LA CAJA DE PANDORA MAGAZINE

lunes, 28 de diciembre de 2009

Estudio Michael Haneke (4): 71 fragmentos de una cronología del azar (o azares, destinos y bancos)


"Hasta que no me muera, nadie puede garantizar que me conoce... Solo gracias a la muerte nuestra vida sirve para explicarnos"
(Pier Paolo Pasolini)

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Inevitablemente, ante un título como el que nos propone Haneke, hemos de hablar, aunque sea brevemente, de los conceptos azar y destino.
Si hablamos de destino (el Señor de los viejos dioses griegos), podemos concluir que no es aquello que te va a suceder, sino que es aquello que sabemos que ocurrirá (como al protagonista de la novela de Alfred Bester "Las estrellas, mi destino", que no cejará en su empeño de llevar a cabo la venganza que mueve su vida).
Ya desde tiempos antiguos, desde los estoicos, se creía que a partir de la racionalidad del logos se podía deducir un ordenamiento planificado de las cosas y los acontecimientos; en palabras de Forschner:
"De ello resulta la idea de un mundo teleológico perfectamente organizado en el que la cohesión de todos los elementos presenta un orden significativo, el cual es planificado y puesto en funcionamiento paso a paso por una única fuerza divina".
A ese orden se le llama destino (heimarméne para los griegos o fatum para los romanos) y su finalidad la providencia.
En cuanto al azar (que nos conduce también al caos), diremos que son comportamientos impredecibles en sistemas sometidos a leyes deterministas (el conocido "efecto mariposa"). Los actos que realizamos cada día y que en la mayoría de los casos nos resultan inofensivos, pueden llegar a afectar a los demás de formas y maneras que ni tan siquiera imaginamos, como bien se refleja en esta película, donde sucesos banales llevan a que un frustrado intento de algo tan simple como es echar gasolina, acabe con 17 heridos, tres asesinatos y un suicidio.
Muchas personas creen que nuestro destino está escrito desde que nacemos y aunque el azar intervenga en nuestras vidas y decisiones, estas en lugar de crear caos crean orden, con lo cual a pesar de las variables, somos conducidos a nuestro destino escrito y programado.
Yo, personalmente, creo que cada uno se labra su propio destino y que las decisiones y actos que adopta le conducen por uno u otro camino. Para Haneke en este film, no es así, los protagonistas estan ya condenados de antemano.

"71 Fragmentos de una cronología del azar", es la película con la que se cierra la conocida como "trilogía del vacío"; un vacío que nos persigue diariamente y se esconde detrás de cada esquina para aparecer en cualquier momento indeterminado e invitarnos a saltar a su regazo siempre tenebroso, como les ocurre a los protagonistas de la película, que ya nacen muertos.
Es sin lugar a dudas la más compleja de los tres largometrajes que conforman este tríptico que reflexiona sobre la destrucción occidental, la infelicidad, el capitalismo, la burguesía, la angustia de vivir, lo absurdo de cuanto nos rodea y la alienación de nuestras mentes. Si "El video de Benny" sentó las bases de lo que luego sería "Caché", sin duda alguna "71 Fragmentos..." es la predecesora de "Código desconocido", mucho más intrincada en cuanto a trama y global en cuanto a visión si cabe que este extrapolable mosaico de la vida en Viena.
El film exige al espectador más atención y concentración de la que se le había solicitado anteriormente ya que el ejercicio de fragmentación que destila el film es inconmensurable (sólo "El sol del membrillo" ha conseguido llegar a casi alcanzar esa cota de genialidad) y no se le ha hecho la justicia necesaria a Haneke en este punto (ni en muchos otros, dicho sea de paso); al recomponer las piezas y llenar los vacíos existentes, nos damos cuenta que Gestalt tenía razón, que "el todo no es la suma de las partes", ya que lo que vemos (todas las partes) no conforman el total de la historia, ya que las pistas y piezas que faltan se encuentran escondidas en los fundidos en negro entre secuencias. Podría decirse que somos, los espectadores, como ese grupo de jóvenes del largometraje que tratan una y otra vez de solucionar el puzzle, ya que tenemos que recomponer lo vivido y lo visto como si de un juego se tratase (esta idea de Haneke jugando con el espectador alcanzará cotas gloriosas y nunca vistas en su siguiente trabajo, "Funny Games"), un juego macabro, ya que no hay tarea más dura que la de aprender a mirar y pensar en lo que vemos.
Se han llegado a hacer comparaciones entre el estilo de esta película y el de obras como "Vidas Cruzadas" ("Short Cuts" de Robert Altman) y "Pulp Fiction" (Quentin Tarantino), pero hay un error de base en cuanto a la comparativa, si bien es cierto que las tres nos muestran la información pretendidamente sesgada, a piezas, también es cierto que mientras las dos últimas dan saltos en el tiempo hacia adelante y hacia atrás, la de Haneke es lineal y todo discurre hacia el futuro, hacia el destino a alcanzar.
El film nos lleva a parajes que ya conocemos, nos trae retazos de Antonioni y de Godard nuevamente, pero también de Kieslowsky y sus películas "La doble vida de Verónica" (que nos conduce hasta Bresson) y "El azar" (que es la pieza clave que inspira el film de Haneke).
El director vuelve a los planos fijos y a la cámara casi estática que ya utilizara en "El séptimo continente", que vuelven a poner a prueba nuestra limitada paciencia (aún se acuerdan algunos espectadores del Festival de Cannes de la famosa escena de ping-pong que consiguió desesperar a más de uno y ponerles tan nerviosos que tuvieron que abandonar la sala, aunque he de reconocer que a mi me exaspera más aún la escena de la "conversación" telefónica del anciano de 9 minutos). Los elementos recurrentes durante el metraje son el plano-secuencia, el contracampo y el encuadre cortado, lo que nos da la sensación de estar ante un film estático, pero nada más lejos de la realidad. Alguna vez he leído (y oído) que Haneke es como Bergman, lo cual me parece un tremendo error, ya que a diferencia de Bergman, que da énfasis y protagonismo a los rostros (y basta con ver "Persona" para darse cuenta de ello), para Haneke tienen más importancia las manos, las espaldas, los brazos, los gestos... en definitiva, los actos que nos definen como personas y no la persona en si (de hecho, cuando nos muestra alguna cara, lo hace esquivo, sin mostrarla plenamente, como escondiéndola de nuestra mirada) y es que como le dijo Antonioni a Godard, "una manera de acercarse a los personajes es hacerlo por medio de las cosas, más que mediante su vida". Al respecto de no dotarles de una identidad determinada, apuntaba muy bien Yess en un comentario de la tercera parte de este estudio, que es curioso, cuanto menos, que en todas las películas de Haneke los protagonistas tengan el mismo nombre, Georg y Anne.

