LA CAJA DE PANDORA MAGAZINE

domingo, 31 de enero de 2010

Escena del Día: "Freaks" de Todd Browning (o ven y brinda con nosotros, compañero)


Tú, ser humano, te crees muy importante, ¿verdad?. Eres la especie dominante en el planeta, arrasas con todo lo que te molesta y te asientas donde te da la gana, modificando el entorno y el ecosistema si con ello logras estar más cómodo. Te miras al espejo y te gustas, eres un animal evolucionado, hermoso, fuerte, inteligente y prodigioso, o eso es lo que crees... Si miraras dentro de ti, en lo más profundo de tu alma, verías que realmente eres feo, una deformidad mayor que nosotros. Tal vez nuestro aspecto físico no sea el más agradable a la vista, pero el aspecto de tu alma es aún más horrible de lo que a ti te parece mi rostro. Puede que estemos limitados en nuestra inteligencia o en nuestros sentidos o en ambas cosas a la vez, pero hasta nosotros entendemos el mal que le estás haciendo a tus semejantes y a ti mismo con esa actitud arrogante. Yo no tengo brazos ni manos que utilizar, pero tu las tienes y no sabes cómo emplearlas. Yo carezco de piernas con las que caminar y pies con los que sujetarme al suelo, pero tu las tienes y no eres capaz de correr y huír del infierno que estás creando. Yo no tengo neuronas activas ni sanas con las que tan siquiera pensar en mi nombre, pero tu tienes el cerebro intacto y por él no circulan más que maldades y estupideces. Tu te ríes de mi porque mi aspecto es ridículo y soy una presa fácil de la que burlarse, pero yo lloro al verte a ti porque no entiendes nada de nada... Tú crees estar a años luz de gente como nosotros, pero yo sé la verdad, sé que por dentro eres un freak como todos nosotros...
Ven y brinda con nosotros, porque aunque no lo quieras, en el fondo eres "one of us"...


jueves, 28 de enero de 2010

Estudio Michael Haneke (9):"La pianista" (o el extraño caso de la profesora de piano y Mr. Hyde)


"Nada de música de acompañamiento, de sostén o de refuerzo. Absolutamente nada de música. Salvo, por supuesto, la música interpretada por instrumentos visibles"

(Robert Bresson)

No nos engañemos, "La pianiste" no es una película agradable ni mucho menos. Todo lo contrario, es dura, desagradable, obscena, cruda, atroz y humillante, pero es impresionantemente admirable en su tristeza y su crueldad. Es de esos films imprescindibles, soberbios y necesarios pero que a uno le da reparo recomendar (véase, por ejemplo, lo complicado que es recomendarle a alguien películas como "Happinnes", "La celebración" o "Irreversible").

La pianista ha sido, probablemente, durante mucho tiempo la obra más conocida, junto a "Funny Games", de Michael Haneke y también la más laureada y ensalzada, lugar que me atrevo a asegurar va a suplantar "La cinta blanca". En ella se dan cita dos elementos que dan vida al relato, fusionándose en perfecta simbiosis: La música y la sexualidad extraña y pervertida.
La música, que siempre ha sido un elemento por el que Haneke ha pasado de puntillas en su cine y siempre nos ha llegado de manera extradiegética, se convierte aquí en un elemento indiscutible y primordial y sin cambiar para nada la filosofía y el pensamiento del director al respecto. No es que Haneke odie la música, nada más alejado de la realidad, ya que él la considera la mayor de las Artes; "sin la música, la vida sería otra cosa". Él cree que muchos directores hacen uso en ciertos momentos de la música para camuflar ciertas carencias de guión o para provocar sensaciones en el espectador que sus imágenes no consiguen transmitirnos. Para manipularnos en definitiva. Aquí la música, escogida por el propio Haneke, tiene un carácter marcadamente premoritorio, ya que su presencia nos conduce hacia la tragedia (entendida, como ya dije en anteriores posts, bajo el concepto griego de lo que es tragedia).

Recuerdo que cuando la vi en un cine, bastante gente (la que aguantó hasta el final de la proyección, que no fue mucha) la tildaba de "pornográfica", concepto con el que no estoy para nada de acuerdo. Obsecenidad y transgresión sí, y en cantidades muy elevadas (pero retratadas de manera más correcta y no tan gratuita como en esa gran tomadura de pelo que es "Antichrist" de Lars Von Trier), pero pornografía no, para nada, no se equivoquen, que pornografía es todo aquello que hace de la sexualidad un negocio y lo que aquí tenemos es otra cosa, el drama de un alma atormentada. "Lógicamente", las reacciones en contra del film por parte de los sectores más conservadores no se hicieron esperar desde los primeros días de su estreno, reacciones ciertamente angustiosas de una parte de la sociedad mojigata e intransigente que no hacen sino evidenciar su falta de miras, su alarmante falta de permisividad y su nula capacidad para entender (y querer hacerlo) al que es diferente a ellos, con lo que pasan de ser meros ciudadanos enojados que defienden una idea a convertirse en ultras enfervorecidos sin cerebro ni ideas propias.

Por suerte para los que amamos el cine, el buen cine, toda esta polémica no sirvió para nada y la película fue premiada en el Festival de Cannes en el año 2001 (lo cual no evitó que la censura sacara sus tijeras a pasear y eliminara de la versión en alquiler escenas tan comentadas como la de la automutilación genital o algunos diálogos hirientes... sí, esos mismos censores que piensan que ver 5 partes de "Saw" no es perjudicial pero que una sexta sí lo es por su "violencia gratuita"... sí, los mismos que no harán nada ante la próxima película de "Caótico Médem", plagada de escenas tórridas porque se trata de supuesto cine de autor... Y que conste que a mi me parecerá bien que no hagan nada, no se crean, que yo estoy total y aboslutamente en contra de la censura y lo único que digo aquí es que tienen diferentes maneras de medir y hacer valoraciones, nada más, que si por mi fuese, los censores estarían en su casita buscando otro trabajo).

El cine, no así la literatura, ha tendido siempre a plasmar el sexo (y la violencia salvo honrosas excepciones) de manera más que irreal y falsaria, pero Haneke es incluso hasta demasiado realista (entre los que me incluyo) para según qué personas y nos hace sentir dolor en lugar del placer que sienten los protagonistas. Cierto es que cada uno entendemos la sexualidad, al igual que todas las facetas de nuestra vida, de manera muy diferente a los demás y a todos no nos atraen ni nos excitan las mismas cosas que a la persona que tenemos al lado. Bastaría con leer tratados y estudios de personas tan ilustres como El Marqués de Sade, Deleuz ("Presentación de Sacher-Masoch. Lo frío y lo cruel" o su estudio del Eros en el cine de Antonioni), Freud (El problema económico del masoquista), o Richard von Krafft-Ebing (Psychopathia Sexualis) para darnos cuenta del amplio espectro de conductas y supuestas "desviaciones" que pueblan nuestra humanidad; "desviaciones" con las que algunas personas tratan de suplir las carencias afectivas de su alma encerrándolas en la Caja de Pandora de su corazón, como ocurre en este caso con la introvertida protagonista de la película, Erika Kohut. El ser una persona excesivamente introvertida es algo que siempre ha apasionado a los psiquiatras, que siempre han visto un rasgo negativo en ello, concluyendo que las personas que son así sienten una indiferencia total hacia sus semejantes y son incapaces de expresar sus sentimientos de manera adecuada, algo que define al personaje principal de la película de manera exacta, en quien parece prevalecer más el deseo de morir que el de seguir con esa vida insulsa únicamente aderezada por sus depravaciones sexuales y en la que advertimos desde el primer momento una nula capacidad de cambio o redención. También es cierto que la gente que se codea en ambientes más refinados, como es el caso de Erika, y con personas que tienen de todo encuanto lo deseen, tienden más a aburrirse de lo "mundano" y de lo de todos los días, por lo que tratan de ser cada vez un poco más atrevidos y no dudan en adentrarse y experimentar en los procelosos caminos, algunas veces oscuros, que nos ofrece el abanico de la sexualidad (recuerden si no a esos aristrocráticos y snobs aburridos que montaban orgias por doquier en la cinta "Eyes Wide Shut", por ejemplo). También cabría destacar, que muchas (por no decir todas) de las patologías que sufre nuestra protagonista, son debidas a la represión (sexual sobre todo) que ha sufrido por parte de una madre posesiva, que no le ha dejado tener adolescencia ni despertar sexual (recordemos que duermen juntas en la misma cama); y es que no hay que olvidar lo que pueden llegar a influír en nosotros, cuando somos niños o adolescentes, ciertas cosas que nos sobrepasan (y me viene a la mente una película que volví a ver esta semana, la sublime, maravillosa e injustamente olvidada "The Reader", donde un joven va a quedar marcado en su comportamiento para siempre por lo vivido en un sólo verano).

