez su planeta esté muriendo o hayan sido expulsado por una guerra y estén buscando uno nuevo. Nunca lo sabremos), enrareciendo el aire, alterando el clima, acabando con nuestros animales, quitándonos el agua y convirtiendo a las ciudades en lejanos recuerdos; en definitiva, haciendo con nosotros lo que estamos a acostumbrados a hacer con nuestro entorno sin tan siquiera inmutarnos o pensar en sus consecuencias, destruirlo y acomodarlo a nuestras necesidades.

Y así todo comienza con millares de esporas de plantas desconocidas para nosotros cayendo sobre nuestros suelos (otra vez aparece en escena "La invasión de los ultracuerpos del espacio exterior"), haciendo que germinen en el suelo multitud de plantas que arrasan cuanto encuentran, creciendo centenares de metros de altura, desarrollando gigantescas y durísimas raíces que se entrelazan entre sí y se vuelven indestructibles, ocultando casi la luz del sol a los pequeños y escasos grupos humanos que tratan de resistir cuanto les es posible. Uno de esos grupos autosuficientes asentado en Minnesota es el liderado ferreamente por Anderson, el típico sureño que actua tanto de duro patriarca como de falso guía espiritual y religioso, que Disch describe de forma tan magistral que uno no puede evitar sentir rechazo por él y el no lograr empatizar con uno de nuestros semejantes, hace que nos sintamos aún peor. Hasta que llegue el momento en el que la realidad sea tan aplastante que Anderson ya no vea salida posible, conoceremos a Buddy (inteligente y perservaerante) y Neil (fuerte, torpe y ruín), sus hijos que están permanentemente enfrentados y luchando por el amor de Greta y Maryann y la admiración imparcial de su padre y su estoica e inutil lucha contra desconocidos invasores, sus gigantescas plantas y contra sus exterminadores, los incineradores (uno de los mayores logros de la historia de la ciencia ficción apocalíptica). En este contexto, el ser humano vuelve a demostrar de lo que es capaz cuando se ve acorralado, sacando lo peor de sí mismo, llevando la violencia hasta límites insospechados y viéndose incapacitado para resolver el conflicto, ha de ser condenado a la involución de especie que tantos milenios nos ha costado conseguir.

Una obra triste, lapidaria, cruda, creíble, que golpea al lector en toda la cara con cada frase (como no podía ser de otra manera) y nos muestra la dura batalla entre dos especies (de las que la nuestra tiene todas las de perder) por un mismo territorio y que cuenta con una de las frases finales más demoledoras (y coherentes) de toda la historia de la literatura fantástica (sólo superada por el glorioso final de "1984"). He aquí, en definitiva, un libro único, un rara avis de un autor poco complaciente con el mainstream y que flota solitario, a la deriva, en un mar de letras que le tienen miedo.

Y ahora les dejo un momento que voy a cortar el césped de mi jardín, que está ya un poquito más largo de lo que acostumbra a estar y al observarlo de reojo, miren ustedes que tontería, me ha entrado un ligero escalofrío por la espalda que no se yo...

                                                            "Pero el hombre no"
                                             (Thomas M. Dishc en "Los genocidas")


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