La película comienza con una noticia impresa en la pantalla (que sin saber muy bien el motivo, me recordó a los carteles de texto de las películas mudas) en la que se nos dice que Maximiliam B., un joven de 19 años de edad, ha asesinado a tres personas en un banco y después se ha pegado un disparo con el arma homicida en su propio coche. El hecho de no ver las imágenes consigue en esta ocasión que no le demos más importancia a lo que se nos cuenta que a cualquier otra noticia de las que salen en las noticias de televisión; esto hace también que no seamos capaces de identificar al personaje hasta casi el final de la película, cuando llega la tragedia.
A pesar de tener ante nuestros ojos unas once tramas diferentes (que van a desembocar en un final común) y contar con un elenco de actores coral, Haneke consigue transmitir esa sensación de soledad, tristeza e incomunicación tan característica en él.
El argumento, a grandes rasgos, podría contar con las tramas que desarrollan la vida de los siguientes personajes: Un niño rumano que sobrevive en las calles y el metro de Viena, trapicheando y robando hasta que es detenido y entregado en adopción; un soldado y sus medicinas; un matrimonio en el que ella llora casi de continuo y él reza a menudo y se dedica a traladar dinero entre bancos; unos estudiantes de informática que juegan a puzzles y tratan de recomponer una Cruz a partir de piezas sueltas (siendo tomada la presencia de la Cruz como un signo de fatalidad que está por venir); un anciano que se dirige al banco; otra pareja que se hace cargo de huérfanos; un joven con tendencias a la (auto)destrucción; un jugador de ping-pong que se ha convertido en su entrenador más duro; un hombre solitario que mira la televisión mientras se alimenta; los intersticios de vacío filmados en negro que hay entre secuencias; y finalmente, las noticias de la televisión, cuya pantalla aparece en casi todos los planos...
Nuevamente sabemos todo lo que acontece en el convulso mundo que nos rodea por medio de la televisión (que en palabras del propio Haneke "es la compañía de las personas solitarias") y las noticias que nos llegan a través de su pantalla, noticias nunca gratificantes y siempre desde un partidista punto de vista que nos ayudan a comprender que lo que sucede cada día en nuestras calles y ciudades no es más que el reflejo de ese mosaico universal que conforman la violencia, la pobreza y la intolerancia.
La mezcla de noticias en la trama, conformando una por si misma, hacen que tomemos la historia del niño rumano como un reportaje más, ya que seremos testigos de su deambular durante dos años. Vemos al joven tanto en la pantalla de cine normal como en la pantalla de televisión, con lo que cobra una doble dimensión, el de personaje real (cuando lo vemos a través de la tele) y como personaje de ficción (cuando lo observamos a través de la película propiamente dicha); lo cual hace que nosotros, como espectadores, cobremos también una nueva dimensión y nos convirtamos en un personaje más de la película, como ese anciano que se pasa los días frente al televisor, lo cual tiene mucho que ver con el concepto fílmico de "afuera y adentro" que tanto interesaba a Godard.
Aunque en un primer momento nos pueda parecer que las secuencias e historias que nos muestra Haneke no forman parte de un "algo" común (noticias de televisión que nos llevan a un niño cruzando un río, que nos lleva a un hombre y una caja en un camión, que nos lleva a un bebé que llora mientras su madre hace lo propio y su padre se viste despreocupadamente...), pronto descubriremos que no es así, ya que todas las tramas giran aleatoriamente sobre ellas mismas hasta que confluyen en un punto común (el banco) y la vida de todos los protagonistas se une con perfecta precisión.
Una vez acabado el film, en realidad, podemos llegar a replantearnos las cosas y pensar que el asesino en cuestión podría haber sido cualquiera de las víctimas también, que fue quien fue por pura casualidad del azar... ¿o es que tal vez estaba predestinado a ello?...
Así que ya saben, estimados seguidores, tengan cuidado con el esquivo azar y vigilen los pasos que les llevan, irremediablemente, hasta su destino. Sea cual sea este.
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" No muestro la realidad, lo cual es imposible, sino que intento que la reconozcan"
Michael Haneke
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Ficha técnica:
Título original: "71 fragmente einerchronologie des zufalls" / Escrita y dirigida por Michael Haneke / 105 minutos/ 35 mm / Intérpretes: Gabriel Cosmin Urdes, Lucas Miko, Otto Grünmandl, Anne Bennett, Udo Samel, Branco Samarowski, Claudia Martini, Georg Friederich, Alexander Pschill, Klaus Händll / Editada en España por Cameo.
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Próximo post: "Funny games" (1997 vs. 2007)

lunes, 21 de diciembre de 2009

Post dedicado a todos los discípulos de este blog


Estimados seguidoras y seguidores de este su blog, el mini-post que están a punto de leer servirá tan sólo para comunicarles que, como me he encontrado con una semanita de vacaciones que daba por perdida, estaré ausente hasta el próximo fin de semana, momento en el que retomaré el monográfico de Michael Haneke (ya he variado las fechas de las entradas en el primer post) para todo aquel o aquella a la que le pueda interesar. 

Aprovecho para agradecerles la atención que me prestan regularmente, leyéndose y comentando los posts que van saliendo de mi maltrecha mente y deseo que, ojalá, en estas fechas tan señaladas para algunas personas, todos sin distinción disfruten de la compañía de sus seres queridos y que, aunque sea por tan solo un momento, la sonrisa no les abandone y que la magia de soñar les acompañe durante todo el año que está por venir.

Deseo una Feliz Navidad para todas y todos y a ver "Qué bello es vivir", que ha de ser una cita obligada en todo hogar respetable que se precie, que la Navidad puede ser un invento de ciertas religiones y multinacionales del comercio, pero la felicidad y la capacidad de soñar es un bien que nadie puede ni robarnos ni vendernos.

Mis saludos y mis respetos, estimables amigas y amigos.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Estudio Michael Haneke (3): El video de Benny (o entre lo bretchiano y la normalidad)


"Nosotros no percibimos la realidad, sino la representación televisiva de la misma".
(Michael Haneke)

Me resulta extraño, cuanto menos, que muchas personas encuentren la primera escena de la película, la de la muerte del cerdo como una de las más duras del film, más incluso que la de la muerte de la joven, por ejemplo; es decir, para muchos es más difícil de asimilar mentalmente ver morir a un animal (al cual se le sacrifica para convertirlo en posterior producto alimenticio) que a una persona (a la que se le mata porque sí, por nada en concreto) y creo que podemos llegar a encontrar una explicación a este comportamiento de rechazo por unas cosas sí y por otras no (al igual que resulta curioso lo que comentaba Dvd en referencia al post anterior, que nos decía que muchos espectadores salían indignados del cine al ver que la familia tiraba el dinero por el retrete y no salían afectados por ver cómo se suicidaban en pantalla, ante sus ojos... será tal vez porque en este mundo capitalista todo y todos se mueven por dinero y todo y todos tenemos un precio... no se, no se...).

Mi explicación a lo que he citado en referencia al cerdo es que estamos demasiado acostumbrados a ver personas morir, sí, sí, como lo leen, porque raro es el telediario que no nos muestra imágenes de un atentado suicida en algún país de Oriente Medio, o de un ajuste de cuentas, o de algún accidente mortal o catásfrofe natural y nos trae a nuestras casas primerísimos planos de agonizantes cuerpos mutilados y trozos de carne ensangrentada con los que aderezar indigestamente la comida o la cena de la que disfrutábamos haste ese momento. ¿Es que la televisión nos ha alienado como dijimos en el post anterior y ya no nos afecta nada?, ¿o es que el hecho de ver imágenes que no pertenecen a nuestra realidad, a la que tenemos en la puerta de casa y en el vecindario hace que todo sea más irreal y lo veamos como una película distante?, ¿o es que el poder de la televisión hace que esas imágenes no nos parezcan reales y lo percibamos todo como un estrambótico show de personajes fingidos y hechos falaces donde la sangre es de mentira?... Aún recuerdo que, cuando niño, los presentadores de las noticias avisaban previamente cuando, de manera ocasional, tenían que mostrar alguna imagen de cierta crudeza con palabras como "avisamos a los tele-espectadores que las imágenes que siguen a continuación pueden herir su sensibilidad"... ¿dónde ha quedado ahora esa sensibilidad?, ¿y nuestra conciencia?...