En esta ocasión, al igual que sucediera en la ya comentada "El Castillo", la película está basada en un libro (donde la palabra tiene un peso extraordinario), en concreto en la novela homónima de Elfriede Jelinek, escritora desconocida para mi salvo por esta obra, he de confesar (pero esta vez la adaptación no es tan férrea ni exacta como en el caso del libro de Kafka, dejándole un poco más de libertad a Haneke para que desate su genialidad y talento). Tal es así que por ejemplo, al personaje de Walter Klemmens, Haneke le da una visión totalmente diferente a la que tenía en la novela, pasando de ser en el libro un personaje infantil y algo fascista a convertirlo en el film en un hombre que puede despertar cierto interés y atracción entre el público femenino y además le da un protagonismo al personaje en cuestión y a la historia de "amor" que en la novela no es más que una trama secundaria, porque a Haneke lo único que le interesa es mostrarnos la incapacidad que tiene el ser humano para amarse y quererse de verdad, teniéndose que ver arrastrado a intentar demostrarlo de maneras menos morales y depravadas (nuevamente hace acto de aparición la incapacidad de comunicarnos, en este caso de comunicar nuestros sentimientos).

Ya sólo con la primera escena, la de la pelea continua entre madre e hija, nos define a la perfección cómo son los personajes que nos vamos a encontrar en la película y cuán desgraciada es la existencia de los tres personajes principales del film.

Erika es una mujer que a pesar de contar con cuatro décadas a sus espaldas, aún no ha conseguido independizarse ni salir del yugo de una madre posesiva (como lo fuera la de Norman Bates o la de Carrie). Erika es una Isabelle Huppert deslumbrante, que a pesar de no ser una mujer hermosa ni bella, su portentosa interpretación y su imponente presencia en pantalla (y fuera de ella) hace que la veamos (olvidándonos de sus defectos y carencias) como una mujer sugerente e incluso deseable. De moral cambiante y conducta abyecta, se ha convertido en un fiel reflejo del Dr. Jekyll y Mr. Hyde que tiene una cara elegante, capaz de desenvolverse con gracia y naturalidad en el refinado ambiente de la clase elitista musical de Viena, donde es una cotizada pianista; y por otro lado tenemos a la "bestia", que es capaz de descender sin problema alguno a los infiernos de la carne, la lujuria y la morbidez y que gusta de visitar cabinas de sex-shop recién usadas, de espiar a las parejas haciendo el amor, de automutilarse o de dañar, golpear y humillar a los demás para obtener su dosis de placer sexual. Es una mujer dura y despiadada con sus alumnos, pero incapaz de oponerse a los caprichos de su madre. Pero no hemos de engañarnos tampoco, que Erika no es así sólo por la conducta represiva de su madre, si atendemos a las palabras de Nacho Cagiga podremos verlo desde otro enfoque: "No son los condicionamientos psicosociales los que han hecho masoquista a Erika, sino que ese masoquismo se vuelve conflictivo precisamente porque la normalidad aparente que lo envuelve todo esconde en su subsuelo, bajo sus dobles capas, toda una serie de miserias humanas reprimidas que emponzoñan el ambiente".
La madre, brillantemente interpretada por Anne Girardot, es el único personaje que carece de nombre propiamente dicho. Sabemos que es la Señora Kohul y el hecho de no tener un nombre concreto hace que su figura se extrapole en el espectro de la sociedad y su puesto pueda ser usurpado por cualquiera de las madres que hay como ella por el mundo. Su misión en el mundo es el de velar por el talento de su hija, forzándola a alcanzar las cotas más altas en su profesión y a mantenerla siempre alerta aunque sea discutiendo con ella continuamente. Le controla los horarios, los gastos y hasta sus pensamientos, cualquier cosa que Erika trate de hacer por sí misma.
Walter, el joven que encandila a Erika, es un "niño" jugando a ser mayor. No entiende a Erika ni el juego que esta le propone y cuando cree haberlo hecho, no es consciente de que ha fracasado estrepitosamente, ya que lo único que consigue es confundir las teorías de Sade y Masoch y se pierde en una frustrada espiral de violencia deplorable, condenable e injustificable (teniendo en cuenta que hablamos de "violencia" consentida sadomasoquista, que cualquier otro tipo de violencia está injustificado siempre, quede claro), con lo que cruza una línea y un límite que jamás nadie debería traspasar.

Por favor, acérquense a esta cinta con cautela, sin prejuicios y pensando que van a encontrar en ella reminiscencias del cine de Chabrol, de Antonioni sobre todo y algo del "Belle de Jour" de Luis Buñuel pero elevado al infinito. Mírenla y olvídense de la falsa moralidad que nos rodea, porque se supone que nuestro mundo, nuestras vidas, están regidas por el respeto al otro y por la moralidad... sí, claro, y por la justicia también, ¿verdad?... En fin, he aquí una historia de de (auto)dominación del alma y (auto)humillación, de (auto)sufrimiento y placer enfermizo mal entendido, de soledad y represión sexual, he aquí la historia de una mujer que no se quería y por lógica no podía querer a los demás... ¿hay algo más triste que no quererse?. No, creo que no.

Ficha técnica
Título original : (La Pianiste); Dirección: Michael Haneke; Guión: Michael Haneke, basado en la novela homónima de Elfriede Jelinek; Productor: Alain Sarde; Fotografía: Christian Berger; Música: Selección de piezas de Schumann y Schubert; Edición: Monika Willi, Nadine Muse; Reparto: Isabelle Huppert (Erika Kahut), Benoît Maginel (Walter Klemmer), Annie Girardot (madre), Anna Sigalevitch (Anna Schober), Susanne Lothar (señora Schober), Udo Samel (doctor Blanskij); Austria - Francia, 2001. 130 min.

Siguiente en el Estudio Michael Haneke: El tiempo del lobo


martes, 26 de enero de 2010

viernes, 22 de enero de 2010

Estudio Michael Haneke (8): Código desconocido (o no me hables que no te escucho)


Es una conciencia que pretende negar a través de una conducta mágica, un objeto del mundo exterior y que llegará a aniquilarse a sí mismo con tal de aniquilar al objeto consigo”
Jean-Paul Sartre hablando sobre el miedo.

