
Ven y brinda con nosotros, porque aunque no lo quieras, en el fondo eres "one of us"...


"Nada de música de acompañamiento, de sostén o de refuerzo. Absolutamente nada de música. Salvo, por supuesto, la música interpretada por instrumentos visibles"
(Robert Bresson)
No nos engañemos, "La pianiste" no es una película agradable ni mucho menos. Todo lo contrario, es dura, desagradable, obscena, cruda, atroz y humillante, pero es impresionantemente admirable en su tristeza y su crueldad. Es de esos films imprescindibles, soberbios y necesarios pero que a uno le da reparo recomendar (véase, por ejemplo, lo complicado que es recomendarle a alguien películas como "Happinnes", "La celebración" o "Irreversible").
La pianista ha sido, probablemente, durante mucho tiempo la obra más conocida, junto a "Funny Games", de Michael Haneke y también la más laureada y ensalzada, lugar que me atrevo a asegurar va a suplantar "La cinta blanca". En ella se dan cita dos elementos que dan vida al relato, fusionándose en perfecta simbiosis: La música y la sexualidad extraña y pervertida.
La música, que siempre ha sido un elemento por el que Haneke ha pasado de puntillas en su cine y siempre nos ha llegado de manera extradiegética, se convierte aquí en un elemento indiscutible y primordial y sin cambiar para nada la filosofía y el pensamiento del director al respecto. No es que Haneke odie la música, nada más alejado de la realidad, ya que él la considera la mayor de las Artes; "sin la música, la vida sería otra cosa". Él cree que muchos directores hacen uso en ciertos momentos de la música para camuflar ciertas carencias de guión o para provocar sensaciones en el espectador que sus imágenes no consiguen transmitirnos. Para manipularnos en definitiva. Aquí la música, escogida por el propio Haneke, tiene un carácter marcadamente premoritorio, ya que su presencia nos conduce hacia la tragedia (entendida, como ya dije en anteriores posts, bajo el concepto griego de lo que es tragedia).
Recuerdo que cuando la vi en un cine, bastante gente (la que aguantó hasta el final de la
proyección, que no fue mucha) la tildaba de "pornográfica", concepto con el que no estoy para nada de acuerdo. Obsecenidad y transgresión sí, y en cantidades muy elevadas (pero retratadas de manera más correcta y no tan gratuita como en esa gran tomadura de pelo que es "Antichrist" de Lars Von Trier), pero pornografía no, para nada, no se equivoquen, que pornografía es todo aquello que hace de la sexualidad un negocio y lo que aquí tenemos es otra cosa, el drama de un alma atormentada. "Lógicamente", las reacciones en contra del film por parte de los sectores más conservadores no se hicieron esperar desde los primeros días de su estreno, reacciones ciertamente angustiosas de una parte de la sociedad mojigata e intransigente que no hacen sino evidenciar su falta de miras, su alarmante falta de permisividad y su nula capacidad para entender (y querer hacerlo) al que es diferente a ellos, con lo que pasan de ser meros ciudadanos enojados que defienden una idea a convertirse en ultras enfervorecidos sin cerebro ni ideas propias.
Por suerte para los que amamos el cine, el buen cine, toda esta polémica no sirvió para nada y la película fue premiada en el Festival de Cannes en el año 2001 (lo cual no evitó que la censura sacara sus tijeras a pasear y eliminara de la versión en alquiler escenas tan comentadas como la de la automutilación genital o algunos diálogos hirientes... sí, esos mismos censores que piensan que ver 5 partes de "Saw" no es perjudicial pero que una sexta sí lo es por su "violencia gratuita"... sí, los mismos que no harán nada ante la próxima película de "Caótico Médem", plagada de escenas tórridas porque se trata de supuesto cine de autor... Y que conste que a mi me parecerá bien que no hagan nada, no se crean, que yo estoy total y aboslutamente en contra de la censura y lo único que digo aquí es que tienen diferentes maneras de medir y hacer
valoraciones, nada más, que si por mi fuese, los censores estarían en su casita buscando otro trabajo).