En cuanto al sacrificio del animal en cuestión, el cerdo, puedo decir que a pesar de ser una escena dura  (de hecho cualquier sacrificio animal lo es y si no me creen les invito a una visita a un matadero de reses vacunas por ejemplo) no es nada comparado con la forma en la que se sacrifican en el pequeño pueblo de la serranía salmantina que frecuentaba en mi niñez, donde al cerdo se le clava un cuchillo en el cuello, se le abre todo lo posible y se le deja desangrar hasta la muerte mientras se ahoga en chillidos empapapados de su propia sangre... Eso sí que es cruel y puede atormentar a un niño durante semanas (como de hecho lo hizo conmigo y la aversión que le cogí a los productos porcinos durante años).

La película está basada, nuevamente como en la anterior, en hechos reales y a Haneke se le ocurrió como consecuencia de una serie de noticias sobre la gran cantidad de asesinatos realizados por jóvenes de clase media-alta sin motivo aparente y por mero aburrimiento, y en esta ocasión se nos cuenta la vida de...
Benny es hijo único de un matrimonio burgués de clase media-alta (un Benny magistralmente interpretado por Arno Fricsh, con quien el director repetiría años después en "Funny Games" con un papel que bien podría ser el de un Benny un poco más adulto). Es un chico normal (frío, pero no desequilibrado por mucho que nos lo pueda parecer), como cualquier otro que conozcamos, ha tenido una buena educación en colegios de pago (aunque para Haneke esto no signifique nada, ya que para él, "una buena educación no sirve para corregir una anomalía sino para favorecerla), es miembro del coro de la iglesia y sus padres le han permitido todo cuanto ha deseado para suplir la falta de atención que le prestan, entre esos objetos adquiridos a cambio de cariño, hay un equipo de grabación, reproducción y montaje de video. La habitación en la que se refugia del mundo exterior está presidida por unas cuantas pantallas de televisión, una de las cuales muetra lo que pasa fuera del edificio a tiempo real, y lo que nos muestra es una representación gélida y deshumanizada de una ciudad, como si de la "Metropolis" de Fritz Lang se tratase. 
Es significativo que las persianas estén permanentemente bajadas y una cámara sea la que grabe y reproduzca lo que hay fuera, al otro lado del cristal oculto, como si la realidad fuese más llevadera si pasa por el filtro de la televisión, lo cual nos lleva a lo que les he comentado un poco más arriba, a que nos hemos convertido en una generación para la que sólo existe lo que nos llega por la pequeña pantalla. Lo demás, no es real. La televisión, según Haneke, nunca puede ser una forma de arte, porque sirve a las expectativas del público.
La doble moralidad que impera en nuestra sociedad queda patente cuando vemos a Benny cantando en el coro de la iglesia, como un buen creyente (para Haneke, la religiosidadd es "el mal que se hace dueño de Dios y lo utiliza") y aprovechando mientras tanto para hacer sus trapicheos (que incluso sus progenitores posteriormente alabarán y considerarán una virtud en su hijo) y negocietes con los que sacarse un dinero extra que le vendrá muy bien para alquilar películas en el videoclub del que es asiduo. Las películas de las que es ávido seguidor son meramente violentas, y eso queda patente cuando en una de esas visitas a la tienda de alquiler de películas, vemos a Benny visionando una. Él tiene puestos unos auriculares y a nosotros nos llega sólo la imagen, no el sonido que la acompaña, con lo que la sensación de violencia cinematográfica se acrecenta.
Un día, mientras alquila un par de cintas, ve a una chica (anónima para nosotros, los espectadores) en el exterior, mirando atentamente la pantalla de televisión del escaparate, impertérrita e inmutable. Entablan una conversación y Benny la convence para que le acompañe a casa, aprovechando que sus padres no van a estar. Benny la lleva hasta su dormitorio, enciende la cámara y comienza a hacerle todo tipo de preguntas (como si del fotógrafo de la sublime "Peeping Tom" se tratase). Inevitablemente, Benny le pone a la joven su video preferido, el que ve una y otra vez a cámara lenta, el de la muerte del cerdo. Ella le pregunta "¿Tú ya has visto un muerto?... de verdad, quiero decir". Él dice rechazar la muerte, pero su mirada no dice eso, todo lo contrario, el destello de su mirada hace que las palabras se carguen de cinismo falaz, ya que esa mueca que se le escapa, nos hace entender que es algo con lo que fantasea con regularidad. Hablan de la sangre en el cine, a lo que él contesta que todo es de mentira, claro, "todo es ketchup y plástico".
Benny le confiesa a la joven desconocida que guarda en su habitación el artefacto con el que se sacrificó al animal. Jugando con él y retándose en broma, el aparato se dispara accidentalmente sobre el vientre de ella. La joven cae al suelo y Benny la arrastra por el suelo hasta llevarla fuera de plano (es sublime la forma en cómo está rodada esta desgarradora escena, a contracampo, de manera bretchiana y visto todo a través de la cámara del chico. Curioso esto de verlo en una pantalla dentro de una pantalla, la suya y la nuestra, lo cual confiere al acto en sí en una inmoralidad más real de lo que lo sería si lo viéramos directa y abiertamente) y sólo percibimos la muerte de ella por los estremecedores chillidos, ahogados en sangre, que profiere la incrédula chica. La frialdad de Benny y el poco apego que le tiene a la vida humana queda reflejada muy bien en los segundos (largos y eternos para el espectador) en los que trata de socorrer a la joven; cada vez que va hasta ella para decirle que se calme, que tranquila, que le va a ayudar, le pega un nuevo disparo con el artefacto, hasta que le da un último "golpe" rematador. Llegados a este punto, y vista su reacción posterior en la que se va a comer algo a la cocina, no podemos sino asombrarnos de su comportamiento porque, ¿qué le impulsa a cometer tal acto de barbarie?, no es un joven que haya sufrido en la vida, tiene cuanto quiere, sus padres le dan más cosas materiales de las que necesita, no está a punto de morir y le da todo igual y ni tan siquiera ha sentido placer ante lo que ha hecho (y tantas veces ha imaginado)... es frío y no tiene motivación para haber asesinado, lo cual confiere al crimen un grado más, si cabe, de maldad y salvajismo.