Decíamos hace unas semanas, que "71 fragmentos de una cronología del azar" era la semilla que Haneke había plantado en su filmografía y que al crecer se convertiría en esta obra que ahora nos ocupa, "Code Inconnu: Recit Incomplet de divers voyages". En esta ocasión el director alemán vuelve a tejer una maraña de historias que se entrecruzan y en las que vuelven a actuar factores ya conocidos por nosotros, los espectadores de su cine, como puedan ser el azar, el destino y los cortes bruscos que nos sumergen en una pantalla de un negro abismal y elíptico que nos hace pensar en el miedo que nos da vivir en este mundo.
Haneke justo después del comienzo de su película, nos sorprende con un portentoso plano-secuencia de ocho minutos de duración (tal vez el plano que más veces tuvo que repetir en toda su carrera; hasta en treinta ocasiones) en el que un joven lanza el envoltorio con la comida sobrante a una indigente. Un joven negro le llama la atención y todo acaba en una pelea que se acaba ante la aparición de la policía. El chico que tiró el papel se marcha libremente, el joven negro es detenido y la indigente, en condición de ilegal, deportada a su Rumanía natal.
Hasta aquí todo sucede con normalidad, ¿no?. Si hay que detener a alguien, pues que sea al joven negro, que seguro que es el culpable por tener un color de piel diferente. ¿O acaso les parece exagerado este planteamiento con el que Haneke nos presenta la trama a desarrollar?. ¿Acaso no es esto lo que acontece cada día en nuestras ciudades condicionadas por acotados entornos sociales, culturales, religiosos, xenófobos y raciales?...
Sí, señores (y señoras, por supuesto) míos. La realidad se está resquebrajando poco a poco y rompiendo en infinidad de trozos que nos llevan hasta el silencio condenatorio más absoluto sobre el que será imposible edificar nada.
El ansioso mundo en el que vivimos, pero no sólo en el que queda acotado en nuestro barrio sino a todo el planeta en general, está atravesando una etapa de crisis tanto económica como, y en eso estarán de acuerdo conmigo, estructural y social.
Según el filósofo Sergio Cotta "cualquier período en el que cambie profundamente el orden social establecido lleva aparejadas intensas y desgarradoras transformaciones en las costumbres, en los sentimientos, en los modos de pensar consolidados, en la aceptación de los valores éticos-sociales".
Estas palabras del pensador italiano no podrían definir mejor la vida en nuestro hábitat falto de educación y donde los niveles de tolerancia y convivencia parecen extintos.
El joven negro al que hacía mención al comienzo de este post sufre distintos grados de violencia y xenofobia lo largo del metraje, a lo largo de su vida, ya sea física (como la de la detención a manos de la policía) como velada y silenciosa (como cuando se le niega el total acceso a cierto local). Y eso es una triste verdad de nuestros días donde inmigrantes ilegales huyen del horror de sus países de origen y se refugian en nuestras calles camuflándose con el entorno para no ser vistos y deportados, transformando su piel del color del cemento que les sirve de colchón y de la textura de los cartones con los que se refugian del frío.
Respecto a este tema, el de la inmigración, nos molesta ver a estos indigentes (que algunas veces, la mayoría, no son extranjeros) por las calles, "nuestras" calles, “ensuciándolas” con su sola presencia y allanando nuestra paz espiritual de folletín religioso para mendigar y pedirnos dinero. Olvidamos, muy injustamente, que nosotros en otros tiempos también hemos tenido que buscar nuevas vías de subsistencia y nos hemos visto obligados a tener que viajar y ocupar ciudades como Argentina, Alemania o Francia para realizar trabajos que nadie quería hacer e, incluso, teniendo que degradar nuestra moralidad para obtener dinero con el que alimentar a nuestras familias de cualquier forma posible... En fin, como vemos, la memoria (histórica o no) es algo muy débil y de fácil disolución, como ya les he mencionado en alguna ocasión.
Haneke comienza su película con una escena, que llega a nosotros como una disgresión entre los títulos de crédito y que es un fiel reflejo de la falta de comunicación que padece la sociedad de hoy día. Vemos a un grupo de niños sordomudos y a una niña a la que, por medio de signos, sus compañeros le están haciendo preguntas. La niña, ante la imposibilidad de contestar acertadamente, se pone nerviosa y responde a todo de forma negativa, sumiéndose en un estado de desesperación interna. Fundido a negro (aquí, en esta película, Haneke vuelve a los cortes bruscos entre escenas).
Después viene el largo (8 minutos) y poderoso travelling/plano-secuencia que he mencionado al comenzar este post. La cámara acompaña a Anne (una siempre elegante y sensual Juliette Binoche) por la calle hasta que se encuentra con un joven que le dice que necesita alojarse en su casa. Tras resistirse un poco, accede y le da las llaves. El plano retrocede su camino y la cámara acompaña al joven que caminando lanza los restos de lo que parece un bocadillo al regazo de una indigente (la capacidad de Haneke para crear angustia en cualquier situación mundana es asombrosa y digna de elogio). Un joven negro le llama la atención de forma algo soberbia, como tratando de buscar pelea que se suele decir. Comienza una sucesión de retos y agresiones verbales que llegan a su fin con la aparición de la policía.
Partiendo de este punto, se comienza a desarrollar la trama, donde se se dan cita persona(je)s como el chico negro que acabamos de ver y que a pesar de ser un tanto prepotente y altivo, resulta ser un buen chico. Es hijo de inmigrantes originarios de Mali, pero a diferencia de sus padres, se ha adaptado bien a la vida occidental y su actitud y pensamiento (en detalles como mantener una relación con una chica parisina blanca, por ejemplo) es más progresista que el de su familia, que culpan a los occidentales blancos" de todos los males que les suceden. Quisiera hacer un apunte a este último dato, el de culpar a otros de nuestros males, porque es algo a lo que somos muy propicios, a excluirnos y marginarnos nosotros mismos y a no asumir nuestros errores y creer que son siempre culpa de otros de la mala suerte.
Otro personaje es un joven francés que viven con su padre en una granja a las afueras de París. El problema de estas dos personas es que el chico, rebelde y muy locuaz, siente que su padre no le quiere ni le valora y por contra, su padre, no se siente capacitado para expresar todo el amor y el cariño que profesa hacia su hijo (cuyas consecuencias paga el ganado). Como vemos aquí y en muchos otros pasajes de la película, el lenguaje, la palabra hablada no es suficiente para que se produzca la comunicación, ya que el granjero podría expresar lo que siente hacia su hijo de muchas maneras, pero como a todos nosotros, le cuesta ser entendido y darse a entender. Y es que adolecemos todos de un mal terrible (uno de tantos), el de la incapacidad de comunicación. Los seres humanos no somos (la gran mayoría, entre los que por suerte no me incluyo) sino personajes perdidos en el gran teatro de la vida que no son capaces de expresar con claridad sus emociones y sólo pueden fingir que se quieren y que saben reírse, cuando en realidad están confundidos y perdidos como niños ciegos en el desierto de las relaciones personales (a este respecto es muy enriquecedor la lectura de "La sociedad multitécnica" de Giovanni Sartori).
Tenemos también a María, la inmigrante rumana que decide abandonar su tierra natal y a su familia y amigos para irse a Saint-Germain y tener que mendigar para poder vivir.
Por otro lado tenemos a la que para mi es la protagonista indiscutible, Anne, una actriz muy buena y muy segura en su trabajo, lleno de personajes complejos que borda con perfección, pero muy insegura en su vida personal (como la escena del metro, donde más pareciera una niña indefensa que una mujer decidida).
Respecto a Anne, hay una secuencia muy curiosa (una de muchas) en la que la vemos en la piscina jugando con un hombre y un niño. Esta secuencia tiene una magia especial, porque es totalmente intemporal. No sabemos si pertenece al pasado o al futuro de su vida, ya que es una escena que no podemos ubicar en ningún contexto del resto de la historia que Haneke nos presenta.
Y como contrapunto de Anne, tenemos a George, un fotógrafo (de guerra principalmente) que aparece y desaparece de su vida cuando le viene en gana.
La película, una difícil y contundente propuesta fílmica (que hizo que en mi mente resonaran ecos de filmes como "El dulce porvenir" o "El invitado de invierno"), acaba sumida en el caos sonoro de la música ensordecedora que sale de los tambores aporreados por los niños sordomudos. Un ruido siempre presente en nuestras vidas (ruido sonoro y visual) que no nos deja escuchar lo que ocurre a nuestro alrededor y lo que es peor, nos atrapa de tal manera que nos imposibilita escape alguno posible.
Uno de los temas que aquí se trata, en el personaje de Anne y su trabajo principalmente, es el de la ficción en la ficción (de hecho una de las películas que representa se llama “La coleccionista”, en referencia a “El coleccionista” de William Wyler, al que Haneke ha homenajeado en alguna ocasión).
Este fue un tema que apasionó a Pasolini durante años, llegando a realizar intensos y acertados estudios al respecto (y al plano-secuencia) y algunos cineastas como David Lynch han llevado hasta el extremo en ese experimento fílmico de difícil catalogazión que es “Inland Empire” y que ya hiciese años, aunque más sutilmente, Orson Welles en su obra de referencia “Ciudadano Kane”.
En esta dualidad de realidad y ficción, nos encontramos de pronto con una Anne que pasa de estar en la calle a estar secuestrada y hablándonos de manera desesperada a la cámara, con una fuerza tal que nos olvidamos de que todo es mentira y nos transporta la mente hasta los momentos más angustiosos de “Funny Games”.
Las películas de ficción representan lo imaginado, pero si descomponemos este proceso se pueden advertir que está formada por dos partes, la de los actores que interpretan su papel y la de la propia película al proyectarse, por lo que el cine es dos veces irreal (ficción dentro de la ficción), por la historia que nos cuenta y por la forma interpretada de lo que se nos narra. Es por ello que Haneke busca toda la realidad posible en sus trabajos, porque sabe que parte con desventaja hacia nosotros, sabe que su premisa ya es engañosa desde su concepción.
El problema de que no nos entendamos entre nosotros no es, creo yo, que hablemos idiomas distintos sino que no sabemos bien qué decirnos y cuando nos atrevemos a hablar de verdad, no a soltar palabras sin sentido porque sí, nos encontramos con que la otra persona ni sabe escucharnos ni tan siquiera quiere oír lo que le vamos a contar, por lo que, como se suele decir, no sólo no se puede sino que además es imposible...