El cine, no así la literatura, ha tendido siempre a plasmar el sexo (y la violencia salvo honrosas excepciones) de manera más que irreal y falsaria, pero Haneke es incluso hasta demasiado realista (entre los que me incluyo) para según qué personas y nos hace sentir dolor en lugar del placer que sienten los protagonistas. Cierto es que cada uno entendemos la sexualidad, al igual que todas las facetas de nuestra vida, de manera muy diferente a los demás y a todos no nos atraen ni nos excitan las mismas cosas que a la persona que tenemos al lado. Bastaría con leer tratados y estudios de personas tan ilustres como El Marqués de Sade, Deleuz ("Presentación de Sacher-Masoch. Lo frío y lo cruel" o su estudio del Eros en el cine de Antonioni), Freud (El problema económico del masoquista), o Richard von Krafft-Ebing (Psychopathia Sexualis) para darnos cuenta del amplio espectro de conductas y supuestas "desviaciones" que pueblan nuestra humanidad; "desviaciones" con las que algunas personas tratan de suplir las carencias afectivas de su alma encerrándolas en la Caja de Pandora de su corazón, como ocurre en este caso con la introvertida protagonista de la película, Erika Kohut. El ser una persona excesivamente introvertida es algo que siempre ha apasionado a los psiquiatras, que siempre han visto un rasgo negativo en ello, concluyendo que las personas que son así sienten una indiferencia total hacia sus semejantes y son incapaces de expresar sus sentimientos de manera adecuada, algo que define al personaje principal de la película de manera exacta, en quien parece prevalecer más el deseo de morir que el de seguir con esa vida insulsa únicamente aderezada por sus depravaciones sexuales y en la que advertimos desde el primer momento una nula capacidad de cambio o redención. También es cierto que la gente que se codea en ambientes más refinados, como es el caso de Erika, y con personas que tienen de todo encuanto lo deseen, tienden más a aburrirse de lo "mundano" y de lo de todos los días, por lo que tratan de ser cada vez un poco más atrevidos y no dudan en adentrarse y experimentar en los procelosos caminos, algunas veces oscuros, que nos ofrece el abanico de la sexualidad (recuerden si no a esos aristrocráticos y snobs aburridos que montaban orgias por doquier en la cinta "Eyes Wide Shut", por ejemplo). También cabría destacar, que muchas (por no decir todas) de las patologías que sufre nuestra protagonista, son debidas a la represión (sexual sobre todo) que ha sufrido por parte de una madre posesiva, que no le ha dejado tener adolescencia ni despertar sexual (recordemos que duermen juntas en la misma cama); y es que no hay que olvidar lo que pueden llegar a influír en nosotros, cuando somos niños o adolescentes, ciertas cosas que nos sobrepasan (y me viene a la mente una película que volví a ver esta semana, la sublime, maravillosa e injustamente olvidada "The Reader", donde un joven va a quedar marcado en su comportamiento para siempre por lo vivido en un sólo verano).
En esta ocasión, al igual que sucediera en la ya comentada "El Castillo", la película está basada
en un libro (donde la palabra tiene un peso extraordinario), en concreto en la novela homónima de Elfriede Jelinek, escritora desconocida para mi salvo por esta obra, he de confesar (pero esta vez la adaptación no es tan férrea ni exacta como en el caso del libro de Kafka, dejándole un poco más de libertad a Haneke para que desate su genialidad y talento). Tal es así que por ejemplo, al personaje de Walter Klemmens, Haneke le da una visión totalmente diferente a la que tenía en la novela, pasando de ser en el libro un personaje infantil y algo fascista a convertirlo en el film en un hombre que puede despertar cierto interés y atracción entre el público femenino y además le da un protagonismo al personaje en cuestión y a la historia de "amor" que en la novela no es más que una trama secundaria, porque a Haneke lo único que le interesa es mostrarnos la incapacidad que tiene el ser humano para amarse y quererse de verdad, teniéndose que ver arrastrado a intentar demostrarlo de maneras menos morales y depravadas (nuevamente hace acto de aparición la incapacidad de comunicarnos, en este caso de comunicar nuestros sentimientos).