Posteriormente se dispone a mover el cuerpo y recoger la sangre del suelo con un trapo de cocina (más avanzado el film, Haneke nos muestra a Benny realizando la misma labor de limpieza con un poco de leche derramada, en un simil metafórico sin precedentes) y decide desnudarse y embadurnar su cuerpo con la sangre de su fortuito "sacrificio", como si de un guerrero primitivo se tratase y como aquellos niños-hombres del libro (y la película) de "El señor de las moscas" en el que se embadurnaban de sangre y barro para convertirse en guerreros y luchar contra la gran bestia que azotaba la isla (un cerdo salvaje, curiosamente). Este acto de vandalismo, hace que Benny se convierta, casi sin quererlo, en adulto ante nuestros ojos, tratando de despejar sus interrogantes personales sobre su propia identidad y su condición como persona, proceso que vendrá originado por un triste hecho sin vuelta atrás. Un asesinato.
Benny recibe la llamada de un amigo y dejando el cuerpo en su habitación, como algo inservible y únicamente tapado con una sábana, como si así consiguiera que no existiese, se marcha a patinar. Antes de entrar donde está toda la gente, se detiene unos momentos en la valla que le separa de la gente que se está divirtiendo. Nuevamente vuelven a hacer acto de aparición las verjas y sucedáneos como limitadores de la realidad, ya que son lo que separa su mundo del mundo normal, y él tiene la capacidad de cruzarla, puede estar en los dos lados del mundo, en el de la luz y en el de la oscuridad.
Sin ningún motivo aparente, se detiene ante una peluquería y decide raparse el pelo al cero, como tratando de adaptarse a la nueva personalidad que se va abriendo paso desde su interior (he de confesar quen hay varios aspectos del largometraje que me retrotraen a "Taxi Driver" de Martin Scorsesse, como son el corte de pelo, la muerte agónica de la chica en comparación a la muerte del chulo proxeneta de la película de Scorssesse y el concepto de habitación que tienen los dos protagonistas, que relegan su cama a un segundo plano, en una esquina). A este respecto, el del corte de pelo, su padre le echa una reprimenda en el baño, diciéndole que le van a confundir con un nazi, ante lo que el permanece impasible y sigue a lo suyo, a lavarse los dientes. El ha crecido, lo advertimos en su mirada desafiante y nos deja claro que ya no es un niño. Sigue tan frío como antes si no más, y su impasibilidad sobrecoge nuestra tranquilidad.
Más tarde de lo que pensábamos y deseábamos, los padres descubren el cadáver de la joven y el video en el que está todo grabado, pero lejos de enfadarse o avisar a la policía, lo que tratan es de ayudar a su hijo a encubrir su injustificado acto, barajando distintas posibilidades de deshacerse del cadáver, lo cual nos lleva de nuevo a Bretch y a su relato que transcurre en la alemania nazi donde unos padres, temerosos de ser delatados ante las S.S. por sus hijos, les daban todo tipo de cariño y regalos no ya porque así lo quisiesen, como debería ser, sino porque tenían miedo y deseaban comprar su silencio (cuya madre nos lleva a la Anna de "El séptimo continente" cuando se ponía a llorar sin motivo, ya que la madre de los niños del relato, rompía a llorar cuando los niños no estaban en casa y tardaban en regresar, pensando que lo harían acompañados de soldados alemanes). Mientras los padres obligan a Benny a ver lo que grabó, como esperando que él les diga que lo que ven no es real, vemos los rostros de los tres y cómo va a pasar a ser un crimen perpetrado por una sola persona a ser uno colectivo. Nuevamente la influencia negativa de la televisión vuelve a quedar expuesta en la forma en la que el padre somete a Benny a un cuestionario para ver si hay algún cabo suelto que le pueda incriminar, ya que parece un debate televisivo de esos en los que un invitado es sometido a todo tipo de preguntas a cual más morbosa, con cuestiones lanzadas como "¿Cómo te sientes ahora que ya ha pasado todo"?, "¿Qué recuerdos tienes de aquel momento?", "¿Qué sentiste entonces?", ¿Por qué lo hiciste?...
Para mi la secuencia más dura de este tramo de película, es la conversación, nocturna, como si la noche estuviese hecha para elucubrar y delinquir, que tienen los padres para ver cómo pueden deshacerse del cadáver (en una sublime filmación de plano/contraplano) y que da un serio varapalo a la ceguera paternal y a nuestra forma de educar a nuestros hijos, con frases como la que le dice el padre a la madre "si le denunciamos a la policía, le meterán en un psiquiátrico y le joderán la vida". No deja de ser aberrante, también, la actitud de los padres, ya que si bien el hijo ha sido el artífice del asesinato, ellos le dan un aire de normalidad que asusta porque, no nos olvidemos, ¡el cuerpo de la joven aún está en la casa!.
Para alejar a su hijo del peligro, los padres deciden que lo mejor será que Benny y su madre se vayan de viaje, así cuando regresen el padre ya se habrá encargado de todo y la normalidad volverá a reinar en la casa, dejando lo acontecido como un mal y lejano recuerdo (hablando de lejanía, hay que hacer referncia al sonido que puebla la película, que está muy cuidado y está además dotado de una extrañeza y unos ritmos monocordes atípicos, como si nos llegasen desde muy lejos).
Durante el viaje, que rompe nuestros esquemas, todo parece normal salvo por un par de detalles: Benny es incapaz de actuar cuando a su madre le coge una crisis de ansiedad porque ya no aguanta más y Benny se comporta como lo que es, un niño que no sabe qué ha de hacer; el otro aspecto que denota frialdad y que algo no va bien en la cabeza de Benny, es cuando su madre está aseándose en el baño y el la graba sin que ella se de cuenta (este detalle, este acto sí que es una aberración moral y una humillación hacia su madre descomunal, ya que lo que la cámara de Benny capta es la intimidad de ella, su vulnerabilidad, y la hace pública a nuestros ojos).