Ficha técnica:
TÍTULO ORIGINAL Code Inconnu / AÑO 2000 /DURACIÓN 107 min. / DIRECTOR Michael Haneke / GUIÓN Michael Haneke /MÚSICA Giba Gonçalves /FOTOGRAFÍA Jürgen Jürges / REPARTO Juliette Binoche, Thierry Neuvic, Josef Bierbichler, Ona Lu Yenke, Luminita Gheorghiu, Arsinée Khanjian, Alexandre Hamidi, Helene Diarra



Siguiente: "La pianista"

domingo, 17 de enero de 2010

Estudio Michael Haneke (7): "La cinta blanca" (o sembrando vientos y recogiendo tempestades)



Aprovechando que el viernes se estrenó en nuestro país la última y laureada película de Michael Haneke, me voy a saltar el orden cronológico de su filmografía y les dejo aquí mi reseña de este soberbio film, este complicado drama que se adhesiona al cerebro más que a los sentimientos (comentario redactado ex-profeso para la revista electrónica Revista Fantastique que podrán leer allí mañana mismo, que ya les pondré el enlace, junto a un dossier sobre Haneke que también postearán).
Espero que si no la han visto ya (y les apetece hacerlo) puedan verla pronto y me comenten sus impresiones que, como suele ser norma habitual en ustedes, tienen que ser de lo más interesantes y aportadoras de ideas.

Señoras, señores, digámoslo desde ya: Michael Haneke es un genio absoluto (injustamente olvidado por público y gran parte de la crítica que, por cierto, ahora seguro idolatrarán únicamente por la Palma de Oro de Cannes y el Premio del Cine Europeo que ha conseguido esta cinta, sin tan siquiera molestarse en bucear en el inmenso océano de Cine que tiene en su haber); así que tenemos que ir haciéndole hueco en ese altar del cine europeo en el que están (por méritos propios, por supuesto) cineastas como Bresson, Bergman o Tartovsky, porque lo que este director nos regala con este film, es una auténtica, brillante y genuina obra de arte cinematográfica sin discusión alguna posible. Y es que "Das Weisse Band" está "condenada" a convertirse en una película que pasará a la historia como una de los mejores de este siglo, porque es la primera obra maestra de esta década que acabamos de comenzar.

Antes de nada, me van a permitir que hablemos un poco del mal, ya que es un concepto que sobrevuela toda la película de principio a fin, acompañando a cada sombra (que parecen tener vida propia, como las de Dreyer y su "Vampyr") y a cada personaje que aparecen en pantalla.
El mal, para el filósofo y teólogo Santo Tomás de Aquino, uno de sus principales estudiosos, consistía en la ausencia del bien que le debe corresponder a un ser cualquiera (como para el escritor Ted Chiang, en uno de sus exquisitos relatos, "El Infierno es la ausencia de Dios"). El mal como tal es algo impreciso, no tiene una forma determinada ni es tangible y además cada uno de nosotros tiene un concepto de maldad diferente a los demás; la perspectiva de lo que es maldad varía, también, según la educación de cada individuo y según el contexto histórico en el que nos encontremos (porque en la película, por ejemplo, hay muchos ejemplos de maldad, que quedan relegados a la nada en cuando estalla la Primera Guerra Mundial, que es un suceso de muchísima más magnitud y más catastrófico que hace que el valor de la perversidad cambie). Hoy en día, ante la visión del mundo que nos rodea, el concepto de maldad en sí se ha esfumado y es más impreciso que nunca porque ya no somos casi capaces de distinguir entre lo que es aceptable y lo que no lo es, tal es la cantidad de aberraciones que vemos y lo insensibles que nos estamos volviendo... aunque si tuviéramos que representarlo gráficamente, sin duda la verdadera imagen del mal es la del hombre, ese ser erróneamente llamado humano.

En 1933, la noche del 27 de febrero, en Berlin tuvo un lugar un suceso que tendría una vital importancia para el devenir de la consolidación del Régimen Nazi en Alemania. Estamos hablando del incendio del Reichstag, la sede oficial del parlamento alemán. La investigación determinó que el fuego había sido provocado y los nazis acusaron del "atentado" al ex-comunista holandés Marinus Van Der Lubbe (que fue declarado inocente tiempo después) que se encontraba en las inmediaciones del edificio, por lo que se dedicaron a apresar a todos los líderes del partido comunista que había en la ciudad berlinesa (entre ellos a Georgi Dimitrov, Vasil Tanev y Blagoi Popov). Al día siguiente, Adolf Hitler declaró el estado de emergencia e instó al presidente Paul von Hindenburg a abolir gran cantidad de derechos humanos de la Constitución de Weimar.
En definitiva, un suceso político que abolió la democracia existente de una manera legal (y sustituirla por una Ley Habilitante), repleto de incógnitas e interrogantes y que únicamente benefició al partido nazi (máxime si tenemos en cuenta que poco antes, Hitler había solicitado, infructuosamente, la disolución del Reichstag para aumentar el número de escaños nazis).