Ya sólo con la primera escena, la de la pelea continua entre madre e hija, nos define a la perfección cómo son los personajes que nos vamos a encontrar en la película y cuán desgraciada es la existencia de los tres personajes principales del film.
Erika es una mujer que a pesar de contar con cuatro décadas a sus espaldas, aún no ha conseguido independizarse ni salir del yugo de una madre posesiva (como lo fuera la de Norman
Bates o la de Carrie). Erika es una Isabelle Huppert deslumbrante, que a pesar de no ser una mujer hermosa ni bella, su portentosa interpretación y su imponente presencia en pantalla (y fuera de ella) hace que la veamos (olvidándonos de sus defectos y carencias) como una mujer sugerente e incluso deseable. De moral cambiante y conducta abyecta, se ha convertido en un fiel reflejo del Dr. Jekyll y Mr. Hyde que tiene una cara elegante, capaz de desenvolverse con gracia y naturalidad en el refinado ambiente de la clase elitista musical de Viena, donde es una cotizada pianista; y por otro lado tenemos a la "bestia", que es capaz de descender sin problema alguno a los infiernos de la carne, la lujuria y la morbidez y que gusta de visitar cabinas de sex-shop recién usadas, de espiar a las parejas haciendo el amor, de automutilarse o de dañar, golpear y humillar a los demás para obtener su dosis de placer sexual. Es una mujer dura y despiadada con sus alumnos, pero incapaz de oponerse a los caprichos de su madre. Pero no hemos de engañarnos tampoco, que Erika no es así sólo por la conducta represiva de su madre, si atendemos a las palabras de Nacho Cagiga podremos verlo desde otro enfoque: "No son los condicionamientos psicosociales los que han hecho masoquista a Erika, sino que ese masoquismo se vuelve conflictivo precisamente porque la normalidad aparente que lo envuelve todo esconde en su subsuelo, bajo sus dobles capas, toda
una serie de miserias humanas reprimidas que emponzoñan el ambiente".
La madre, brillantemente interpretada por Anne Girardot, es el único personaje que carece de nombre propiamente dicho. Sabemos que es la Señora Kohul y el hecho de no tener un nombre concreto hace que su figura se extrapole en el espectro de la sociedad y su puesto pueda ser usurpado por cualquiera de las madres que hay como ella por el mundo. Su misión en el mundo es el de velar por el talento de su hija, forzándola a alcanzar las cotas más altas en su profesión y a mantenerla siempre alerta aunque sea discutiendo con ella continuamente. Le controla los horarios, los gastos y hasta sus pensamientos, cualquier cosa que Erika trate de hacer por sí misma.
Walter, el joven que encandila a Erika, es un "niño" jugando a ser mayor. No entiende a Erika ni el juego que esta le propone y cuando cree haberlo hecho, no es consciente de que ha fracasado estrepitosamente, ya que lo único que consigue es confundir las teorías de Sade y Masoch y se pierde en una frustrada espiral de violencia deplorable, condenable e injustificable (teniendo en cuenta que hablamos de "violencia" consentida sadomasoquista, que cualquier otro tipo de violencia está injustificado siempre, quede claro), con lo que cruza una línea y un límite que jamás nadie debería traspasar.
Por favor, acérquense a esta cinta con cautela, sin prejuicios y pensando que van a encontrar en ella reminiscencias del cine de Chabrol, de Antonioni sobre todo y algo del "Belle de Jour" de Luis Buñuel pero elevado al infinito. Mírenla y olvídense de la falsa moralidad que nos rodea, porque se supone que nuestro mundo, nuestras vidas, están regidas por el respeto al otro y por la moralidad... sí, claro, y por la justicia también, ¿verdad?... En fin, he aquí una historia de de (auto)dominación del alma y (auto)humillación, de (auto)sufrimiento y placer enfermizo mal entendido, de soledad y represión sexual, he aquí la historia de una mujer que no se quería y por lógica no podía querer a los demás... ¿hay algo más triste que no quererse?. No, creo que no.