Cuando el viaje termina y vuelven a casa, todo está como debería. No hay cuerpo, no hay señales de nada extraño y la habitación de Benny está cambiada, tiene las persianas levantadas, lo cual nos indica que una nueva vida empieza para él. Por la noche el padre le pregunta algo que está resonando en nuestra cabeza desde que mató a la chica, "¿por qué lo hiciste?", a lo que él responde algo aterrador y que se convierte en el paradigma de la nueva juventud post-violenta y aburrida "No sé. Para ver qué se sentía al hacerlo". Duro y conciso.
El último tramo de la película está conformado por una multipantalla que nos muestra los diferentes monitores de una comisaría a la que Benny ha acudido para entregarse (y eso también nos descuadra, porque no sabemos tampoco por qué lo hace). El hecho de que esté visto a través de los monitores hace de esas imágenes algo personal y provoca en nosotros un estado de alivio que nos hace sentir como los ojos de la Justicia.

El largometraje está estructurado de una manera muy notable y loable, salpicando la compleja trama con metáforas y símiles visuales y sonoros, repitiendo imágenes y situaciones que cobran diferente significado cada vez que las vemos o bien nos transmiten una sensación de agobio típica de las ciudades de hoy día.

Si la influencia de Antonioni era evidente en su film anterior, se podría decir que este es el más influído por él ( en la "teoría del encuadre obsesivo" sobre todo, según lo definió Pasolini, por ejemplo) y además por Bertolt Bretch, ya que gran parte de cuanto vemos tiene una impronta bretchiana difícil de ignorar. Bretch fue el principal creador y promotor del llamado Teátro épico que apareció a primeros del siglo XX. Teatro orientado a lo social y a los problemas de la época, cuya meta era (más que entretener), mostrar sin interpretar (oponiéndose a Stanislavski) y lanzar ideas e invitar al espectador a realizar juicios de valor sobre lo que estaban viendo. Los espectadores no debían olvidar bajo ningún concepto que estaban ante una ficción y debían despojar de si toda emoción hacia lo mostrado, esto es, el Verfremdungseffekt (efecto de extrañamiento), haciendo que el espectador se "distanciara" de lo que veía, en lo que se conoce como Técnica del distanciamiento; es decir, se ponen elementos en escena que hacen que uno se desconcentre y no sienta las emociones que se espera debería sentir, como cuando suena la música que escucha Benny a todo volumen, un rock germano pesado y ensordecedor de pensamientos, o se muestran planos de la casa que nada tienen que ver en apariencia con el desarrollo de lo que acontece, salvo para constatar que Benny es de buena familia; se intenta también, en este tipo de teatro bretchiano, que el actor se aleje de cualquier emocionalidad excesiva, por eso no ha de extrañarnos la apatía que impregna a Benny o el que no le afecte tener un cadáver en el dormitorio y prefiera prepararse algo de comer en lugar de deshacerse del cuerpo que yace bajo una sábana.
Y es este útlimo punto, el de la indiferencia ante todo, el que hace de esta película una mirada devastadora hacia la juventud (al igual que exquisitamente triste es la visión de Jonze sobre la soledad y la infancia en la maravillosa "Where the wild things are", donde se acota esa época como terrorífica y a quienes la conforman como monstruos encubiertos) y a la post-violencia que reside en estos niños solitarios que son paradigma de la modernidad, consentidos en la dejadez y con una tolerancia mal entendida. Un film que se adelantó a su tiempo, visto lo que vemos cada día en colegios e institutos de este país.

Estimados lectores, permanezcan en sintonía y no apaguen aún las pantallas de sus televisores, por favor, no se asusten porque la imagen que observan no sea más que el espejo de nuestra alma oscura. No se preocupen, que lo que ven no es más que ketchup y plastico, ¿no?.


Ficha técnica:
Título original: Benny's Video / 1992 / Dirigida y escrita por Michael Haneke / Fotografía: Christian Berger / Intérpretes principales: Arno Fricsh (Benny), Ulrich Mühe (Padre), Angela Winkler (Madre), Ingrid Stassner (Chica) / 105 minutos / editada en España por Cameo



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domingo, 13 de diciembre de 2009

Estudio Michael Haneke (2): El séptimo continente (o el viaje catártico a una utopía destructiva)


Si nos fijáramos en la evolución que sufrimos como personas, no como especie, descubriríamos horrorizados que llega un momento en nuestra vida adulta (no en la de todos, afortunadamente) en el que repetimos diariamente, en un ciclo aburrido, los mismos gestos y rutinas, conviritiéndonos en ciegos que se levantan siempre a la misma hora, salen de la cama con el mismo pie primero, se visten en el mismo orden de prendas, se lavan los dientes de la misma manera, desayunan lo mismo que el día anterior, van al trabajo por el mismo camino, fichan a la misma hora que siempre y su trabajo se desarrolla de la única manera posible, comen lo de siempre, vuelven a casa, recogen a los niños a la hora acordada, se duchan antes de cenar, hablan con su pareja unos minutos, ven algo de la televisión, se acuestan (y ocasionalmente tiene relaciones sexuales), duermen lo que pueden... se despiertan y todo vuelve a comenzar de nuevo y a repetirse de la misma manera mecánica, esclava del sistema y autómata...
No hay ejemplo más claro de la degradación social que sufre gran parte de la población occidental que este. El poder del capitalismo mal entendido ha alienado a la mayor parte de quienes nos rodean, que ni tan siquiera son conscientes de la monótona y tediosa vida que les toca vivir cada día, haciendo suyo el "espíritu de la pesadez" de Nietzsche.
La primera película de Michael Haneke tras sus múltiples trabajos para la televisión, es de una madurez cinematográfica (y metafísica, diría yo también) inconmensurable y que para muchos otros directores sería fruto de muchos años de profesión, haciendo un ejemplar ejercicio de síntesis de lo que es el aburrimiento constante de lo cotidiano y de lo que es el nucleo familiar moderno y su desintegración como pilar fundamental. Todo está impregnado de un estado de pavor latente y Haneke nos lo muestra obligándonos a ver las cosas de una forma que habíamos preferido ignorar.
Contar de qué va esta película (o cualquier otra de Haneke) es muy fácil, ya que el argumento es sencillo, pero la forma en que nos llega dicha historia, la manera en la que está presentada es tan densa y compleja, que cualquier atisvo de ligereza previo se esfuma como el humo: Tenemos a una familia burguesa, atrapada en su monotonía, que un buen día decide acabar con todo y borrar cualquier presencia que pueda haber de su existencia.
El argumento está basado en un hecho real, en una noticia que llegó a oidos de Haneke, en la que los miembros de una familia, hartos de todo, decidieron suicidarse juntos y acabar así con su agonía (lo curioso para mi es que los padres de los suicidas, dijeron que el suceso no era tal sino un asesinato y así lo denunciaron a la policía, ignorando incluso la carta que dejaron escrita y en la que detallaban lo que pensaban hacer. La policía no descubrió nada y el caso se dejó como no resuelto).

Desde las primeras imágenes, la influencia de Antonioni es de lo más notable, con esos colores gélidos y fríos que lo impregnan todo y roban sentimientos. Las escenas con las que comienza el film, nos muestran al ser humano como una simple sombra o un ser incompleto, de ahí que no se les vea el rostro sino partes esporádicas de su anatomía y su presencia se limite a realizar algunas de las acciones cotidianas que todos nosotros hacemos cada día de manera mecánica, dejando un papel principal a la tecnología y a las máquinas, que nos alimentan, nos cuidan y nos limpian.
El hombre, por suerte o por desgracia, va asociado irremediablemente a la tecnología y para Haneke, las naturalezas muertas están compuestas de tuberías, cables y pantallas de televisión, como podemos ver en la siguiente escena de la película, la del plano-secuencia en el que George, el padre, acude a su puesto de trabajo mientras su mujer, Anna (una increíble interpretación de Virgit Doll), nos lee en off una carta que está escribiendo para sus padres (curioso también este efecto de que la imagen vaya por un lado y la palabra narrada nos traslade a otro lado, como en el trabajo de Godard para su ambiciosa "Histoires du cinema", momento este en el que el pasado y el presente se fusionan para convertir al presente también en pasado).
En el supermercado, donde Anna hace la compra diaria, volvemos a ver cuerpors sin rostro, e incluso podremos observar con horror la alienación de la cajera a la hora de cobrar y desarrollar su trabajo, con movimientos mecánicos y vertiginosamente rápidos como de robot. En el supermercado se da especial énfasis a las cifras de lo que cuestan las cosas, a lo gastado económicamente y a como el dinero cambia de manos como quien vende su alma en cada transacción. Todo se compra y todo se vende. Todos tenemos un precio, sea más o menos alto, y todo ello deja un poso de suciedad (como cuando minutos después el coche sale de un taller mecánico y deja en el suelo una mancha oscura de aceite) difícilmente camuflable.
Ya de vuelta en casa, mientras hace las tareas domésticas casi sin pensar, recibe una llamada del colegio en la que le comunican que su hija se ha hecho pasar por ciega (después descubriremos que la niña tiene en su habitación un periódico en la que hay una noticia de una niña que está ciega, pero que siempre está rodeada de familiares que la quieren). 
Este es un signo de alarma que debería ponernos ya en guardia ante lo que va a venir, porque parece que la niña necesita llamar la atención ante sus padres para que estos le hagan caso y la madre no es capaz de entablar una conversación con la niña e  indagar en el motivo, posiblemente por miedo a la respuesta, y se limita a decir con posterioridad, más avanzado el film "sabes que tu padre y yo te queremos, ¿verdad?". La madre le pregunta a la niña por el suceso, diciéndole que le diga la verdad que no se va a enfadar y no le va a pasar nada. Cuando la niña confiesa, la madre no cumple su palabra y le da una bofetada. La mentira de la madre ("dime la verdad, que no te voy a hacer nada") castiga la mentira de la hija ("no puedo ver"), cuando en realidad son los padres los que están ciegos y no ven lo que ocurre a su alrededor.