En un principio este proyecto iba a ver la luz bajo el nombre de "La mano derecha de Dios", en clara alusión a la mano ejecutora que condena y castiga a los pecadores por los actos que se oponen a las leyes establecidas en los Mandamientos, pero finalmente acabó convirtiéndose en "La cinta blanca", en referencia a la inocencia y pureza que se le presupone a la infancia. También fue concebida, en su génesis, unos diez años atrás, como una serie de televisión de tres episodios (que, "curiosamente", no encontró financiación ni hueco en la "siempre interesante" programación de la parrilla televisiva) pero en un proceso de mutación sin precedentes, ha acabado convirtiéndose en esta parábola socio política del carácter alemán nacional y del germen del fascismo que acontece 20 años antes de lo expuesto en el párrafo anterior en una idílica y tranquila zona rural protestante de la Alemania Guillermina, donde la violencia, el abuso, la represión, la rabia, las mentiras, la desconfianza, la tensión y la maldad del alma humana convertirán un relato que parece un bucólico recuerdo campestre en una auténtica pesadilla de puro terror mundial.
"La cinta blanca" es un viaje iniciático para los espectadores, e incluso para los propios protagonistas, a las entrañas del infierno fascista, a lo más oscuro de nuestro comportamiento y raciocinio, donde seremos testigos de cómo en una comunidad donde todo parece perfecto van a sucederse una serie de desdichados acontecimientos que dejaran a la luz la verdadera cara de unos ciudadanos que no son tan entrañables ni apacibles como hacen creer a sus vecinos y que son incapaces de interrelacionarse entre ellos y de olvidar las diferencias que les separan. Una sucesión de hechos que tienen a los niños del pueblo como protagonistas (bien como sufridores, bien como ejecutores) y es que sobre ellos, más que sobre nadie, caerán las consecuencias de lo que ocurra, quedándose marcadas a fuego en su mente y su alma esas vivencias y experiencias que (tal vez) dejarán salir a flote cuando sean mayores (poniendo de relieve esa teoría psiquiátrica que dice que uno repite los hechos que sus padres han realizado con él, ya que lo que vives de niño te marca de adulto, inevitablemente).
Pero no nos engañemos, Haneke no habla únicamente de nazismo, no, eso sería demasiado fácil, lo que el director nos inculca también es su consabida visión de la violencia, una violencia contenida y latente que alcanza aquí cotas de paroxismo mental similares a las que encontraremos en "Funny Games" (aunque allí se nos muestran las consecuencias de lo que aquí va moldeando el carácter de los niños). Haneke trata de advertirnos con todo esto de las consecuencias que acarrea la barbarie y la represión (física y/o moral) ejercida sobre la vida de los demás, de cómo un estado totalitarista (sea ese totalitarismo social, político o religioso), donde los valores están sujetos a normas y restricciones jerarquizadas pre-establecidas, puede dar cabida a la mayor de las perversidades, y eso, mis queridos amigos, es extrapolable a cualquier rincón del mundo, créanme, porque algunas veces, nos empeñamos tanto en conseguir algo, que lo que obtenemos es justamente lo contrario.
La película, de una calidad formal abrumadora y de la que no voy a contar nada para no quitarles el placer de que sean ustedes mismos los que vayan descubriendo todos los detalles, comienza con un fundido en negro que poco a poco va aclarándose para dejar paso a un paisaje campestre, como si un lejano recuerdo fuese viniendo a nuestra memoria desde el rincón más alejado de nuestro cerebro. Ya desde la pantalla negra, Haneke, a través de la voz del profesor de la escuela que actúa como narrador en off (una voz extraña que tiene la capacidad de producir distanciamiento en el espectador, poniendo un carácter brechtiano en ello), nos advierte que lo que vamos a ver no tiene por qué ser del todo verdad, o que los hechos no tuvieron que acaecer exactamente así, ya que es algo que se cuenta en parte de oídas y suposiciones y, además, es algo bastante lejano en el tiempo (y todos sabemos cómo los recuerdos van variando en nuestra mente según pasan los años llegando un momento en el que incluso dudamos de su veracidad).

Rodada en un glorioso, hipnótico, deslumbrante y sugerente blanco y negro (hay que felicitar unánimemente al director de fotografía Christian Berger por su soberbia labor que en nada tiene que envidiar a la de Dreyer y que supera en mucho a su grandísima labor en "La lista de Schindler"). El hecho de que Haneke se haya decantado por la ausencia de color en la textura de los fotogramas se debe a dos factores: primero, que todas las fotos y las imágenes de cine que tenemos de aquella época, todos los testimonios históricos, son en blanco y negro y segundo, que nuestra mente recuerda en ese color.
También hay que ensalzar el trabajo de los encargados de vestuario y escenificación, ya que el pueblo, los actores, los gestos de estos, sus ropas, sus casas, sus sentimientos... todo parece haberse sacado de esa época exclusivamente para ser grabado, como si un pintor flamenco se hubiese encargado de esta labor.
Además de la ausencia de colores, una de las cosas que más me ha inquietado del apartado técnico, fue la no presencia de banda sonora, algo que aún siendo habitual en los trabajos de Haneke, aquí cobra especial relevancia y dotan a este macabro cuento rural de un halo de terror y asfixia superior al de cualquier film de género.
Otro componente que debemos tener en cuenta es el carácter brechtiano de la película, siempre presente en la obra de Haneke, y que ha de aplicarse aquí al espectador y a su forma de unir las piezas, ya que sólo así, desde la distancia que nos dan las imágenes y las interpretaciones, podemos llegar a entender el film y despejar gran parte de las incógnitas y dudas que nos suscita, porque es inevitable que nuestra cabeza se llene de preguntas una vez acabada la cinta (nunca mejor dicho).

Si, como ya he dicho en alguna ocasión, hablar de Haneke nos conduce a los filmes de Bresson, Bergman o, sobre todo, Antonioni, en este punto tenemos una serie de películas que actúan de claro referente para la de Haneke.
Mientras vemos "La cinta blanca", nos llegan ecos de largometrajes tan dispares en apariencia como "The village of de Damned" (versión Rilla, por supuesto y no esa deleznable memez de Carpenter), por la presencia de angelicales infantes cargados de maldad y rabia; "Escenas de caza en la Baja Baviera" (Peter Fleischman), por su carácter de opresión y persecución en un pequeño pueblecito; "El Decálogo" de Kiewlowsky, por la moralidad y los quebrantamientos de los mandatos divinos; o "El huevo de la serpiente" (Ingmar Bergman) por su nada velada crítica al surgimiento del nazismo.

Hay un libro, uno que mi mujer me recomendó con ferviente interés, de Ursula Hegi titulado "Las piedras del río", en él se narra la vida de una comunidad alemana que sufre los horrores de la Guerra y ve cómo los que hasta ayer eran amigos hoy son enemigos y que cuando todo termina y vuelve la supuesta normalidad, parece haber un pacto no escrito y silencioso en el que todos deciden actuar como si nada hubiese pasado y olvidar todo cuanto ha sucedido, como ocurre en esta película, donde es mejor cubrir una vergüenza con otra aún mayor. Siempre me ha horrorizado, tal vez porque soy demasiado rencoroso, esa capacidad de muchas personas de olvidar de un día para otro las afrentas y vejaciones que han sufrido o han cometido, dejándose llevar por la rueda de la vida y fingiendo que su corazón y su alma no están hechas añicos.

Hay escenas que no podremos jamás borrar de nuestra mente, como la del rostro ensangrentado del niño, la del pastor azotando a dos de sus hijos, la del final del granero, o la del descubrimiento de un abuso sexual... escenas de horror puro y cotidiano que no son sino semillas del mal que está por llegar en un futuro no muy lejano... y es aquí donde aflora mi sentimiento de intranquilidad porque, ¿saben qué?, desde que vi esta película, no puedo evitar asomarme al balcón de mi casa, ver a los niños jugando en el parque de enfrente, montando sus grupos acotados y por mi mente pasa la idea de que quién sabe el germen de qué se estará gestando ahora mismo en sus tiernas y diabólicas mentes y hacia donde nos llevaran sus ideas (locas o cuerdas)... Y no puedo reprimir que un escalofrío recorra mi espalda mientras oigo sus inocentes risas y sus salvajes gritos de fondo...

Ficha técnica:
Título: La cinta blanca / Título original: Das weiße band / Dirección: Michael Haneke /
País: Francia, Alemania, Austria / Año: 2009 / Duración: 150 min. / Género: Drama, Bélico /Reparto: Ulrich Tukur, Susanne Lothar, Josef Bierbichler, Burghart Klaußner, Marisa Growaldt, Janina Fautz, Michael Kranz, Jadea Mercedes Diaz, Michael Schenk, Steffi Kühnert, Sebastian Hülk, Anne-Kathrin Gummich, Ursina Lardi, Leonard Proxauf, Leonie Benesch, Christian Friedel, Theo Trebs, Maria-Victoria Dragus, Lilli Trebs, Enno Trebs, Kai-Peter Malina, Vincent Krüger, Paraschiva Dragus, Aaron Denkel, Sara Schivazappa, Levin Henning, Ole Joensson, Leonard Boes, Marvin Ray Spey, Hanus Polak Jr.


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Más información sobre "La cinta blanca" en:
El blog de Scotty
Videa bien hermanito
Cinexim




miércoles, 13 de enero de 2010

Estudio Michael Haneke (6):El Castillo (o perdido en la fortaleza)


"Ya era de noche cuando K llegó".
(Franz Kafka)
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Sinceramente, creo que sólo hay dos directores de cine que serían capaces de reflejar a la perfección el espíritu que Kafka ponía en sus libros y relatos. Uno es David Cronenberg (moriría por ver una adaptación suya de "La Metamorfosis", por ejemplo) y el otro es, lógicamente, Michael Haneke.