Ficha técnica
Título original : (La Pianiste); Dirección: Michael Haneke; Guión: Michael Haneke, basado en la novela homónima de Elfriede Jelinek; Productor: Alain Sarde; Fotografía: Christian Berger; Música: Selección de piezas de Schumann y Schubert; Edición: Monika Willi, Nadine Muse; Reparto: Isabelle Huppert (Erika Kahut), Benoît Maginel (Walter Klemmer), Annie Girardot (madre), Anna Sigalevitch (Anna Schober), Susanne Lothar (señora Schober), Udo Samel (doctor Blanskij); Austria - Francia, 2001. 130 min.
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Decíamos hace unas semanas, que "71 fragmentos de una cronología del azar" era la semilla que Haneke había plantado en su filmografía y que al crecer se convertiría en esta obra que ahora nos ocupa, "Code Inconnu: Recit Incomplet de divers voyages". En esta ocasión el director alemán vuelve a tejer una maraña de historias que se entrecruzan y en las que vuelven a actuar factores ya conocidos por nosotros, los espectadores de su cine, como puedan ser el azar, el destino y los cortes bruscos que nos sumergen en una pantalla de un negro abismal y elíptico que nos hace pensar en el miedo que nos da vivir en este mundo.
Haneke justo después del comienzo de su película, nos sorprende con un portentoso plano-secuencia de ocho minutos de duración (tal vez el plano que más veces tuvo que repetir en toda su carrera; hasta en treinta ocasiones) en el que un joven lanza el envoltorio con la comida sobrante a una indigente. Un joven negro le llama la atención y todo acaba en una pelea que se acaba ante la aparición de la policía. El chico que tiró el papel se marcha libremente, el joven negro es detenido y la indigente, en condición de ilegal, deportada a su Rumanía natal.
Hasta aquí todo sucede con normalidad, ¿no?. Si hay que detener a alguien, pues que sea al joven negro, que seguro que es el culpable por tener un color de piel diferente. ¿O acaso les parece exagerado este planteamiento con el que Haneke nos presenta la trama a desarrollar?. ¿Acaso no es esto lo que acontece cada día en nuestras ciudades condicionadas por acotados entornos sociales, culturales, religiosos, xenófobos y raciales?...
Sí, señores (y señoras, por supuesto) míos. La realidad se está resquebrajando poco a poco y rompiendo en infinidad de trozos que nos llevan hasta el silencio condenatorio más absoluto sobre el que será imposible edificar nada.
El ansioso mundo en el que vivimos, pero no sólo en el que queda acotado en nuestro barrio sino a todo el planeta en general, está atravesando una etapa de crisis tanto económica como, y en eso estarán de acuerdo conmigo, estructural y social.
Según el filósofo Sergio Cotta "cualquier período en el que cambie profundamente el orden social
establecido lleva aparejadas intensas y desgarradoras transformaciones en las costumbres, en los sentimientos, en los modos de pensar consolidados, en la aceptación de los valores éticos-sociales".
Estas palabras del pensador italiano no podrían definir mejor la vida en nuestro hábitat falto de educación y donde los niveles de tolerancia y convivencia parecen extintos.
El joven negro al que hacía mención al comienzo de este post sufre distintos grados de violencia y xenofobia lo largo del metraje, a lo largo de su vida, ya sea física (como la de la detención a manos de la policía) como velada y silenciosa (como cuando se le niega el total acceso a cierto local). Y eso es una triste verdad de nuestros días donde inmigrantes ilegales huyen del horror de sus países de origen y se refugian en nuestras calles camuflándose con el entorno para no ser vistos y deportados, transformando su piel del color del cemento que les sirve de colchón y de la textura de los cartones con los que se refugian del frío.
Respecto a este tema, el de la inmigración, nos molesta ver a estos indigentes (que algunas veces, la mayoría, no son extranjeros) por las calles, "nuestras" calles, “ensuciándolas” con su sola presencia y allanando nuestra paz espiritual de folletín religioso para mendigar y pedirnos dinero. Olvidamos, muy injustamente, que nosotros en otros tiempos también hemos tenido que buscar nuevas vías de subsistencia y nos hemos visto obligados a tener que viajar y ocupar ciudades como Argentina, Alemania o Francia para realizar trabajos que nadie quería hacer e, incluso, teniendo que degradar nuestra moralidad para obtener dinero con el que alimentar a nuestras familias de cualquier forma posible... En fin, como vemos, la memoria (histórica o no) es algo muy débil y de fácil disolución, como ya les he mencionado en alguna ocasión.