Vemos que se suceden los meses (la película recoge momentos esporádicos de su vida a lo largo de tres años), pero todo sigue igual en la existencia de los personajes salvo por pequeños detalles que denotan el paso del tiempo (como el cambio de los cepillos de dientes, que se percibe por la variación de color) y del triste sentido de la vida.
El hermano de Anna acude a casa a cenar en medio de un ambiente gélido. Sin previo aviso, se pone a llorar desconsoladamente, como si algo le doliese desde dentro. Anna se levanta sin decir nada y le consuela mientras le abraza como haría una madre. 
La niña lo mira todo con cierto estupor y sin saber bien a que se debe todo esa desgarradora tristeza que parece salir de su tío por cada poro de su piel.
Hasta el sexo parece haberse convertido en rutina para la pareja, que más bien se torna un ejercicio de tristeza y que ha de hacerse porque "toca" y como haciendo un esfuerzo extra.
Más tarde son testigos de un accidente de coche, que observan casi con más curiosidad que con pesar (la escena, tal y como está rodada, me recordó muchísimo a una similar que hay en "Crash" de Cronenberg. Mientras van en el coche, suena de fondo la radio; en la vida de los personajes de Haneke siempre está presente el sonido de algún medio de desinformación como la televisión o la radio, que siempre dan vueltas sobre los mismos temas: crímenes, guerras y religión, los tres pilares sobre los que se asienta el progreso desde tiempos inmemoriales. 
Poco después, y sin previo aviso, ella se pone a llorar también de forma desalentadora ante al inquieta mirada de su marido (que comprende lo que está pensando ella) y asustada de su hija. El hecho de que ella se ponga a llorar, nos recuerda nuevamente a Antonioni, concretamente a su "Il deserto rosso", con una protagonista que se pone a llorar sin motivo aparente, como si algo de lo que nos rodea le diera un miedo espantosamente desconocido e incomprensible (como el diálogo de "Mulholland Drive" de Lynch en la cafetería, en el que un hombre le cuenta a otro la pesadilla que tuvo la noche anterior y el pavor que sintió a "eso" que estaba ahí y que no conocía).
Definitivamente sospechamos que algo no va bien cuando comienzan a hacer cosas que no son normales en ellos, como puedan ser cancelar la suscripción del periódico, comprar cantidades ingentes de comida de calidad, presentar la dimisión en el trabajo, decir que la niña no va a ir a clase porque está enferma (y realmente no lo está), vender el coche, retirar todos los ahorros, traspasar el negocio, comprar herramientas de trabajo...
Dicen a todo el mundo que se marchan a Australia, el séptimo continente, de la que hemos visto varias veces durante el metraje imágenes que van variando, de lo estático a lo móvil (lo cual provoca una sensación de intranquilidad difícil de precisar y definir) y que no es otra cosa que el aviso de la preparación del camino hacia la muerte, hacia su podrida utopía personal.
Con las herramientas que han comprado deciden destruir toda la casa, pero ese afán de destrucción, lejos de tener un carácter liberador es más bien una dura tarea y un pesar que va definiendo su triste futuro. Es como si desearan borrar todo rastro posible de su paso por este mundo.
Poco a poco su estado va degenerando y su atrincheramiento en casa nos recuerda al que sufren (aunque ellos de forma forzada) los protagonistas de "El ángel exterminador" de Luis Buñuel, que también afectaba a la burguesía y es el claro ejemplo de una sociedad que tiende a aislarse de los demás y refugiarse en sus feudos particulares.
Y al final, cuando están preparados, deciden quitarse la vida y morir, lo hacen en el lugar en el que habían decidido vivir hasta entonces de la misma manera en la que han vivido hasta ahora, con apatía y como si fuese una obligación más. El motivo que les impulsa a tal acción, aunque lo intuimos, tampoco importa. Lo único cierto es que escogieron un camino equivocado para huir de lo que más les asustaba. Su vida. Nuestra vida. La vida y su significado verdadero (que nadie ha sabido reflejar mejor que los Monty Python y su "Meaning of life").
Si ellos mueren, los personajes, es porque nosotros, los espectadores, los empujamos a tal acto en nuestro morboso afán de buscar y descubrir respuestas a algo que no las merece, de tratar de rellenar los vacíos de una vida fragmentada que se parece demasiado a la nuestra.

Para mi, las dos escenas primordiales son aquella en la que ella llora en el túnel de lavado de coches y cuando la niña ve los peces del acuario morir por falta de agua, momentos ambos en los que las protagonistas sienten que algo se ha roto para siempre en su interior y descubren que están preparadas para la muerte. Aunque hay otros aspectos de la película que también merecen un comentario:
Las verjas y las rejas están siempre presentes a lo largo del metraje, como poniendo trabas a la felicidad ansiada, como un muro de Berlín (que se derrumbó ese mismo año) que imposibilita la llegada de la plenitud personal.
Las transiciones espacio-temporales entre un día y otro están marcadas por una rigurosa pantalla en negro, que tienen una duración indeterminada, dependiendo tanto del tiempo real de días que transcurre en lo que hemos visto y lo que vamos a ver, y dependiendo tambiñen de la duración del metraje que acabamos de contemplar, como si Haneke nos dejara el tiempo que el considera suficiente para que vayamos rellenando los huecos y contestándonos a las preguntas que nos puedan ir surgiendo.
Importante es el sonido del largometraje, algo que Haneke cuida mucho (y cuyo mimo nos debe recordar a cineastas como Sokurov o Lynch, que utilizan ese recurso con maestría), llenando la imagen de sonidos orgánicos y mecánicos. Nos parece escuchar cómo la gente come (que aquí come de verdad, no como en otras películas) o respira, incluso casi nos parece escuchar su desidia y la oxidación de sus vidas.
No hemos de olvidar tampoco la influencia que la televisión ejerce en nuestras vidas, y por ello siempre está presente en la obra de Haneke (medio que conoce a la perfección); de hecho, durante la película,, hay una frase sublime en la que uno de los personajes lanza al aire la siguiente pregunta: "¿Qué pasaría si en vez de cabeza, tuviéramos un monitor de televisión para que todos vieran lo que pensamos?". Las ondas de la tele, llegan hasta nuestro cerebro, incrustando sus rayos catódicos bien dentro de nosotros, mutándonos por dentro (no tanto como hacía la sublime "Videodrome" de David Cronenberg) y manipulando nuestros sentimientos, haciéndonos esperar demasiado de la vida.
Y al final, cuando todo acaba para la familia, la televisión sobrevive, impertérrita, esperando nuevos ojos que contaminar.

Y ya saben, si ustedes se aburren, no duden en contactar conmigo, que tengo un par de pasajes para Australia que me sobran y no quiero viajar solo hasta el séptimo continente...

Ficha técnica

Título original: Der siebente kontinent / Austria / Wega Films / 1989 / Guión: Michael Haneke y Johanna Teich / 104 minutos / Editada en España por Cameo / Intérpretes principales:  Virgit Doll (Anna), Dieter Berner (George), Leni Tanzer (Eva). 



jueves, 10 de diciembre de 2009

Estudio Michael Haneke (1): El cineasta de lo trágico.