“Das Schloß” (1997) es la obra más atípica de toda la filmografía de Michael Haneke, un rara avis pensado para la televisión que aparece en su currículum como un oasis extraño en medio del desierto. 
Hay que reconocer que a pesar de no tratarse de una lectura ligera ni fácil, ni tan siquiera cómoda, "El Castillo" tiene algo (como "Amerika") que te atrapa sin remisión, de hecho, el mismísimo Orson Welles estuvo durante mucho tiempo empeñado en adaptarla al cine, pero tras muchas presiones (de los hermanos Salkind según dicen los entendidos) se decidió por "El proceso" que, si bien es una película notable, la de Haneke es una adaptación mucho mejor conseguida, de hecho es casi literal, y consigue adueñarse a la perfección en cada fotograma de ese duro espíritu kafkiano para mostrarnos a la perfección la imposibilidad que tiene el ser humano para lograr adaptarse a un entorno (nuevo) que no entiende y que además no se deja entender.
La película comienza con K. llegando al pueblo y entrando en la taberna. La gente está bebiendo, suena música de fondo, el camarero le recibe con cierta cordialidad... todo parece normal pero, si nos fijamos, podemos advertir un ambiente enrarecido en la atmósfera, algo que no se ve pero que parece asfixiarnos, como si el aire de la estancia estuviese contaminado por una radiación atómica.
Esa sensación de intranquilidad se hace presente cuando entra en escena el hijo del alcalde, que se dirige hacia K. y lo saca del aletargamiento en el que  está por culpa del cansancio y del alcohol. Nos puede parecer que esta escena carece de una violencia muy exacerbada, pero lo cierto es que no dejar dormir a una persona cuando tiene sueño de muy cruel (de hecho este método utilizado por  ciertas autoridades para conseguir información de los detenidos). Le pide la documentación y tras llamar al castillo, se dirige hacia K. y le dice que es un impostor y no tiene permiso para deambular por el castillo. Cuando la integridad de K. parece peligrar, vuelve a sonar el teléfono y le comunican al hijo del alcalde que K. es el nuevo agrimensor.
A partir de este punto, K. descubrirá que es y será siempre un extraño, alguien que proviene del mundo exterior y Haneke, con la maestría que tiene tras la cámara, nos irá mostrando esa sensación de agobio, de no encajar y de incomodidad que rodea a K. y al ambiente en el que le ha tocado vivir, con el uso de plano-contraplano y los interludios en negro que ya usara en "El séptimo continente" y una elipsis temporales, que sin ser tan extremas como en el libro, sí que son bastante rompedoras. K. es una persona perdida en ese mundo de locos, de leyes restrictivas y donde hay que mirar por dónde se pisa para no resbalar (en clara metáfora a los pasos que debemos dar en la vida) y caer en picado hacia lo más oscuro de la desilusión y del absurdo burocrático. 
"El Castillo", el libro del checo Franz Kafka, que se inspiró en la novela "La abuela" de Bozena Nemkobá, es una obra muy densa, confusa en su no conclusión (recordemos que debido al prematuro fallecimiento del escritor), casi claustrofóbica, desalentadora, y en algunos pasajes incluso deprimente, pero aún así goza de un hipnótico poder que nos hace encontrarla una novela bella en su tristeza, hemosa en su desesperación... 
...Y Haneke ha sabido captarlo perfectamente, pero aún así, a pesar de ser la más fiel adaptación de un libro de Kafka que se ha realizado, es, también, la más floja de las películas que he podido ver de Haneke, que adolece en algunos apartados de cierta pesadez y lentitud heredades de la novela. Haneke sabe muy bien transmitirnos ese miedo que impregna el onírico y simbológico libro, y es capaz de analizar y reflexionar sobre los límites que puede alcanzar el lenguaje y la comunicación (algo que será primordial en su siguiente trabajo, "Código desconocido") y hace un muy buen ejercicio de mutación del texto escrito y leído en imágenes vistas y escuchadas.
Mención aparte tiene el uso de las sombras y las escasas luces, que me recordó a ciertas películas del expresionismo alemán como, por ejemplo,  "El último" (1927) de Murnau.
No hay mucho más que decir sobre esta obra menor, que he incluído aquí, a pesar de ser un film para televisión,  porque está disponible en nuestro país (editada por Cameo), salvo que no recomiendo a nadie comenzar con Haneke por esta película, porque posiblemente será  la última que vean del director. Y eso sería una lástima para ellos.
Decir, para ir terminando, que ese final que caracteriza a la historia, abrupto y atípico, es tan poco esclarecedor como lo será tiempo después el de "Caché" (no en vano, al igual que en el libro, la película de Haneke acaba en mitad de la frase de uno de los protagonistas), lo cual produce cierta incomodidad y hasta desilusión en un espectador futilmente esperanzado, que está acostumbrado a la normalidad y a los finales claros y felices.
Y aquí, desde lo alto del torreón que corona mi viejo y destartalado castillo, escribo este post mientras allá abajo, en las calles y barriadas, el extraño y convulso Mundo me busca para invitarme a que forme parte de él, ¿pero saben qué les digo, queridos discípulos?, que pienso cerrar bien la puerta y las ventanas porque en mi Castillo estoy seguro y feliz. 
Y en él, mando yo (después de mi Señora, claro está).
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Ficha técnica: 
Título original:  Das Schloß  / Año 1997 / Dirección y Guión: Michael Haneke /
Fotografía: Jiri Stibr / 124 minutos / Intérpretes: Susanne Lothar, Ulrich Mühe, Frank Giering, Felix Eitner, Nikolaus Paryla, André Eisermann, Dörte Lissevsky 
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viernes, 8 de enero de 2010

Cortometrajes de Tim Burton (o pidiendo disculpas con sobornos)


Pues resulta, miren ustedes qué cosas, que este año ha comenzado movidito (en el buen sentido, entiéndanme) a nivel cinematográfico para mi. Se supone que hoy debería colgar un nuevo post sobre "El Castillo" de Michael Haneke, pero no lo tengo preparado.

Lo siento. Les he fallado.

¿El motivo? (que les voy a contar aunque no sé si les interesa) que la página de cine Revista Fantastique (con quien voy a colaborar gracias a la recomendación de Fran Ortiz del estupendo blog "Abandonad toda esperanza" ) me ha pedido que colabore con ellos regularmente y que empiece, cómo no, con un dossier de Haneke y una reseña de su última película "La cinta Blanca" (que les enlazaré aquí la próxima semana para que la puedan leer), amén de que me encuentro también haciendo una serie de reseñas de películas de David Lynch para la futura revista "Caltiki", así que mi limitado tiempo libre se ha visto copado por estos (afortunados) hechos y me he retrasado en mi planificación.Les prometo que la próxima semana recobraremos el ritmo normal (con un par de actualizaciones por semana) y para compensarles este agravio por mi parte, y ante la aproximación del estreno de lo último de Tim Burton, les dejo, como un regalo de Reyes tardío, dos de sus primeros y alabados cortometrajes, "Vincent" y "Frankenweniee".

Disculpas y disfrútenlos.