Haneke comienza su película con una escena, que llega a nosotros como una disgresión entre los títulos de crédito y que es un fiel reflejo de la falta de comunicación que padece la sociedad de hoy día. Vemos a un grupo de niños sordomudos y a una niña a la que, por medio de signos, sus compañeros le están haciendo preguntas. La niña, ante la imposibilidad de contestar acertadamente, se pone nerviosa y responde a todo de forma negativa, sumiéndose en un estado de desesperación interna. Fundido a negro (aquí, en esta película, Haneke vuelve a los cortes bruscos entre escenas).
Después viene el largo (8 minutos) y poderoso travelling/plano-secuencia que he mencionado al comenzar este post. La cámara acompaña a Anne (una siempre elegante y sensual Juliette Binoche) por la calle hasta que se encuentra con un joven que le dice que necesita alojarse en su casa. Tras resistirse un poco, accede y le da las llaves. El plano retrocede su camino y la cámara acompaña al joven que caminando lanza los restos de lo que parece un bocadillo al regazo de una indigente (la capacidad de Haneke para crear angustia en cualquier situación mundana es asombrosa y digna de elogio). Un joven negro le llama la atención de forma algo soberbia, como tratando de buscar pelea que se suele decir. Comienza una sucesión de retos y agresiones verbales que llegan a su fin con la aparición de la policía.
Partiendo de este punto, se comienza a desarrollar la trama, donde se se dan cita persona(je)s como el chico negro que acabamos de ver y que a pesar de ser un tanto prepotente y altivo, resulta ser un buen chico. Es hijo de inmigrantes originarios de Mali, pero a diferencia de sus padres, se ha adaptado bien a la vida occidental y su actitud y pensamiento (en detalles como mantener una relación con una chica parisina blanca, por ejemplo) es más progresista que el de
su familia, que culpan a los occidentales blancos" de todos los males que les suceden. Quisiera hacer un apunte a este último dato, el de culpar a otros de nuestros males, porque es algo a lo que somos muy propicios, a excluirnos y marginarnos nosotros mismos y a no asumir nuestros errores y creer que son siempre culpa de otros de la mala suerte.
Otro personaje es un joven francés que viven con su padre en una granja a las afueras de París. El problema de estas dos personas es que el chico, rebelde y muy locuaz, siente que su padre no le quiere ni le valora y por contra, su padre, no se siente capacitado para expresar todo el amor y el cariño que profesa hacia su hijo (cuyas consecuencias paga el ganado). Como vemos aquí y en
muchos otros pasajes de la película, el lenguaje, la palabra hablada no es suficiente para que se produzca la comunicación, ya que el granjero podría expresar lo que siente hacia su hijo de muchas maneras, pero como a todos nosotros, le cuesta ser entendido y darse a entender. Y es que adolecemos todos de un mal terrible (uno de tantos), el de la incapacidad de comunicación. Los seres humanos no somos (la gran mayoría, entre los que por suerte no me incluyo) sino personajes perdidos en el gran teatro de la vida que no son capaces de expresar con claridad sus emociones y sólo pueden fingir que se quieren y que saben reírse, cuando en realidad están confundidos y perdidos como niños ciegos en el desierto de las relaciones personales (a este respecto es muy enriquecedor la lectura de "La sociedad multitécnica" de Giovanni Sartori).
Tenemos también a María, la inmigrante rumana que decide abandonar su tierra natal y a su familia y amigos para irse a Saint-Germain y tener que mendigar para poder vivir.
Por otro lado tenemos a la que para mi es la protagonista indiscutible, Anne, una actriz muy buena y muy segura en su trabajo, lleno de personajes complejos que borda con perfección, pero muy insegura en su vida personal (como la escena del metro, donde más pareciera una niña indefensa que una mujer decidida).