Hace no mucho tiempo les hablaba de Solondz y de lo incómodo que era su cine, catalogándole como uno de los cineastas más duros y que más inquietaban al espectador (grupo en el que se pueden incluir también a Takashi Miike o Gaspar Noé); pues bien, Michael Haneke le gana en incomodidad y de largo.

Haneke (23 de marzo de 1942 en Munich, Baviera, Alemania) es el director más radical, desolador y controvertido (no tan visceral y escatológico como Solondz, claro está) del momento, que consigue intranquilizar nuestra mente y nuestros sentidos como nigún otro compañero de profesión ha conseguido jamás, dejándonos un poso, necesario, de amargura en el paladar que nunca seremos capaces de quitarnos del todo.

Como apuntes biográficos, podríamos decir que es hijo de Fritz Haneke, director y actor alemán, protestante y natural de Dusseldorf, y de Beatrix von Degenschild, actriz austríaca y católica. Sus padres se divorciaron cuando él era un niño y su madre volvió a casarse, esta vez con un judío. Estos datos religiosos pueden parecer anecdóticos e intrascendentes, pero para nada lo son ya que esa cultura multireligiosa del cineasta está tan presente bajo la superficie de su obra, que es innegable que fueron sucesos que le marcaron tremendamente (de hecho, a los trece años de edad, pensó en ser pastor de almas). Después de criarse en casa de la hermana de su madre en un pueblo de Viena, asiste a la Universidad para, tras probar infructuosamente con interpretación y música, estudiar filosofía, psicología y dramaturgia. Tras su graduación se convierte en crítico de cine, llegando a trabajar durante 3 años (1967-1970) como editor en la cadena de televisión Südwestfunk. Trabajó dirigiendo varias producciones teatrales (faceta esta, la teatral, que le ayudó sobremanera a conocer la psicología de los actores y cómo dirigirlos para transmitir credibilidad emocional) y dirigiendo películas para la televisión (1973).Desde el año 2002 ejerce como profesor de Dirección en Viena, en la Academia de Cine de Austria, ciudad en la que reside y desde el 2006 también dirige representaciones de Opera.

Muchos críticos y supuestos liberales de pensamiento se escandalizan ante sus imágenes y lo tildan, equivocadamente, de violento, cuando su cine no es sino trágico (como pudiera serlo el de Bergman o incluso el de Chaplin y aplicando aquí el concepto griego de tragedia) y es menos violento (en lo físico) que el que nos puedan ofrecer personas como Robert Aldrich, Sam Peckinpah, Nicholas Ray o Samuell Fuller los que, estos si y a diferencia de Haneke, emplean la violencia como espectáculo visual y no como denuncia o estudio, como si hace el director Alemán; de hecho, cuando Haneke nos muestra la violencia suele ser sugerida y fuera de plano y cuando nos la ha de mostrar, lo hace de forma brusca y rápida.
Haneke lo tiene muy claro. Para él la violencia nunca está justificada ni requiere de explicación que lo haga o la motive Existe porque hay alguien consumiéndola al otro lado de la pantalla. Que se produzca o no, queda en manos del espectador, que está observando con emoción algo que no debería. Michael Haneke no considera la violencia como un juego de artificios en el que la sangre salpica en cámara lenta la cámara mientras suena música clásica/operística de fondo y las balas rozan al protagonista que las esquiva acrobáticamente... No; para él (al igual que para Paul Verhoeven o para David Cronenberg en "Promesas del este") es cruda y dolorosa, como debe serlo, y es en gran medida producto del capitalismo aburguesado y los desequilibrios socio-culturales que vive nuestro mundo. La violencia pasa de ser únicamente física a convertirse en algo que también tiene connotaciones metafísicas e intelectuales.

Hoy en día todo parece ser igual; es decir, vemos una película romántica, un drama, una comedia adolescente, un videoclip del grupo de moda o un telediario y todo, todo, tiene la misma apariencia y formato: movimientos rápidos y frenéticos de cámara, planos hiper-cortos y cambiantes, colores chillones, música estridente y un inusitado placer por deleitarse en el dolor y la catástrofe que ronda la pornografía (ver un telediario de cualquier cadena televisiva es lo más parecido a ver una película gore-torture-porn tan de moda entre el público adolescente). Los medios de comunicación en general han olvidado lo que significa dar una noticia y se han convertido en jurado y verdugos despiadados e imparciales. El mutable mundo en el que nos toca vivir está formado por una sociedad con tendencia a delinquir (en cualquier ámbito de la vida); todo cuanto nos rodea es un peligro o una amenaza repleta de violencia sin sentido y desenfrenada. La población vive en represión, está alienada y es moldeable gracias a programas abominables y casposos que pueblan las ondas catódicas y en las que los protagonistas son falsos pregoneros de la desesperación, jinetes del apocalipsis con sentimientos fingidos que saben perfectamente que quien les mira, vive, siente, piensa y se alimenta de lo que ve.
Haneke gusta de romper con las estructuras narrativas corrientes, tanto en forma como en contenido (como por ejemplo en los largos planos fijos, asfixiantes a pesar de ser abiertos y que nos recuerdan al escenario de un teatro y que son una contraposición a la cultura fast-food que puebla las imágenes fílmicas de las propuestas más generalistas), dejando al espectador que piense más de lo que acostumbra y tenga que ahcerse el mismo la composición y rellenar los huecos de vacío que hay entre fotogramas, nunca da respuestas a las dudas que nos puedan surgir. El director nos regala un cine realista (por eso no entiendo muy bien cuando alguna persona me ha comentado en ocasiones que Haneke es un pesimista, porque lo que es en verdad es un realista. Un observador de nuestra cotidianeidad) en el que los protagonistas, ajenos al mundo que les rodea (y que cuando son conscientes de la vida que llevan y del mundo en el que viven no pueden por más que derrumbarse) han de replantearse y aprender de nuevo todas las cosas (desde amar hasta respirar) para salir del letargo en el que se ven (nos vemos) inmersos.
Cuando uno entra en profundidad en el cine de Haneke, se pueden apreciar claramente la influencia de artistas tan notables y míticos como Kafka, Antonioni, Bresson...De Antonioni ha bebido sus tiempos muertos, el uso del color frío de las imágenes, hierático y casi esterilizado y el emplear el plano fijo como marco para delimitar la acción (como el hecho de emplear los marcos de las puertas para centrar nuestra mirada en lo que sucede, como si del marco de una foto se tratase y en el que los actores entran y salen de él sin que la cámara les siga). De Bresson (del que he visto últimamente la sobrevalorada, aunque curiosa, "Lancelot du Lac") la estética feista que se contrapone a la falsa belleza imperante e impuesta en todas las cosas de nuestra vida. De Kafka la asfixia, la tristeza y la incomunicación que rodea a los protagonistas...

Haneke es un director marcado por conceptos como el azar, la culpa, el destino, la angustia, el dolor, la religión, la incomunicación, el lenguaje, la soledad, la tristeza, la presencia de la violencia en nuestras vidas... pero sobre todo por la tragedia de vivir al comprender qué es la vida y cuál es nuestro lugar en ella.