Vincent

Frankenwennie






domingo, 3 de enero de 2010

Estudio Michael Haneke (5): Funny Games (o juegos dobles nada educativos)



"Es una hipocresía aguantar hasta el final y criticar después el film diciendo que no se pueden hacer estas cosas. En ese caso todo el mundo debería tener apagada la televisión"
(Michael Haneke)

Al igual que Takeshi Kitano necesitó de "Hana-Bi" para que su talento comenzara a ser reconocido a nivel mundial, Haneke se valió de "Funny Games" y la absurda polémica que rodeó al film, para que algunos comenzaran a mostrar algo de interés por él (un interés bastante escaso y nada justo con uno de los mejores directores del momento y al que ahora todos ensalzan por su inconmensurable trabajo en "El lazo Blanco"); y digo absurda polémica porque muchos han tildado a la película de fascista y ultraviolenta (calificaciones inapropiadas e idénticas a las que recibió esa obra maestra del cambio de milenio que es "El club de la lucha") cuando es todo lo contrario, una denuncia, un aviso, a una civilización que vive por y para la violencia.
En palabras del propio Michael Haneke, "la violencia está en todas mis películas, sí, pero no como espectáculo" y es que el cineasta nos enseña la violencia (más bien nos la sugiere y nuestra mente la recrea) representada, para que nosotros seamos los que nos cuestionemos cómo de arraigada, como ya he comentado en posts anteriores, está en nuestras vidas y es que su presencia alcanza cotas casi pornográficas en unos medios de comunicación manipuladores,cínicos y pretenciosos.
Alguien me ha comentado en alguna ocasión que le ha parecido una salvajada (pero ha aguantado hasta el final, eso sí) y yo me pregunto ¿salvajada?, entonces, ¿qué es lo que ve cada uno de nosotros todos los días en la televisión?, ¿no es acaso una salvajada ver a gente contando sus miserias, "prostituyéndose" por una efímera fama y unos cuantos euros, ver cómo fundamentalistas hacen estallar sus bombas arrasando con lo que tienen a su paso y filmado con todo lujo de detalles, o la persona que mata a su pareja porque le ha dejado?... ¡Eso sí es una salvajada y no esto!, que al final no deja de ser una película, dura, sí, muy dura y que te revuelve las entrañas en ciertos momentos, pero no es real (aunque tal vez, y ahí radique el problema, para muchos tampoco es real nada de lo expuesto unas líneas más arriba, con lo cual para ellos las dos cosas se miden bajo el mismo rasero), o es que la inmediatez de la violencia televisiva está justificada para y es permisible para sustentar intereses ideológicos y/o políticos...


También me hace mucha "gracia" que se catalogue a esta película de apología de la violencia, sin tan siquiera haberla visto o sin haberse molestado en analizar los por qués de todo cuanto sucede en ella. Y digo que me hace gracia, porque a Haneke se le critica por no mostrarnos (casi) nada violento físicamente hablando (sino sugerirlo) y a películas consagradas en la historia del cine, como las que voy a citar a continuación, se les considera pilares fundamentales de la industria (que lo son en su mayoría), de culto o adelantadas a su tiempo; a saber: "A sangre fría" de Richard Brooks (que por cierto, y a colación de esto, os invito a pasar por el blog de DVD, que está realizando un especial sobre Truman Capote muy interesante) y que sin duda sería un referente para el trabajo de Haneke en esta película, como también lo son "Horas desesperadas" de William Wyler, en lo referente a la "intrusión", "Perros de Paja" de Peckinpah, por el estado de violencia "in crescendo" y "La naranja mecánica" de Kubrick, en lo referente a una juventud salvaje y descontrolada que hace lo que le apetece.
¿Acaso es más violento el film de Haneke que la escena final de "Bonnie and Clyde" de Arthur Penn?, o ¿tal vez es Haneke más violento, fílmicamente hablando, que aquellos directores de la conocida por "generación de la violencia" que fueron Aldrich, Peckinpah, Fleischer, Ray, Brooks, Fuller o Mann a los que desde revistas prestigiosas como "Cahiers du cinema" se les consideraba héroes de la transgresión?. Como ellos, Haneke muestra interés en manifestar las diferentes formas de la violencia, tanto social, individual como institucionalmente, volcándose, eso sí, más hacia la violencia moral que a la física.

Según algunos estudiosos del tema de la violencia, hay dos clases de asumir la misma, la catártica y la mimética.
La primera, la catártica, es la que plantea la violencia contemplada como un ejercicio de liberación de la bestia que llevamos dentro (como en las salas de "odio" de la novela de George Orwell "1984"), haciendo que todo el salvajismo que observamos haga que nuestra furia interior sea calmada y se disipe. Yo, personalmente, no estoy para nada de acuerdo con esta postura, ni mucho menos.
La segunda de ellas, la mimética, es aquella en la que los mensajes audiovisuales que nos llegan diariamente por diversos medios, influyen en nuestro propio comportamiento y forma de pensar, incitándonos a cometer los mismos actos que vemos.
Cierto es que esta generación está expuesta a ingentes cantidades de violencia y crueldad (ya sea en el cine, en la televisión, en nuestra cotidianeidad, el arte, los medios de comunicación o en los videojuegos). Esto plantea la problemática de no saber cómo van a influir estos factores externos en su comportamiento futuro, en si nos vamos a convertir en seres sin sensibilidad ante los horrores que nos rodean, o si vamos a ser capaces de resolver conflictos sin necesidad de recurrir a la violencia, con lo que convertiríamos el mundo ya no en un lugar más peligroso de lo que es, sino, y esto es más grave si cabe, más indefenso de lo que ya está ante futuros ataques de ira, soberbia y egocentrismo.

Comentar una película y otra por separado, cosa que no voy a hacer, no tiene sentido alguno, ya que ambos films son el mismo, por lo que tampoco vendría a cuento hablar de remake porque no lo es en absoluto (y no me digan que es lo mismo que (des)hizo Gus Van Sant con "Psicosis" de mi admiradísimo Alfred Hitchock, porque por ahí no paso, que son cosas diferentes y mucho) es la misma mirada a un trabajo anterior, como hicieran William Wyler con "La calumnia" (1961) y "Esos tres" (1937) o De Mille con "Los 10 mandamientos" en 1923 y en 1956. Varían los actores (personalmente creo que Susanne Lothar está mucho mejor en su papel que Naomi Watts, a pesar de que esta última realiza su mejor trabajo junto al desempeñado en "Mulholland Drive", igual que hay que dcir que Michael Pitt está mejor que Arno Frisch), los exteriores son diferentes, pero por lo demás, casi todos los diálogos son idénticos y los planos, las secuencias y la planificación son casi calcadas en las dos versiones (aunque yo, como ya he dicho, me quedo con el ambiente enrarecido de la primera versión).

Hay quien asegura que Haneke no se ha arriesgado nada en su primera incursión en el cine norteamericano, pero yo creo que todo lo contrario, porque, y díganme si me equivoco, ¿no es arriesgado llevar a un público como el americano un tipo de cine al que no están acostumbrados como es el europeo con sus tiempos, texturas y formas narrativas?, ¿no es arriesgado a caso obligarles a ver una versión idéntica de algo que no querían ver si no era con actores conocidos por ellos?... Riesgo hay y mucho por parte de Haneke, que sigue fiel a su mensaje y a su forma de hacérnoslo llegar, porque debe pensar que los remakes están de más (como creo yo) y si no puedes mejorar al original (como hizo, por ejemplo, David Cronenberg con "The Fly"), mejor deja las cosas como las has encontrado (o hecho en un primer momento, como en este caso).


El film, que vuelve a tener su génesis en la incomprensión que debe suscitarnos (y no lo hace) una noticia más de las que pueblan el variopinto territorio de los "mass media" (aquella que nos narraba los crímenes perpetrados por una serie de jóvenes de clase media-alta por puro placer y aburrimiento, como sucedía en "El video de Benny"), comienza........