Respecto a Anne, hay una secuencia muy curiosa (una de muchas) en la que la vemos en la piscina jugando con un hombre y un niño. Esta secuencia tiene una magia especial, porque es totalmente intemporal. No sabemos si pertenece al pasado o al futuro de su vida, ya que es una
escena que no podemos ubicar en ningún contexto del resto de la historia que Haneke nos presenta.
Y como contrapunto de Anne, tenemos a George, un fotógrafo (de guerra principalmente) que aparece y desaparece de su vida cuando le viene en gana.
La película, una difícil y contundente propuesta fílmica (que hizo que en mi mente resonaran ecos de filmes como "El dulce porvenir" o "El invitado de invierno"), acaba sumida en el caos sonoro de la música ensordecedora que sale de los tambores aporreados por los niños sordomudos. Un ruido siempre presente en nuestras vidas (ruido sonoro y visual) que no nos deja escuchar lo que ocurre a nuestro alrededor y lo que es peor, nos atrapa de tal manera que nos imposibilita escape alguno posible.
Uno de los temas que aquí se trata, en el personaje de Anne y su trabajo principalmente, es el de la ficción en la ficción (de hecho una de las películas que representa se llama “La coleccionista”, en referencia a “El coleccionista” de William Wyler, al que Haneke ha homenajeado en alguna ocasión).
Este fue un tema que apasionó a Pasolini durante años, llegando a realizar intensos y acertados estudios al respecto (y al plano-secuencia) y algunos cineastas como David Lynch han llevado hasta el extremo en ese experimento fílmico de difícil catalogazión que es “Inland Empire” y que ya hiciese años, aunque más sutilmente, Orson Welles en su obra de referencia “Ciudadano Kane”.
En esta dualidad de realidad y ficción, nos encontramos de pronto con una Anne que pasa de estar en la calle a estar secuestrada y hablándonos de manera desesperada a la cámara, con una fuerza tal que nos olvidamos de que todo es mentira y nos transporta la mente hasta los momentos más angustiosos de “Funny Games”.
Las películas de ficción representan lo imaginado, pero si descomponemos este proceso se pueden advertir que está formada por dos partes, la de los actores que interpretan su papel y la de la propia película al proyectarse, por lo que el cine es dos veces irreal (ficción dentro de la ficción), por la historia que nos cuenta y por la forma interpretada de lo que se nos narra. Es por ello que Haneke busca toda la realidad posible en sus trabajos, porque sabe que parte con
desventaja hacia nosotros, sabe que su premisa ya es engañosa desde su concepción.
El problema de que no nos entendamos entre nosotros no es, creo yo, que hablemos idiomas distintos sino que no sabemos bien qué decirnos y cuando nos atrevemos a hablar de verdad, no a soltar palabras sin sentido porque sí, nos encontramos con que la otra persona ni sabe escucharnos ni tan siquiera quiere oír lo que le vamos a contar, por lo que, como se suele decir, no sólo no se puede sino que además es imposible...


es la primera obra maestra de esta década que acabamos de comenzar.
hombre, ese ser erróneamente llamado humano.
fue concebida, en su génesis, unos diez años atrás, como una serie de televisión de tres episodios (que, "curiosamente", no encontró financiación ni hueco en la "siempre interesante" programación de la parrilla televisiva) pero en un proceso de mutación sin precedentes, ha acabado convirtiéndose en esta parábola socio política del carácter alemán nacional y del germen del fascismo que acontece 20 años antes de lo expuesto en el párrafo anterior en una idílica y tranquila zona rural protestante de la Alemania Guillermina, donde la violencia, el abuso, la represión, la rabia, las mentiras, la desconfianza, la tensión y la maldad del alma humana convertirán un relato que parece un bucólico recuerdo campestre en una auténtica pesadilla de puro terror mundial.
sucesión de hechos que tienen a los niños del pueblo como protagonistas (bien como sufridores, bien como ejecutores) y es que sobre ellos, más que sobre nadie, caerán las consecuencias de lo que ocurra, quedándose marcadas a fuego en su mente y su alma esas vivencias y experiencias que (tal vez) dejarán salir a flote cuando sean mayores (poniendo de relieve esa teoría psiquiátrica que dice que uno repite los hechos que sus padres han realizado con él, ya que lo que vives de niño te marca de adulto, inevitablemente).