Filmografía como director:
1. Das weisse Band - Eine deutsche Kindergeschichte (2009)
2. Funny Games U.S. (2007)
3. Caché (2005)
4. Le temps du loup (2003)
5. La pianiste (2001)
6. Code inconnu: Récit incomplet de divers voyages (2000)
7. Funny Games (1997)
8. Das Schloß (1997)
9. Lumière et compagnie (1995)
10. 71 Fragmente einer Chronologie des Zufalls (1994)
11. Die Rebellion (1993) (TV)
12. Benny's Video (1992)
13. Nachruf für einen Mörder (1991) (TV)
14. Der siebente Kontinent (1989)
15. Fräulein (1986) (TV)
16. Wer war Edgar Allan? (1985) (TV)
17. Variation (1983) (TV)
18. Lemminge, Teil 2 Verletzungen (1979) (TV)
19. Lemminge, Teil 1 Arkadien (1979) (TV)
20. Drei Wege zum See (1976) (TV)
21. Sperrmüll (1976) (TV)
22. After Liverpool (1974) (TV)

Lógicamente, gran parte de su obra como director (y no digamos ya como guionista o actor) está fuera del alcance de mi mano, así que en este estudio sobre Haneke, voy a limitarme a reseñar y analizar los filmes (que obran en mi poder) que siguen y en las fechas establecidas a continuación (me hubiese gustado hacerlo más fluido, publicando un post día si, día no, pero mi tiempo libre, por desgracia, es limitado en estos momentos y las películas de Haneke requieren de varios visionados (o al menos yo lo necesito).

Películas a comentar y calendario de entradas:
- Der siebente Kontinent (13 de diciembre)
- Benny's Video (17 de diciembre)
- 71 Fragmente einer Chronologie des Zufalls (28 de diciembre)
- Funny Games (02 de enero)
- Das Schloß (8 de enero)
- Code inconnu: Récit incomplet de divers voyages (11 de enero)
- La pianiste (14 de enero)
- Le temps du loup (18 de enero)
- Caché ( 21 de enero)
- Das weisse Band (24 de enero)

miércoles, 9 de diciembre de 2009

domingo, 6 de diciembre de 2009

Las tribulaciones de Lord Kamps: Los bloggers que amaban el cine y querían conservarlo para siempre.


Como me encuentro inmerso en el cine de Haneke para el monográfico que comienza el próximo día 10 y hoy es mi cumpleaños, me llega de las manos de Lord Kamps un regalo en forma de post, así que le cedo el testigo por hoy a una persona a la que le tengo mucho afecto, ya que es un gran amigo, de esos que están junto a ti cuando los necesitas aunque no les hayas llamado, de esos que saben guardar un secreto y de esos con los que puedes hablar de cualquier tema, así que no descarten que esta visita se repita con cierta periodicidad (que no es por nada, Lord Kamps, pero me debes un post sobre Lost y esas interesantes teorías que tienes...). Y dicho esto...

Estimados seguidores del Maestro Crowley, del cual yo también me considero aprendiz:
Les habla Lord Kamps, fiel amigo y escudero del dios del horror más oscuro. Tengo el honor de hacer una breve aparición en este lugar de saberes compartidos, en el cual siento que me he infiltrado pese a saberme invitado.

En estos tiempos en que barajamos tan abierta y cinematográficamente la posibilidad de que el mundo, nuestro mundo tal y como lo conocemos y concebimos, acabe, les quiero proponer una especie de juego. Es muy sencillo, tan solo hay que dejar volar la imaginación (o tal vez sea más real de lo que creemos), y hacer una pequeña lista. He aquí las reglas:


Estimados habitantes de la Tierra:

Se nos acaba de anunciar el tan predicho por todos pero acertado por ninguno FIN DEL MUNDO. No queda mucho tiempo para que el gran cataclismo se produzca y esta vez sí va a tener lugar. Como parte de un desesperado intento por rehacer nuestra civilización en un hipotético caso de supervivencia y éxito, se ha llevado a cabo y bajo gran secretismo un proyecto titánico para preservar algunos de los más preciados tesoros de nuestro planeta, que viajarán en compañía de todas aquellas personas que en dicho caso logren restablecer la civilización, el orden y la paz en un “nuevo mundo”. Se han habilitado Arcas de Subsistencia para cuando la catástrofe tenga lugar, y en ellas, además de personas y animales se almacenarán tantas muestras de cultura, arte y tecnología como sea posible. Con buen criterio los expertos encargados de conservar el CINE han seleccionado este Blog para hacer una selección de filmes que sobrevivirán el día de mañana. Se nos permitirá elaborar una lista compuesta por 10 películas y 3 sagas. Pero atención, la idea no es la de elegir nuestras cintas preferidas sino aquellas que en el hipotético “renacer” consideremos que representarían el mundo que aún tenemos, incluirían la mayoría de géneros, abordarían los temas más importantes… cada una acompañada por su razón vital…
Esta es la tarea que se nos ha encomendado, ¿seremos capaces de realizarla con éxito? Como representante vuestro os pido vuestras listas de propuestas y entre las 10+3 más votadas dejaremos constancia de cara al futuro de lo que una vez fue nuestra mayor pasión: el cine.

Muchas gracias y suerte para todo el mundo. Nos vemos donde quiera que sea.

Fdo: Lord Kamps


Pd: Adjunto a continuación mi propia lista, la cual he de decir no ha sido nada fácil de confeccionar, y de ella han sido descartadas muchas propuestas imprescindibles. Pero las normas son las normas y hay un límite…

- Jurassic Park: Para recordarnos que otros también se extinguieron, y que nosotros una vez pretendimos jugar a ser dioses…



- El rey león: Una vez existió una factoría que nos permitía soñar desde que éramos niños hasta que nos hacíamos mayores. Los valores más importantes de la vida nos los mostraban con humor personajes divertidos, carismáticos e inolvidables.



- Sin perdón: Una vez existió un lugar llamado el Oeste, con sus propias armas y su propia ley. He aquí el mejor Western, por el mejor director de cine.



- The Dark Knight: Antaño había unos personajes llamados superhéroes que intentában salvar al mundo. Como homenaje a ellos, la mejor película de superhéroes hecha jamás, con el más real de ellos.


- Big Fish: Porque la falta de comunicación y el dejar de creer en los sueños y en los cuentos nos llevó a perder el rumbo. Y porque no podría faltar Tim Burton en un nuevo mundo.



- Love Actually: Que sea el amor nuestra bandera, lo que nos mantenga unidos y fuertes.



- El Show de Truman: No hay que olvidar como nos sentíamos y sí evitar que esto vuelva a suceder.



- Seven: Una gran muestra de cómo resolver un puzzle, siendo moral e inmoral.



- Indiana Jones y la última cruzada: El entretenimiento y la diversión a manos de gente que siempre buscó hallar los secretos más ocultos.




- Cadena perpetua: La historia de una vida y de cómo algunos obligaban a otros a pasarla. La historia de los lazos más fuertes que se crean entre los seres humanos.



- Trilogía El Señor de los anillos: Imaginamos otros mundos, otras culturas, otras gentes, inventamos aventuras épicas, entre todas ellas la más grande jamás contada.



- Trilogía Regreso al futuro: La ciencia ficción y la tecnología se unieron para hacernos soñar a todos.



- Trilogía Matrix: No hemos de olvidarnos de la filosofía.




Me despido por el momento no sin antes deciros que es un honor para mí poder escribiros estas líneas.
Nos vemos por estos mundos.


Lord Kamps, (Why so serious?)

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