...Con un plano cenital en el que vemos un coche circulando por una carretera rodeada de verdes bosques. En el interior del vehículo nos encontramos a una familia burguesa compuesta por una mujer y un hombre de mediana edad y su hijo, que están jugando a adivinar qué obra de música clásica está sonando en el reproductor (vemos que desde el comienzo, el concepto de juego está más que presente); de repente, y sin esperarlo, la armonía en la que se encuentran los miembros de la familia se ve truncada por una ensordecedora e infernal música que hace irrupción para avisarnos de lo que está por venir, para decirnos que en la apacible existencia de esta gente va a sufrir la invasión de un “ente” ajeno a ellos y que va a desestabilizar su feliz visión de la vida (la imagen que nos ofrece Haneke de la familia, en primer plano,imperturbable, mientras suena la música de John Zorn y aparece el título de la película impreso en pantalla con las letras rojo sangre, produce desasosiego hasta límites insospechados).
Vemos cómo el coche se detiene frente a una verja de una casa (las verjas vuelven a aparecer en el cine de Haneke como delimitador de mundos y realidades, y será una constante que no abandonará en toda su carrera). Vemos un plano general de la casa con jardín y unas cuantas personas en el mismo jugando al golf. Anna y Georg (nuevamente esos nombres) hablan con sus vecinos desde la distancia y se percibe cierta frialdad en su comportamiento, como si hubiese algo extraño alrededor de ellos.
La familia protagonista (que por cierto no está para nada desarrollada su personalidad ni se profundiza en ella, lo que hace que la veamos como una familia cualquiera, que bien podría ser la nuestra) llega hasta su propiedad y comienza a desempaquetar lo que llevan en el coche. Al poco llega uno de los vecinos acompañado de un joven desconocido para nuestro matrimonio, Paul, al que presenta como hijo de un amigo suyo. Ante su presencia, el perro (que ya estaba en la casa) no para de ladrar, lo cual nos advierte nuevamente de que hay algo que no va bien. Paul es una persona cargada de ironía en todo lo que dice y su comportamiento se observa extraño cuanto menos y su mirada está estudiando a la familia y su entorno.
Peter, el amigo de Paul, no tardará en hacer acto de aparición. Llega a la casa con la excusa de pedir unos huevos para la mujer de su vecino. Peter se ve un personaje “bobalicón”, regordete y bien podría pensarse que Paul y Peter tienen la apariencia de un dúo cómico o de dibujos animados (más adelante veremos ese homenaje cartoon en la escena en la que Paul rebobina lo hecho por Anne como en una película de video) si no fuese porque sus actos no tienen nada de divertido. Ambos visten de un blanco impoluto, como los personajes de “La naranja mecánica”. Fuera de plano, los huevos se rompen y Anna vuelve a entrar en la cocina para darle otros, mientras Peter echa un vistazo a la casa, dejando más claras aún sus intenciones y más aún cuando se deshace del teléfono familiar de manera muy sutil (como en las grandes películas de terror, que el villano lo primero que hace es cortar la línea de teléfono)...
...Y hasta aquí voy a contar para que cada uno la "sufra" en su casa por sí mismo.
Cuando uno acaba la desasosegante película es plenamente consciente que no ha visto un simple thriller de horror, no, sino que la sensación que queda, ese regusto amargo como a comida quemada que se instala en nuestro paladar y que no se nos va fácilmente, nos dice que lo espantoso no son los asesinatos en sí que hemos visto y tolerado, que también, lo verdaderamente horrible es que puede (y es) ser verídico y además los asesinos no se guían por ningún canon o mandamientos que cumplir, el caos reina en sus acciones y carecen de reglas a seguir o barreras que limiten sus actos de barbarie y salvajismo... algo que también parece ser la tónica general en nuestra cotidianeidad y realidad, o no me digan que no les asusta la idea de que unos extraños se adueñen de su vida y, como gente real que somos, no sepamos defendernos de ello.
Pero lo que verdaderamente "cabrea" y enfada al manipulable espectador es la forma en la que Haneke juega con él. A nadie le gusta que se rían de él (o ella), cosa que el cineasta hace con nosotros continuamente en este film, rompiendo la "cuarta pared" (como cuando uno de los personajes mira a la cámara de forma Bergmaniana y nos hace cómplices de las atrocidades que está cometiendo (para mi es más violento la forma en la que la protagonista es obligada a desvestirse que otras muchas escenas), cómplices de todo por el simple hecho de decidir quedarnos para ver, como vouyeurs malsanos e hipócritas, si llega ese imposible final feliz que sabemos imposible desde el primer momento), haciéndonos creer en sucesos redentores, para que nos llenemos de esperanza y luego arrebatárnosla de golpe deshaciendo lo que estaba hecho (basta con ver la contradicción de sentimientos que se agolpan en nuestro interior cuando uno de los dos jóvenes muere y vuelve nuevamente a la vida como si de un cartoon macabro se tratase, como si el mal controlase el continuo espacio-tiempo a su antojo) y haciéndonos sentir el duro y lento paso de los minutos cuando algo va mal (la escena dilatada en la que la madre está en el suelo, frente a la televisión salpicada de sangre de su hijo muerto es simplemente angustiosa e infinita, plasmando magistralmente cómo el tiempo se magnifica en circunstancias adversas)...

Uy, si me disculpan, les tengo que dejar, que acaban de llamar a la puerta dos jóvenes muy educados que vienen a buscar huevos para el vecino y uno no puede ser descortés con sus semejantes, ¿no creen?.
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Ficha Técnica:
Versión 1997 / Guión y dirección: Michael Haneke / Fotografía: Jürgen Jürges / Intérpretes: Susanne Lothar, Ulrich Mühe, Arno Frisch, Frank Giering, Stephan Clapeynski, Doris Kunstmann, Christoph Bantzer, Wolfgang Glück, Susanne Meneghel, Monika Zallinger.
Versión 2007 / Guión y dirección: Michael Haneke / Fotografía: Darius Khondji / Intérpretes: Naomi Watts, Tim Roth, Michael Pitt, Brady Corber, Devon Gearhart, Boyd Gaynes, Robert Lupone, Linda Moran, Siobhan Fallon.
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Siguiente: "El Castillo"

viernes, 1 de enero de 2010

Las tribulaciones de Lord Kamps: Año nuevo, cine para la posteridad.

Les dejo, mientras termino el post de Funny Games, un nuevo aporte de mi amigo Lord Kamps. Enjoy it!
Estimados bloggers:

Nuevamente al habla Lord Kamps.

Un nuevo año termina e inevitablemente otro empezará. Es el momento de hacer balances y recuentos de lo que ha dado de sí este interesante 2009. A continuación os mostraré las que para mí han sido las 10 mejores películas de este año que hoy se nos acaba. Un año plagado de buen cine, propuestas interesantísimas desde principio a fin. Me voy a permitir incluir en la lista algunas películas que nacieron en 2008 pero que a fin de cuentas no se estrenaron hasta más tarde en nuestro país y por tanto entran también en la selección. Y lo que más pena me da, los descartes... Pero para eso estáis vosotros, de quienes espero aportéis vuestras propias listas.
Un saludo para todos los seguidores de Crowley, el poeta del terror. Os deseo un feliz y próspero año 2010 a todos, y si puede ser ¡con mejor cine aún!


LAS 10 MEJORES PELICULAS DEL 2009

- GRAN TORINO: Injustamente olvidada para los Oscar, con el adiós como actor de uno de los más grandes directores, por todo lo alto.

- SLUMDOG MILLIONAIRE: La arriesgada propuesta que nos cautivó y arrasó con todos los premios sin que nadie lo esperara.

- EL LECTOR: El mejor papel de Kate Winslet en una historia que nos quitó el aliento a todos.

- EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON: Excelente la combinación Fincher-Pitt, una película de esas que se recordará como clásico.

- DEJAME ENTRAR: El auge del buen cine europeo, que mostraba otra visión del tan de moda mundo vampírico.

- RESACON EN LAS VEGAS: Una de las comedias con más sentido y más divertidas del año.

- MALDITOS BASTARDOS: La culminación a una carrera, con un final alternativo a la Historia.

- DISTRITO 9: La gran sorpresa del mundo de la ciencia-ficción.

- CELDA 211: Brutal, agobiante, asfixiante, la mejor película que ha dado nuestro cine este año.

- DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS: Esa fantástica obra de arte para los niños que todavía viven dentro de los adultos que somos.


Otras opciones barajadas: 
Revolutionary Road, The visitor, Watchmen, Star Trek, Los mundos de Coraline, Up, Enemigos públicos, 500 dias juntos, Moon, Bienvenidos a Zombieland, Avatar…

PD: Me permito el lujo de incluir (y estas sí van en orden) las para mí 4 peores películas de 2009...

1 – DRAGON BALL EVOLUTION: Una ofensa mayúscula y una total falta de respeto a todos aquellos para los que fue nuestra serie favorita de la infancia.
2 - CREPUSCULO: Y es que tanto vampiro al final satura, y más si son tan cutres...
3 – JENNIFER’S BODY: Con mal gusto nos intentan vender un par de curvas. La única película en la que me he dormido este 2009.
4 - PUSH: Propuesta poco original, casi imitación de la serie Heroes, con un villano que canta flamenco y todo...

Y no sigo porque si no haría mucha sangre...




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