pantalla negra, Haneke, a través de la voz del profesor de la escuela que actúa como narrador en off (una voz extraña que tiene la capacidad de producir distanciamiento en el espectador, poniendo un carácter brechtiano en ello), nos advierte que lo que vamos a ver no tiene por qué ser del todo verdad, o que los hechos no tuvieron que acaecer exactamente así, ya que es algo que se cuenta en parte de oídas y suposiciones y, además, es algo bastante lejano en el tiempo (y todos sabemos cómo los recuerdos van variando en nuestra mente según pasan los años llegando un momento en el que incluso dudamos de su veracidad).
piezas, ya que sólo así, desde la distancia que nos dan las imágenes y las interpretaciones, podemos llegar a entender el film y despejar gran parte de las incógnitas y dudas que nos suscita, porque es inevitable que nuestra cabeza se llene de preguntas una vez acabada la cinta (nunca mejor dicho).
llevar por la rueda de la vida y fingiendo que su corazón y su alma no están hechas añicos.
“Das Schloß” (1997) es la obra más atípica de toda la filmografía de Michael Haneke, un rara avis pensado para la televisión que aparece en su currículum como un oasis extraño en medio del desierto. 

Y aquí, desde lo alto del torreón que corona mi viejo y destartalado castillo, escribo este post mientras allá abajo, en las calles y barriadas, el extraño y convulso Mundo me busca para invitarme a que forme parte de él, ¿pero saben qué les digo, queridos discípulos?, que pienso cerrar bien la puerta y las ventanas porque en mi Castillo estoy seguro y feliz. 
Frankenwennie

En palabras del propio Michael Haneke, "la violencia está en todas mis películas, sí, pero no como espectáculo" y es que el cineasta nos enseña la violencia (más bien nos la sugiere y nuestra mente la recrea) representada, para que nosotros seamos los que nos cuestionemos cómo de arraigada, como ya he comentado en posts anteriores, está en nuestras vidas y es que su presencia alcanza cotas casi pornográficas en unos medios de comunicación manipuladores,cínicos y pretenciosos.
conocida por "generación de la violencia" que fueron Aldrich, Peckinpah, Fleischer, Ray, Brooks, Fuller o Mann a los que desde revistas prestigiosas como "Cahiers du cinema" se les consideraba héroes de la transgresión?. Como ellos, Haneke muestra interés en manifestar las diferentes formas de la violencia, tanto social, individual como institucionalmente, volcándose, eso sí, más hacia la violencia moral que a la física.
rir a la violencia, con lo que convertiríamos el mundo ya no en un lugar más peligroso de lo que es, sino, y esto es más grave si cabe, más indefenso de lo que ya está ante futuros ataques de ira, soberbia y egocentrismo.
una noticia más de las que pueblan el variopinto territorio de los "mass media" (aquella que nos narraba los crímenes perpetrados por una serie de jóvenes de clase media-alta por puro placer y aburrimiento, como sucedía en "El video de Benny"), comienza........
personas en el mismo jugando al golf. Anna y Georg (nuevamente esos nombres) hablan con sus vecinos desde la distancia y se percibe cierta frialdad en su comportamiento, como si hubiese algo extraño alrededor de ellos.
Cuando uno acaba la desasosegante película es plenamente consciente que no ha visto un simple thriller de horror, no, sino que la sensación que queda, ese regusto amargo como a comida quemada que se instala en nuestro paladar y que no se nos va fácilmente, nos dice que lo espantoso no son los asesinatos en sí que hemos visto y tolerado, que también, lo verdaderamente horrible es que puede (y es) ser verídico y además los asesinos no se guían por ningún canon o mandamientos que cumplir, el caos reina en sus acciones y carecen de reglas
a seguir o barreras que limiten sus actos de barbarie y salvajismo... algo que también parece ser la tónica general en nuestra cotidianeidad y realidad, o no me digan que no les asusta la idea de que unos extraños se adueñen de su vida y, como gente real que somos, no sepamos defendernos de ello.







- DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS: Esa fantástica obra de arte para los niños que todavía viven dentro de los adultos que somos.